iPhone o Sexo

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Hace poco la responsable de Femenino.info, uno de los blogs que tenemos en Ocio.net, me presentaba un estudio de Gazelle.com en el que se mostraba claramente cómo los usuarios de iPhone renunciarían a un fin de semana apasionado con su pareja si eso les obligara a separarse de su bien más preciado: su iPhone 4S.

Que un 15% de la población no pueda vivir sin su Smartphone es algo que asumo. Soy inversor y cada día veo cómo, por motivos económicos, el emprendedor de una estructura naciente suele ser el dependiente, la secretaria y el director de marketing, lo que le obliga a estar permanentemente conectado a su e-mail.

Como ese 15%, soy adicto al e-mail, qué le vamos a hacer. Sé que es un error y que debo desengancharme, pero me cuesta trabajo. Tengo la sensación de que cuanto más rápido respondo e-mails, aunque no tengan importancia alguna, más rápido me responderán a mí. De manera que muchas veces, a última hora de la tarde, cuando llego a casa y estoy cenando con el iPad en la mano ―obviamente respondiendo mensajes―, me doy cuenta de que lo único que he hecho en todo el día es eso: responder correos, toneladas de ellos, con decenas y decenas de interlocutores. He acabado convirtiendo lo productivo en algo absurdo e improductivo. He dedicado mi día a leer y a responder correos electrónicos. En definitiva, he abandonado mi foco.

Los usuarios de Apple (la encuesta estaba dirigida exclusivamente a usuarios de dicho dispositivo) marcaban sus preferencias futuras, algo que seguro que en este momento están escuchando los directivos de la compañía. Los consumidores ansiaban un iPhone con una pantalla más grande y mayor número de utilidades. Debemos recordar que el 70% de los usuarios de iPhone regalan a sus hijos o parientes, de forma inmediata, dispositivos antes tan deseados como su iPod, su cámara de fotos digital, e incluso el TomTom, que ha pasado al coche de la pareja.

Este pequeño aparatito se ha metido en nuestras vidas hasta la cocina. Más del 25% de los usuarios reconoce que «casi siempre» utiliza su iPhone durante una comida familiar (y no hablemos de negocios, donde estoy pensando acudir con un inhibidor 3G portátil), fiesta o reunión de amigos. El iPhone se ha convertido en el mejor compañero. No solo ha cambiado la forma en que nos comunicamos y accedemos a la información: ha modificado la manera de relacionarlos con el exterior, aunque estemos cenando con ese amigo al que hace meses que no vemos físicamente.

En esta encuesta no solo se preguntaba la preferencia, sino que también se hablaba de su uso. Por desgracia, casi el 85% de los encuestados reconocía haber usado su iPhone mientras estaban en el cuarto de baño, y un terrible 4% de los entrevistados reconocía haber usado su iPhone mientras mantenían relaciones sexuales.

Aún no pertenezco a ninguno de esos dos grupos finales. Confío en no caer en ellos, aunque los de Cupertino cada día nos lo están poniendo más difícil.

Tus fotos: el nuevo campo de batalla del Social Network

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Facebook ha presentado recientemente una nueva aplicación móvil que hace que el uso de fotos de Facebook sea mucho más rápido y sencillo. «Facebook Cámera», pensada para nuestro iPhone, permite ver un resumen de las fotos de nuestros contactos, entrar en sus álbumes o ampliar cualquier imagen seleccionada, así como decenas de opciones más. Está claro que, en estos momentos, el intercambio de fotos es un campo de batalla entre las grandes redes sociales. Google dio hace poco una conferencia de dos días exclusivamente para fotógrafos, en los que parece que su herramienta social Google+ está teniendo muy buena aceptación.

Durante esos dos días los asistentes entendieron que Google+ se había creado pensando en sus imágenes. Si a alguno le había quedado alguna duda, Bradley Horowitz, Vicepresidente de Gestión de Producto de Google+, declaró que «las fotos son el alma de nuestro servicio». De hecho, en la primera gran actualización de su aplicación para el iPhone, Google va a poner toda la carne en el asador en el tratamiento que da a las imágenes.

Flickr también está tratando de seguir la estela de los demás manteniendo la atención de los amantes de la fotografía con un par de mejoras recientes, como el soporte para imágenes más grandes y un nuevo cargador de fotos más rápido. La compañía también ha cambiado algunas de sus páginas de la galería de fotos con un aspecto más parecido a Pinterest, y no dejan de anunciar constantes mejoras para que el usuario no abandone la plataforma.

