
Hollywood vive ya unos años de constantes cambios y adaptación constante a los nuevos modelos de consumo. La forma de hacer cine también cambia y los cachés de los “talentos” también. De hecho, ahora más que nunca las elevadas cifras de los astros están en caída libre y la factura parece estar llegando a los grandes nombres de detrás de las cámaras. Según un artículo de Variety publicado hace unos días la noveles directores, americanos y del resto del mundo, tienen las puertas abiertas en Hollywood.
Robin Hood, de Ridley Scott, no ha sido todo el éxito que se esperaba y el nombre de Jerry Buckheimer de poco le ha servido para Prince of Persia. Los elevados sueldos que están cobrando de algunos directores con nombre propio, como Scott, suele oscilar entre los 8 y los 12M$, ya no tienen cabida dentro de los presupuestos de los grandes proyectos de los Estudios.
Según algunos agentes de estos directores, los proyectos grandes no permiten lo salarios que habían antes y los ejecutivos de las productoras exigen una rebaja del sueldo o buscan a otros nombres. Esto sucede principalmente entre los directores que están en medio, ni son los grandes ni son noveles. Los artesanos como Catherine Hewick, McG o incluso, Sam Raimi, son nombres que están viendo reducir su cartera de proyectos. De hecho, lo más curioso es que muchos de estos directores deben pasar “castings”. Muchos productores y ejecutivos, quieren ver varias propuestas y estudiar los proyectos desde el punto de vista del director. Con esto, Hollywood está centrando sus esfuerzos en encontrar a jóvenes talentos de la publicidad y otros artes para darles sus películas. Estos noveles pueden llegar a tener sueldos de entre 250.000 y 350.000$, sustancialmente menos que los otros. Su frescura es buena y son fáciles de dominar por los Estudios.
Para una producción importante como Oz the Great and Powerful, sus responsables han estado estudiando las propuestas de Adam Shankman (Bedtime Stories y Hairspray), Timour Bejmambetow (Wanted y Los guardianes de la noche) y el mismo Raimi. Finalmente parece que el proyecto podría caer en manos de este último.
Con todo, a los grades nombres no les faltan proyectos ya que muchos de estos, Martin Scorsese, David Fincher o Steven Spielberg, siguen generando un elevado ruido internacional donde suelen tener muy buenas cifras. Mientras Robin Hood apenas supera los 100M$ en el mercado americano en el resto se acerca ya a los 200 millones. Prince acaba de acumular 80M$, mientras que a nivel internacional ha logrado amasar unos buenos 213M$ hasta la fecha.
Además, muchos de estos directores deciden rebajar sustancialmente sus sueldos a cambio de participar en la producción (y beneficios) del film. Al final, muchos estudios tienen una serie de productos con aspiraciones a premios y al prestigio.
La política de recorte toca a todos los pilares de la producción, desde los actores y directores hasta a las escenografía y las localizaciones. Estos segundos siempre se han mirado con lupa, pero ahora los recortes afectan a cambios sustanciales a los guiones, tal y como ha pasado con el cuarto capítulo de la extiosa saga Piratas del Caribe. Las órdenes de los nueves (y televisivos) jefes de producción de Disney indicaron que el presupuesto de 250M$ de Piratas debía readaptarse a una cifra inferior a los 200 millones.
Todos estos cambios no deben verse de forma excesivamente negativa ya que lo que está sucediendo es una adaptación de la maquinaría desmedida que había hasta la fecha. En 10 años la cantidad de producciones con prespuestos de entre 150 y 250M$ se ha disparado de una forma casi inviable. Los Estudios y los productores en general deben apretar el cinturón que llevaban hasta ahora de forma muy holgada.
Pau Brunet