La revolución de la industria del helado: se cuelan en la categoría gourmet

11:43 - 10/12/2015
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La industria vive una revolución con la aparición de nuevos sabores y conceptos ligados al helado como las yogurterías, con productos bajos en calorías y con su entrada en la alta gastronomía.

De secundarios, casi segundones, a actores principales. Esa es la evolución que los helados han tenido en España durante los últimos años. Aunque su consumo se democratizó en nuestro país entre las décadas de los sesenta y setenta, tanto en los hogares como en la hostelería con sabores, eso sí, muy tradicionales como la fresa, la vainilla y el chocolate, no ha sido hasta este siglo cuando el helado ha iniciado una nueva era.

Una era en la que ha multiplicado sus posibilidades al maridarse con otros alimentos y entrar en la categoría gourmet de nuestra gastronomía, al apostar por una gigantesca lista de distintos sabores, al lanzar una versión más light de sus ingredientes, y al mezclarse con el yogur dando lugar al nacimiento de cadenas, principalmente de franquicias, especializadas en la venta de yogur helado cuyo éxito ha quedado demostrado dentro y fuera de nuestras fronteras.

Década de dificultades

Sin embargo, antes de llegar a esos logros la industria del helado en España ha pasado por décadas de serias dificultades, como la vinculada a la falta de una tecnología que hiciera posible la conservación de sus productos. Algo que ocurría precisamente en la España de la postguerra, pero que no frenó la aparición de una de las grandes marcas de esta industria.

Fue en 1940 cuando Fernando Sintes Pons (nacido en 1919) fundó en Alaior (Menorca) la Estrella; una compañía que cinco años después sería rebautizada con el nombre de La Menorquina y con la que este emprendedor inició la comercialización de sus helados en la isla en los meses de verano. Con el fin de mantener su negocio fuera de la época estival -asociada al consumo del helado en España hasta los años ochenta-, Sintes también elaboraba membrillos, mermeladas y turrones.

Sorteados los primeros años de actividad, La Menorquina se benefició, como gran parte del pueblo de Alaior del capricho de la suerte. Fue allí donde cayó el primer premio de la lotería en 1950, con el que Sintes instalaría una pequeña fábrica industrial de hielos para fabricar helados -con leche, nata, azúcar y yema de huevo- y conservarlos en heladoras un máximo de entre ocho y diez horas. Es ahí cuando Sintes apuesta por comercializar sus helados, que introduce en un remolque con el que, sujeto a la bicicleta, recorre la isla de punta a punta.

Tras compaginar esa etapa con una formación en la Escuela de Pastelería de Madrid y otra en la Escuela de Repostería de Barcelona, Sintes llega a un acuerdo con Frigo -antes que esta se convirtiera en una multinacional- y la empresa Marisa, ambas en Barcelona. Es momento de cambios en esta industria y La Menorquina protagoniza algunos. Uno de ellos es el acuerdo, aún vigente a día de hoy, firmado a finales de los años 50 para distribuir los yogures de Danone en Menorca; otro, fue la compra en 1965 de la empresa de chocolates La Tropical de Mahón.

En ese mismo año, para hacer frente al peso que Frigo, ya convertido en multinacional, tenía en la industria del helado, Fernando Sintes fusiona, tras comprar un paquete accionarial de Helados Marisa, esta con su Menorquina. Un año después, en 1968, la compañía Beatrice Foods -animada por la entrada en vigor de un nuevo código alimentario que regulaba las condiciones higiénicas de la producción del helado en España- se hizo con gran parte de esa empresa fusionada.

Corrían entonces los años en los que el helado comienza a ser el centro de negocios de hostelería, dando lugar a las primeras heladerías, a provocar la aparición de los primeros quioscos, y a colarse en los hogares, gracias a la proliferación y adquisición de los frigoríficos. El helado deja pues de consumirse en verano para colarse en nuestra dieta de todo el año.

Para no perder las oportunidades que le brindan estos cambios, la industria heladera comienza a innovar y lanzar nuevos productos; la compañía que sigue gestionando Sintes apuesta en aquel momento por las frutas heladas. Tras un incendio en sus almacenes frigoríficos, el traslado de su sede a Barcelona y la compra de la división de Kalise en Sevilla, Sintes cede el testigo a su hijo. Tras la desaparición de Beatrice Foods, que tenía gran parte de la empresa de helados y productos lácteos canaria Kalise, Delfín Suárez, que había sido dueño de esta última, la recupera y con ella recupera también La Menorquina. Nace así Kalise Menorquina que acaba de dar otra vuelta de tuerca a la industria al dejar de fabricar helados de marca blanca.


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