En los últimos meses hemos visto cómo Pinterest lo hace mejor cada día. Está creciendo a una velocidad impresionante. Ha logrado un alto nivel de viralización que comienza a llamar la atención de las marcas, con un nivel de propagación del 80%, mientras que el promedio en Twitter es del 2%, lo que indica que Pinterest es 40 veces más viral que Twitter. Y no solo eso: ya dirige más tráfico directo que Google+, YouTube y LinkedIn juntos.

¿Quién gana? Facebook lleva la delantera. El lanzamiento de su propia aplicación y la compra de la compañía Instagram nos deja ver claramente que quiere ser el guardián de todas nuestras fotos.

No digas adiós a tu Smartphone

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Cada día somos más dependientes de la tecnología in the pocket. En pocos años hemos pasado con facilidad de desear un portátil para el trabajo, o para el hogar, a buscar un Smartphone como la solución ideal de nuestro cotidiano.

El cambio del ordenador de sobremesa a otras soluciones corporativas fue mucho más lento en las oficinas. Se tenían que seguir ciertos protocolos de seguridad que impidieran que nuestros datos se perdieran con facilidad debido a ese mal conocido como «virus».

Parece que no somos conscientes de que, de la misma manera que los desarrolladores de virus no tenían un especial interés por el sistema operativo de Apple debido al pequeño porcentaje de equipos instalados, esta tendencia ha ido cambiando en los últimos años. Cada día hay un mayor número de indeseables desarrollando virus para esta plataforma. Con los Smartphones ahora está ocurriendo algo parecido. Lo que hace algunos años era un mercado muy residual, pasado a ser el primer objetivo de muchos amigos de lo ajeno.

Tu teléfono está tan expuesto a contagiarse con un virus como cualquier ordenador al que tengas acceso.

Todos los usuarios de Smartphones almacenamos en nuestro dispositivo fotos, vídeos, documentos personales, contactos profesionales o personales, y un largo etcétera de información y datos muy interesantes para los ciberdelincuentes, ya que un porcentaje muy pequeño de los usuarios tiene instalado algún sistema de detección de ataques. Algo que resulta tan normal en los ordenadores ―la instalación de software anti–virus―, no lo es tanto ni en iPhone ni en Android.

Aún así, hay una serie de sencillos consejos con los que, siguiéndolos escrupulosamente, podremos proteger de forma correcta nuestro Smartphone:

1. Nada es gratis. Si la red WiFi gratuita no te inspira mucha confianza, no la utilices. Ya se han dado casos en los que detrás de una red libre había un vendedor de datos.

2. El que roba a un ladrón sigue siendo un ladrón. Descargar contenidos de forma ilegal te puede traer muchos problemas, al margen de los legales. En un alto porcentaje de los casos te bajarás música, vídeos, libros y virus en un mismo paquete.

3. Usa tu e–mail como en tu PC. Si en tu ordenador no abres los SPAM, no lo hagas tampoco en tu Smartphone. El daño puede ser el mismo.

4. Actualiza tu S.O. No soy partidario de ser siempre el primero en actualizar a la última versión del S.O., y mucho menos en un iPhone. Pero no tengas versiones muy obsoletas. Normalmente la seguridad es una de las primeras cosas que se mejoran en cada actualización.

5. Usa tu password para acceder a tu teléfono, así como para entrar en ciertos programas con datos muy confidenciales. Utiliza tu password y cifra todos los ficheros que sean muy sensibles. Lo peor no es perderlos: lo realmente duro es saber que alguien los puede estar leyendo.

Cambia de empresa, no de e–mail

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Juan Macías -@juanmacias-, una de las personas que más saben de comercio electrónico en España, decía recientemente: «Tu correo en Gmail es lo que queda cuando cambias de empresa; no lo olvidéis….». Y no le falta nada de razón.

En la mayoría de los casos los trabajadores por cuenta ajena realizan el 100% de su actividad en el seno de una sola compañía. En esos casos, no eres propietario de lo que has generado dentro de ella, sino que solo has recibido, como es justo, unos ingresos mensuales a cambio de una actividad profesional. Para muchos resulta terriblemente tentador que, una vez finalizada una etapa empresarial, llevarse, junto con el resto de recuerdos personales, sus mails, esa maravillosa herramienta que aglutina contactos, estudios, informes, proyectos y todo tipo de material informático que nos ha acompaño durante los últimos meses o años.

