Con el diablo en tu cama

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Solo un pequeño porcentaje de emprendedores busca Capital Riesgo. Muchos aún no conocen ni siquiera su existencia. Los que lo buscan con frecuencia creen que supone un pacto con el diablo.

Es cierto que el Capital Riesgo tiene algo de maligno. Te ayudan a crecer rápidamente, sus consejos van acompañados de rigurosos controles y auditorías, y el hasta entonces socio fundador y único dueño contempla cómo se arriesga a perder el control de la empresa.

Una forma de mitigar esta tensión es buscar Business Angel o Fondos de Capital Riesgo que hayan pasado por su misma situación, que antes que inversores hayan sido emprendedores. Estos empresarios, convertidos en inversores, son la vuelta de los Fondos Capital Riesgo a sus raíces, a la combinación de paciencia y talento que puede ayudar a los nuevos fundadores de compañías de éxito.

Todos queremos lo mismo: una empresa de éxito, el nuevo Google, Facebook o Twitter. Ansiamos crear una compañía rápidamente y que la compre alguien como Microsoft u Oracle por más de 200 millones de euros. Pero todo eso resulta imposible sin el apoyo de Fondos de Capital Riesgo. Es necesaria su aportación para anticipar las necesidades de las empresas durante un crecimiento instantáneo, poniendo la infraestructura necesaria para crecer no en meses, sino en semanas o días.

Aún así, no siempre es sencillo trabajar con empresarios que se han convertido en inversores. A veces tienen problemas para ceder el control, y frecuentemente, como el entrenador de su equipo favorito de futbol, tienen un asiento de primera fila en el campo pero no están jugando en el campo. Y vuelcan toda esa frustración sobre el emprendedor.

Al final, si logras enamorar previamente a más de uno, lo más importante a la hora de escoger un Fondo de Capital Riesgo o un inversor es la química, la transparencia y la confianza entre ambas partes. No olvides que, en muchos casos, te pedirán más explicaciones que tu propia pareja.

Tú eres tú y mis contenidos

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Quién no recuerda la época en la que utilizábamos un teléfono para llamar, un coche para movernos y un libro solo para disfrutar del eterno placer de la lectura. Pensar en un objeto era pensar en una función claramente definida. Cada objeto tenía un uso.

Esa concepción forma ya parte del pasado, si podemos denominar «pasado» a hace poco más de seis meses. Pero es cierto: 2011 representa una opción, y 2012 es la ventana a un mundo en el que la estrategia consiste en construir un dispositivo, venderlo a un gran número de consumidores y después gestionar la venta de sus contenidos, cerrar el círculo y no perder un solo euro de cada transición asociada a esa tecnología. Y, si de paso inventamos algo más, mejor. ¿Alguien dijo publicidad?

Alabemos la visión de Steve Jobs. Cuando nadie daba un duro por el Mac, salvo diseñadores e imprentas, crearon un ecosistema, un espacio de placer en el que todo era posible, y con unas opciones que nunca antes se habían visto. El coste económico era un 100% superior al resto de la competencia. Pero el deseo era mayor que el impedimento y, en plena crisis, la manzana es más deseada cada día que pasa.

Apple ya obtiene la mayor parte de sus ganancias de los dispositivos móviles. Además, tiene en la mira de su teleobjetivo la televisión, lo que le permitiría reproducir contenidos a través iTunes en el salón de millones de hogares. Representaría un espacio que, hasta el momento, estaba copado por plataformas como la Xbox, que para millones de hogares es la única forma de entretenimiento familiar.

Así que no es de extrañar que empresas de software como Facebook, que observa a diario cómo la mitad de sus usuarios accede a su red social desde dispositivos móviles, haya decidido desarrollar su propio teléfono «Buffy», que estará basado en Android y lo fabricará HTC. Seguirá el patrón de los «Nexus» de Google, con los que se evita tener que «tratar con el hardware» y permiten delegar esta tarea en una marca de prestigio.

Amazon, Google, Facebook y Microsoft están comprando empresas y talento de entornos diferentes a su mercado actual para desarrollar nuevos  nichos de negocio. En dichos entornos el hardware ya va asociado a sus plataformas de software, por lo que el usuario estará conectado en todo momento con un círculo que le será más difícil abandonar cada día. Al fin y al cabo, el ser humano es un ser gregario, y todos queremos estar donde están lo demás, ¿no?

