Larga vida al Rioja Gran Reserva

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Los grandes reservas riojanos se han modernizado convirtiéndose en vinos muy sofisticados y seductores.

Los vinos de Rioja Gran Reserva son unos grandes desconocidos, y están  considerados por muchos aficionados como vinos de estilo antiguo. Este tópico carece de fundamento en la actualidad, pues los grandes reservas se han modernizado y se han  convertido en vinos elegantes y pletóricos de fruta, pero con la finura que le aporta la madurez en la barrica de roble y la redondez de la botella, por su vocación de larga vida. Vinos únicos en el mundo, que demuestran la vocación de rioja como vinos de largo recorrido, al alcanzar su larga plenitud a los diez años de ser elaborados.

 

 

 

 

 

Hace una década la mayoría de los grandes reservas eran vinos de color muy evolucionado, fatigados en exceso por su larga permanencia en barricas de roble, muchas veces viejas que le aportaban aromas de humedad, por lo que resultaban muy poco atractivos al consumidor. En opinión de Jaime Bermudez, director de compras de Vinoselección, el principal club de

vinos de España: “afortunadamente hay una reinterpretación del estilo de los grandes reservas por parte de un pequeño grupo de bodegas riojanas, que han sacado el valor positivo de la elegancia y equilibrio de estos vinos de larga vida, con un uso más acertado de la madera, y que respeta más la integridad del vino en su evolución en la botella, que los afina y equilibra, volviéndolos sedosos”.

La renovación de las barricas de roble, y una mayor selección de la uva destinada a Gran Reserva motivaron en gran parte el cambio. Ya no servía cualquier viñedo, pues para alcanzar la profundidad de sabores y el cuerpo necesario de estos vinos, era

imprescindible que la viña tuviera al menos 20 años de edad. Javier Gómez Vivanco, responsable de viticultura de la bodega riojana Ramón Bilbao considera que: “la uva idónea para elaborar un gran reserva es la que tiene una buena concentración de sabor, elevada acidez y gran intensidad de color, y todo ello va a redundar en la buena evolución del vino”.

Un prestigioso elaborador de Haro, Jorge Muga, desmitifica la viña vieja: “yo daría más importancia al suelo donde esta plantada la viña, más que su edad. Deben ser suelos que no sean fértiles, de ladera, con suelos de cascajo y arena. Lo importante es la limitación de la planta en su fertilidad. Una viña vieja en un suelo fértil, de valle, es peor que una de 20 años cultivada en una ladera con suelos pobres”. Y considera que uno de los motivos principales por el que su Prado Enea (Bodegas Muga) es mejor ahora que hace diez años es por la rigurosa vendimia de cada variedad, de forma que empieza por la Tempranillo, cuando está plenamente madura, continua con la Garnacha, y por último vendimia las uvas minoritarias: Graciano y Mazuelo, que tanto ayudan a estabilizar el color de la variedad noble riojana. (El coupage  clásico de este vino es: 70% Tempranillo, 15% Garnacha, y 15% de Graciano y Mazuelo).

Los Rioja Gran Reserva es una categoría de vinos que tienen que madurar por ley dos años en barricas y tres en botella, como mínimo, antes de comercializarse. Esto obliga a que inicialmente tenga mucha potencia. Pero antes eran vinos más abiertos de color, de cuerpo liviano, mientras que los actuales grandes reservas son vinos con más musculo y color. Y es importante destacar que no se elaboran todos los años, tan solo cuando la uva madura perfectamente, y sus vinos son equilibrados con potencial para evolucionar con el tiempo. La clave, nos comenta Roberto Rodríguez, director técnico de Bodegas Palacio (Rioja Alavesa), es el año climático: “se tienen que cumplir bien las estaciones del año: inviernos fríos incluso con nevadas; primaveras lluviosas, veranos secos y solados, y al principio de otoño, antes de la vendimia, tiene que refrescar durante la noche, para que la uva madure bien, ganando en una mayor calidad de aromas”.

Por ejemplo, el Prado Enea Gran Reserva vio la luz las añadas de 2001 y 2004 (ahora en el mercado), pero no la del 2002 (por estar el verano muy nublado), ni en 2003 (por el intenso golpe de calor que destruyó la acidez de la uva). Y en un futuro próximo saldrán embotellados el 2005 y el 2006, pero no las añadas de 2007 y 2008; y están en barricas los GR de 2009 y 2010.

Andrew Jefford, el célebre escritor de vino británicos, destaca en un artículo de la revista Decanter de enero de 2012 (titulado “In perfect harmony”), que: “los productores de Rioja utilizan el roble de forma muy sofisticada”. Como ejemplo de ello podemos mencionar el Glorioso Gran Reserva que madura en barricas de roble francés (fueron pionero en su uso en lo vinos de rioja) de tres edades distintas: un tercio en barrica de roble francés nueva; un tercio de primer año, y otro tercio de segundo año, porque la barrica nueva marca en exceso el vino, y como recuerda Roberto Rodríguez: “el protagonista siempre es el vino”.

Otro buen ejemplo de la sofisticación que mencionaba el periodista británico es el sistema de crianza que realiza Jorge Muga con sus grandes reservas (3 años en roble): “vinos que necesitan mucho envejecimiento para pulir sus aristas, y por eso usamos una combinación de tres tipos de barricas: los primeros 9 meses madura en barricas de roble nuevo francés; luego pasan otros 9 meses en barricas de roble nuevo americano, pero envinadas durante dos meses con otro vino para que extraiga las notas más dominantes que pueden tapar el vino; y por último culmina 18 meses de crianza en barricas de roble neutro, de entre 3 a 5 años, que ya no aportan mucho. Este uso de distintas barricas se hace con el objetivo de aportarle complejidad al vino”.

Los vinos de Gran Reserva, categoría que nació en la Rioja, no se entendería sin suficiente tiempo de madurez del vino en la botella. “Estos vinos tan poderosos se doman en la barrica, les vuelve más dóciles, mientras en la botella se van dulcificando, y la bravura inicial evoluciona hacia la elegancia y finura de sensaciones”, comenta Roberto Rodriguez, que confiesa: “a mí personalmente me gusta disfrutar de los grandes reservas, vinos muy atractivos que conjugan maduración y complejidad; al principio están muy vivos, pero a los diez años han evolucionado en la boca y han alcanzado la sedosidad y el aterciopelado”;

el sumun táctil del vino. Mientras Jorge Muga afirma que: “la botella hace de integradora de todos los componentes. Un gran reserva necesita al menos el mismo tiempo de crianza en barrica que de madurez en la botella para empezar a disfrutarse”.

La principal virtud de un gran reserva riojano no es la potencia de sabores, papel que cumple mejor los vinos de reserva, si no la elegancia de sensaciones. Son vinos únicos, con gran capacidad de envejecimiento, que destacan por la complejidad de matices y gran riqueza de sensaciones, y que evolucionan muy bien en la copa, atrapándonos con sus seductoras sugerencias.

Jesús Bernad, director www.PlanetaHedonista.com

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