Te regalo un Google

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A finales de 2010, Steve Jobs presentó por sorpresa los beneficios trimestrales de Apple. Tenía un gran motivo para alegrarse ya que por primera vez, en un solo trimestre, habían generado $20 mil millones de ganancias. Pero no fue así. El difunto Jobs tenía otra cosa en mente, el sistema operativo libre de Google, el Android.

Se trataba de un momento delicado. Por primera vez, Google y su sistema operativo para móviles estaba empezando a eclipsar a la joya de su corona, el iPhone, y esto era algo que el bueno de Steve no podía permitir. Se lanzó en picado a mostrar las deficiencias de Android, predijo diferentes desastres tanto para los usuarios como para los desarrolladores y se rió del posible éxito de las tabletas de 7 pulgadas con sistema Android en su interior para atacar directamente al mercado del iPAD.

Steve ya era consciente de lo que hoy es para todos una realidad. Según los datos de la consultora Nielsen, Android cuenta ahora con un 40% del mercado de los smartphones frente al 28% que opera con iOS de Apple y se cree que Android podría alcanzar fácilmente el 70% del mercado en los próximos meses.

Esto se debe a que Google regala su sistema operativo a los fabricantes; no quiere capitalizar ese conocimiento, lo que busca es estar dentro de los bolsillos de cada vez más gente. Es la gran diferencia estratégica entre Apple y Google. Cuanta más gente utilice la búsqueda de Google o Facebook desde sus dispositivos móviles se generarán más ingresos gracias a los anuncios.

En el pasado, los márgenes de Apple se basaron en el precio final de sus máquinas. De este modo, ordenadores de altas prestaciones, con precios muy elevados, generaban directamente enormes beneficios. Sin embargo, en los teléfonos inteligentes y tablets, Apple entendió que no podía separarse tanto de su competencia y, aunque significativamente sus precios siguen siendo más elevados, ha logrado convencer a un mercado de masas y así obtener ganancias muy significativas.

Este éxito ha venido de la mano del nuevo CEO de la compañía, Mr. Cook, quien tras asegurar contratos a largo plazo de los principales componentes de smartphone y tablets, como la memoria flash y las pantallas táctiles, ha complicado sobremanera la adquisición de dicha tecnología para el resto de fabricantes.

Uno de los grandes retos de Cook será mantener esta ventaja. El de Google será la proliferación del software Android en cada nuevo dispositivo móvil. Será interesante ver como avanza cada uno en su guerra particular.

Tú me das la tuya y yo te daré la mía

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Hacer una petición de mano ante la futura familia política ya no es la expresión más sincera del amor. Para las nuevas generaciones la máxima expresión de amor y respeto mutuo es compartir la vida 2.0.

La era digital ha dado lugar a una costumbre muy íntima. El respeto y el amor ahora se demuestran compartiendo tu vida digital, es decir: usemos los dos la misma contraseña, o dame tus contraseñas de facebook y de tu email para ver al instante qué es lo que cuentas y qué es lo que te dicen.

Pensemos por un momento. Si estuviéramos dispuestos a conceder esta muestra de amor a nuestras parejas nos asaltarían muchas dudas, pero realmente más que dudas serían temores. Miedos a mostrar una vida hasta ese momento privada, la máscara tras la cual nos permite escondernos la nueva era digital.

Si, efectivamente, no tuviéramos nada que esconder y mi pareja no tuviera nada que ocultarme, sería muy sencillo compartir nuestra vida online. Pero esto también esconde una terrible arma: si la pareja se deshace aparecerán mails para tratar de humillarla, mostrar tensiones familiares, incluso fotos comprometidas… Temas que todos tratamos con nuestros seres queridos, pero que ahora tienen un enlace online, algo que se puede transmitir a cientos o a miles de contactos en escasos segundos, cuando antes hacíamos estos cotilleos por teléfono, y uno a uno. Compartir la contraseña conlleva intrínsecamente la destrucción mutua asegurada si alguien se porta mal, y eso, por desgracia, es algo relativamente habitual.

No me preocupan excesivamente los rumores a una cierta edad en la que ya todos somos adultos y tenemos herramientas para defendernos. Sin embargo, es cada día más habitual conocer nuevos casos de suicidio entre adolescentes debido a la información que se ha lanzado a la red. El ciberbullying es el uso de internet ―entre otros― para ejercer el acoso psicológico entre iguales.

En una encuesta realizada en 2011, el 30% de los adolescentes confirmaba que había compartido su contraseña alguna vez en el pasado. Y son las niñas las que con mayor frecuencia comparten sus datos más personales.

No sé si en el pasado hemos sabido hacer apreciar la importancia de mantener ciertas parcelas de privacidad en la red. En mi opinión, debemos empezar a entender la importancia del rumor viral.

Que pasaaaaaaa!!!

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La tan aclamada aplicación de mensajería instantánea WhatsApp ha logrado alcanzar el éxito en un mercado muy complicado, donde otros actores no han tenido tanta suerte en el pasado. El secreto se esconde detrás de las múltiples opciones para enviar mensajes de texto, hacer grupos de contactos, intercambiar fotografías y todo ello sin necesidad de pagar a las operadoras telefónicas.

2009 y 2010 fueron las navidades del SMS, 2011 los ha dejado relegados en el olvido. ¿Qué más podría pedir nuestro adorable Edu, cuando años atrás, nos recordaba a todos la navidad, desde el teléfono fijo de su domicilio?. Hoy Edu no llamaría para decirnos “hola soy Edu, feliz Navidad” solo usaría WhatsApp o similares para felicitarnos esta vez en formato vídeo y sin tener que pagar por ello.

Sin embargo su reciente retirada de la App Store durante escasos cuatro días fue el pistoletazo de salida para avisar a los consumidores acerca de serias dudas sobre la seguridad y también sobre la capacidad de mantener el flujo de transmisiones por parte de la operadora.

Nuevamente la seguridad vuelve a estar en boca de todos en una plataforma 2.0. Parece que últimamente se desarrolla mucho el producto, pero se olvida de la importancia de mantener seguros nuestros datos y sobre todo de informar qué y para que se almacena.

El historial de nuestras conversaciones se almacena en nuestro terminal, pero es muy posible, aunque se desconoce, que se guarden igualmente en los servidores de la compañía. Y no solo textos, también nuestras imágenes. Información sensible para el usuario que a la larga nos puede jugar muy malas pasadas.  No hace un año aún, cuando el FBI inició la búsqueda de un grupo de hackers que habían robado imágenes de famosas estrellas de Hollywood, entre las que se encontraban Scarlett Johansson y Miley Cyrus.

Son imágenes que muchas de ellas podría valer millones de euros y otras nada, pero lo terrible es que lo hacen como un reto personal y si pueden entrar en el móvil de Scarlett, los nuestros no son mucho más seguros. Estos sistemas de mensajería instantánea están desplazando incluso herramientas corporativas y sistemas de correo electrónico, que invierten ingentes cantidades de dinero en mantener un dato seguro. No estoy tan convencido que esa sea la principal preocupación de nuestra amiga deslenguada. Whatsuuuuppp!!!

Cualquier día nos cierran Google

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¡Ah, no! ¡Eso es imposible! ¡Que es americano y paga sus impuestos religiosamente! Bueno, claro, los que genera en USA, el resto…. ¡a la buchaca! Pero ése es otro tema.

El pasado jueves nos acostamos con la terrible noticia del cierre de Megaupload, uno de los sites más populares de intercambio de archivos, y con la detención de sus principales responsables. El FBI les acusa de conspiración para cometer un crimen y violación de la propiedad intelectual, por lo que a Kim «Dotcom», famoso hacker y el principal acusado, le podría caer una condena de 50 años de cárcel. La operación ha implicado el cierre instantáneo de las páginas web Megaupload ―intercambio de archivos― y Megavideo ―visualización de vídeos en Internet―, así como de Megapix, Megalive y Megabox.

Con una plantilla cercana a los 30 empleados y más de 1.000 servidores repartidos por medio mundo, resulta normal pensar que algún tipo de ingreso debía generar, básicamente con la publicidad y las cuentas Premium ―una forma de suscripción que permitía a los usuarios poder descargar sus contenidos o visualizar sus videos sin interrupciones o de una forma más rápida―. Estos ingresos se cuantifican en unos 175 millones de dólares.

No me parece lícito el cierre de un espacio en Internet por una policía local con aires de grandeza. El FBI no puede decidir que la actividad que se está realizando en ese site es ilegal. Ningún país, y ninguna institución mundial, le han dado legitimidad para ser la policía planetaria. Nadie toleraría que la policía de otro país nos tutelara mundialmente.

El mismo argumento del FBI para cerrar Megaupload serviría para cerrar hoy YouTube. Pero, como ya he dicho antes, no se trata igual a los foráneos que a los extranjeros. Aún así, el daño que está causando YouTube a la industria musical o del cine es atroz. Puede que sea de forma indirecta, pero estamos en el mismo caso de Megaupload.

El Congreso de los Estados Unidos aprobó en 2010 unas excepciones en su ley de los derechos de autor que beneficiaba directamente a YouTube. En este sentido, permitía subir al portal de vídeos de Google una porción de un DVD sin cometer ningún delito. Incluso es totalmente legal la subida de contenidos audiovisuales de DVD con DRM para documentales, cortos de cine o vídeos formativos, entre otros.

Ante esta grave injusticia, la primera reacción, totalmente errónea, ha sido la de un ataque perfectamente coordinado por diferentes activistas, como Anonymous, que tras conocerse el bloqueo de las páginas web de intercambio y visualización de archivos de la red Megaupload, y que habían acusado de varios delitos a sus administradores, en poco más de una hora se han dedicado a colapsar las webs de instituciones públicas y privadas tales como la compañía discográfica Universal y la Warner Music.

No es una respuesta justificable, ni mucho menos aplaudible. Lo único que muchos pedimos es que, en un mundo cada día más global, se hace necesaria una justicia global, y no un pistolero pegando tiros a quien no le rinda pleitesía.

Más madera, es la guerra

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Google no para en su afán de hacerse cada día con un mayor número de patentes. Si no es capaz de desarrollarlas, las compra a golpe de talonario. Si el año pasado se hicieron con más de 2.000 patentes de IBM entre Julio y Agosto, ahora acaban de hacerse con otras 200. Lo que nadie sabe es cuánto ha desembolsado por ellas al gigante azul.

Google, el gran motor de búsquedas, no estaba muy preocupado en el pasado por las posibles demandas que pudiera recibir de fabricantes como Apple debido a su sistema Android. Solo empezó a inquietarse cuando vio el tremendo éxito que estaba teniendo a costa de los lucrativos Smartphone y Tables.

Fue en ese momento cuando inició una campaña de protección de su sistema operativo Android, para lo cual acumuló patentes que le pudieran proteger en futuros juicios contra su principal competidor: Apple. En esta toma de posiciones, tras la compra por parte de Google de Motorola Mobility poco menos de un mes después de la vuelta de Larry Page a la compañía, Google almacenó otras 17.000 patentes. La operación de compra de Motorola Mobilty por parte de Google está siendo analizada desde mediados de 2011 por autoridades reguladoras tanto en EEUU como en Europa. Su dictamen puede marcar el futuro de la telefonía móvil de este tremendo devorador de mercados.

El gigante de Mountain View ya trató de lanzar su propio teléfono: el Nexus. Pero no fue tan rápido como estaban acostumbrados. La logística y la producción suponían grandes problemas. Era mejor asociarse con fabricantes para dotar a sus dispositivos del sistema operativo Android. La operación ―la compra de Motorola Mobility, que está valorada en más de 12.000 millones de dólares― es, a día de hoy, el mayor desembolso que ha realizado Google.

También está desarrollando las patentes que está adquiriendo a golpe de talonario. Pronto las podremos tener instaladas en millones de teléfonos, útiles aplicaciones de apariencia inofensiva que permitirán a Google disponer cada día de más y más información de sus clientes. Por ejemplo, un método para recuperar un mensaje instantáneo que ha enviado por error desde su terminal, conocer cuánto tiempo vamos a tardar en llegar a nuestro destino dependiendo del medio de transporte público o privado elegido o, por qué no, escuchar anuncios en nuestro terminal antes de realizar una llamada para que ésta nos salga más barata, o directamente para poder realizarla.

Google sabe lo que quiere y, lo que es más importante, sabe dónde quiere estar. Siempre muy cerca de ti: en tu bolsillo.

¿Alguien ha visto Google TV?

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Desde hace semanas se viene comentando el tremendo impulso que va a dar Google a la nueva generación de Smart TV gracias a la incorporación de su sistema operativo y el gran número de asociaciones con fabricantes como Samsung, LG, Sony, etc. Incluso han llegado a cerrar acuerdos con los más importantes fabricantes de chips, lo que permitiría la compatibilidad del sistema operativo y una amplia gama de dispositivos. Aún así, no terminamos de verlo en la calle.

Google sabe que ha llegado el momento de las televisiones inteligentes. El pasado reciente nos ha dejado los plasmas, el TFT, el LCD, y ahora estamos inmersos en la tecnología 3D. Sin embargo, lo lógico es poder disfrutar de internet en nuestra televisión sin necesidad de tener el portátil encendido todo el día. Por eso la televisión conectada era el siguiente electrodoméstico que todos queríamos ver llegar.

Me pareció un poco atrevido cuando Eric Schmidt, ex–director general de Google hasta que volvió Larry Page, predijo que el próximo verano muy pocos o ninguno de los televisores que estuvieran a la venta no llevarían entre sus componentes Google TV.

Ahí es donde Google tiene su talón de Aquiles. Necesita un fabricante, asociarse con una compañía lo suficientemente grande para que pueda desarrollar su televisión ―la «Televisión Google»―, y no hay tantas puertas a las que puedan llamar.

Sony, que actualmente no mantiene las mejores relaciones posibles con Google, lo tiene momentáneamente parado. LG incorporará Google TV en modelos superiores a las 50″, que no estarán al alcance de todos los compradores. Samsung, que siempre ha querido introducir Google TV en algunos de sus dispositivos, no ha vuelto a hablar de dicha innovación desde hace muchos días.

Entonces, ¿qué podemos esperar del estado real de Google TV para este 2012? Pues que no parece que hayan encontrado la manera de pasar de un  modelo experimental a una plataforma real donde se les vea como reproductores de vídeo en streaming. En la situación actual no parece que los fabricantes estén por la labor de utilizar nuevas tecnologías que no sean fáciles de incorporar y muy económicas.

La única excepción parece ser Vizio. Como carece de los recursos de desarrollo que tienen los principales fabricantes, depende de un tercero para poder convertir sus televisores en inteligentes, todo ello sin caer en errores del pasado que cometieron otros fabricantes, para quienes, cuando abrieron la puerta a Google, lo que en principio era una alianza se convirtió en una carnicería tras la cual el único que salió bien parado fue el propio Google.

Parece poco probable que Google TV sea el salvador de la televisión a la carta en cualquier televisión, al menos en 2012. Veremos si con LG encuentran finalmente el camino.

Si no hay foco, no hay atención

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Toda empresa de éxito nace y crece rápidamente, pero eso no es suficiente. El mercado demanda con insistencia más productos y más servicios que nos obligan a seguir creciendo. Entonces debemos incorporar más músculo, más personas y más tecnología. Pero en este camino vertiginoso solemos perder una cosa: la facilidad para tomar decisiones rápidas que, en esencia, fue el origen de toda la compañía.

Google, Apple y Microsoft han pecado de la misma manera. En diferentes momentos de su historia se han olvidado de la agilidad que les dio la vida, y han caído en los defectos ―que ellos mismos criticaban― de los gigantes informáticos como IBM y que les servían de motivación en el inicio de su start–up.

La ventaja inicial de todo germen de compañía radica en la idea, en el equipo gestor y en la facilidad para adaptarse instantáneamente a un mercado cambiante. En el momento en que una compañía pierde cualquiera de esos tres pilares, su proyecto se deshinchará tan rápidamente como un globo atravesado por una flecha.

Las grandes compañías son muy dadas a mantener periódicamente, por costumbre, tediosas reuniones de ejecutivos aburridos en las que el mayor logro es criticar de una forma más ingeniosa a la competencia, pero no esclarecer cuáles deberían ser las acciones que se deben llevar a cabo para mantenernos en la cresta de la ola. Esas reuniones son una pérdida de tiempo y de energía, y normalmente es el primer síntoma de que estamos tomando la dirección equivocada.

Todo equipo gestor se rige por un cuadro de mandos, y toda reunión ha de tener como finalidad última una toma de decisiones correctas. Si no es así, la reunión no debe realizarse. Reuniones efectivas, en las que lo que se aprueban medidas y se lanzan inmediatamente. Reuniones cortas en el tiempo y cortas en el número de asistentes ―8 o 10 como máximo― en las que todos participen activamente. En resumidas cuentas, si no aportas no vengas. Si vienes, has de ser puntual.

Toda start–up hace suya, incluso sin saberlo, la célebre frase del presidente norteamericano Truman cuando, harto de una filosofía tan española como «ante los problemas, mejor pasa la pelota», lanzó su famoso «Stop the Buck» o, lo que viene a ser lo mismo, «Yo me responsabilizo». Ese paso adelante para sacar un producto, un servicio o una simple idea, ha provocado que grandes compañías que estaban empezando a perder la chispa de su origen hayan conseguido tremendos éxitos cuando nadie pensaba que podrían lograrlo, que serían capaces de recuperar la frescura de sus primeros años.

Además de tomar decisiones rápidas y responsabilizarse por llevarlas a término, la filosofía de toda start–up ―en las que sus integrantes comparten espacios reducidos en comparación a las grandes oficinas e inmensos despachos de las grandes empresas consolidadas― no se debería perder nunca. Permanecer siempre cerca permite una mayor difusión de las ideas y la generación de pequeñas «micro reuniones» que pueden ser el inicio de importantes avances. Es cierto que a mayor número de empleados resulta más complicado permanecer todos juntos. Pero no resulta demasiado difícil dedicar un lugar en la empresa para que los miembros del equipo ejecutivo puedan trabajar y hablar en un entorno informal, sin orden del día, al que solamente deban acudir, todos a la vez, para compartir el espacio un número de horas a la semana.

En esta vuelta a los orígenes, todos y cada uno de los empleados deben tener un objetivo común y global. La compañía ha de empeñarse en defender ese gran objetivo y todos deben permanecer atentos a los diferentes avances que se consiguen, a si se alcanzan las metas mensuales y, en caso contrario, a dónde estamos fallando. Las grandes compañías se centran más en repetir a sus empleados la misión, la visión y los valores de la empresa en lugar de centrarse en los logros obtenidos a la hora de alcanzar los objetivos. En este último caso, algo se ha perdido por el camino.

Siempre he pensado que el papel lo aguanta todo. Lo importante es llevarlo a la práctica y evaluar si resulta factible. Toda empresa de éxito que se precie inicia caminos que pintan muy bien. Cuando vemos que algo no funciona ―ese algo podemos ser nosotros mismos, el momento de ponerlo en práctica o, incluso, un cambio social― debemos ser ágiles para lanzar proyectos, saber decir «no» y renunciar a lo que no funciona.

Veo cómo cada día aparecen grandes ideas y cómo otras inician un camino descendente. El éxito vendrá dado de la mano de los aciertos, de la toma de buenas decisiones, decisiones que han de ser siempre correctas y, ante todo, ágiles-

El ordenador ha muerto

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Google, Facebook, Amazon… Todas las grandes compañías están adaptando su filosofía empresarial a un nuevo modelo de negocio. La era del PC ha muerto. Bienvenido sea su sucesor: el SmartPhone.

En este nuevo modelo de vida, en el que se impone la inmediatez, son los Smartphones, Tablets y otros pequeños dispositivos móviles los que han desbancado a un gigante: el ordenador en su visión más tradicional. Estas empresas ya se han beneficiado más que cualquier otra de la proliferación de la telefonía móvil, un cambio que subyace en sus ganancias extraordinarias y su capitalización del mercado.

Estos nuevos dispositivos fomentan y facilitan el consumo de libros, canciones, películas, programas de televisión, juegos, aplicaciones más o menos útiles, y cualquier cosa que pueda alegrar nuestras horas de soledad ―que son también horas libres para la socialización―, así que podremos disfrutar con los amigos o, algo mucho mejor, conocer a otros nuevos.

Esta gran actividad, compartida por todos los usuarios de dispositivos móviles, produce una enorme cantidad de datos, lo que nos lleva directamente a la motivación principal de todas estas grandes compañías en la actualidad: conocer qué demanda el consumidor y ―lo que es más importante― ofrecer a los internautas lo que les gustaría comprar, aunque todavía no lo hayan pedido.

Toda esa información da para mucho. En la actualidad ya se pueden relacionar las principales actividades que desarrolla una persona a lo largo del día. Ya no somos usuarios anónimos. Todos tenemos una cuenta que nos señala y que nos identifica. Esto resulta fabuloso para quien es capaz de registrar los datos, porque significa que todo lo que cualquiera realice al cabo del día con su teléfono móvil o Tablet le queda inmediatamente asociado. Así es cómo esas empresas pueden conocer nuestros gustos, aversiones y preferencias, y, desde ese mismo momento, nos pueden ofrecer una alimentación, un viaje e incluso ropa que se adecue a nuestras preferencias, de cuyo rastro la red está repleta.

Estas grandes compañías creen firmemente que poseen la capacidad de mejorar nuestra forma de vida. Investigan nuestro cubo de basura para saber cuáles son nuestras preferencias y cuáles nuestros vicios. Lo que ahora debemos definir es hasta dónde vamos a dejarles escarbar en nuestra vida.