En una época en la que cada día es más difícil ver un papel impreso encima de la mesa que no tenga su original en nuestro correo electrónico, la tentación de llevarte «lo que es tuyo» se ve muy normal en servicios profesionales como consultoría, publicidad, abogacía, banca privada, etc. En estos sectores un ex empleado, a fuerza de recopilar el conocimiento digital de la compañía (normalmente el suyo y el del resto de sus compañeros), acaba haciéndole la competencia a su antigua compañía.

Pero, ¿lo veríamos igual si fuera al revés? Seguramente no. Mis datos son míos, los he creado yo mismo, y no estoy dispuesto a compartirlos. Incluso me ofende ver a mi jefe cuando mira por encima de mi hombro para ver qué estoy escribiendo en mi cuenta de Gmail, o en mi perfil de Facebook.

Eso, que es lo que no queremos, es justo lo que le permitimos hacer a la mayoría de las plataformas digitales cada vez que aceptamos sus condiciones de uso sin mirar, ni atrevernos a leer, toda la información contractual, como nos ha pasado a cientos de millones de internautas con servicios como Google o Facebook.

Al igual que Facebook, Google guarda más datos personales nuestros que los que nosotros consideramos necesarios, y no existe una solución definitiva para ello. Podemos eliminar el historial de búsqueda, activar el mayor grado de privacidad de nuestra red social Google +, borrar el historial de búsquedas de vídeos en servicios como YouTube… Pero lo que no podremos hacer será evitar que lean automáticamente todos y cada uno de los correos que tenemos en nuestra cuenta de Gmail. Aunque pensemos que los hemos eliminado, Google los guarda y los conserva para mejores ocasiones futuras.

Podremos cambiar de ciudad, de empresa, e incluso divorciarnos. Sin embargo, mientras tengamos una cuenta Gmail alguien lo sabrá todo acerca de nosotros.

Por mi móvil, mato

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No se si Belén Esteban se refería al móvil o a su hija. Realmente no es que la siga mucho, pero lo que sí es seguro es que ahora Belén, como muchos de nosotros, por su móvil, mata.

Desde que las grandes operadoras decidieron ―sin hablar entre ellas, claro está― no volver a «regalar»  terminales de última generación, se está incrementando notablemente el trabajo de los carteristas, que han decidido olvidarse por un tiempo de carteras y bolsos repletos de polvo y algunos eurillos y ahora se dedican al robo de móviles de última generación, muy demandados en el mercado negro.

Según datos de la Policía Nacional, uno de cada cuatro tirones se produce ahora por un teléfono móvil. Los cacos aprovechan cualquier descuido para hacerse con los móviles que dejamos momentáneamente en el asiento del copiloto mientras estamos echando gasolina, o nos los sacan del bolso mientras vamos en el metro o en el autobús. Qué decir tiene que este verano las piscinas y las playas, con tasas cercanas al 60% de Smartphones entre la arena y las toallas, van a ver cómo vuelan cientos de ellos cada día, y no precisamente por arte de las terribles gaviotas.

En un país en el que el paro se acerca al 30% y cada día es más difícil  llegar a fin de mes, hacerse con un modelo de última generación para poder revenderlo por 100 o 200 euros a cualquier desalmado, conocedor de que las gangas no existen y que lo que alimenta es un mercado que pronto se volverá en su contra, se ha convertido en una gran tentación.

Evitar el robo no siempre es posible. Sin embargo, podemos convertirlo en una labor sin sentido para el ladrón. Lo primero que debemos hacer es denunciarlo a la policía. Esto no solo puede ayudar a encontrarlo, sino también a prevenir que el ladrón siga haciendo de las suyas. Lo siguiente es dar de baja la SIM. De esa manera te aseguras de que no se produzcan llamadas desde tu terminal, normalmente internacionales, aunque el teléfono puede seguir funcionando y los malos tendrán acceso a la información privada que tengas en el dispositivo.

A continuación, facilita el IMEI de tu dispositivo a tu operadora. Evidentemente, has de tener apuntado el IMEI antes del desdichado hurto, y eso se consigue marcando en tu dispositivo *#06#. También figura en el embalaje del móvil, en los papeles con las instrucciones o en la factura de compra. Con tu IMEI podrás bloquear el móvil en un máximo de 72 horas y, lo que es más importante, en el caso de que recuperes el móvil podrás desbloquearlo. Para ello las operadoras tendrán que efectuar una serie de comprobaciones, pero están obligadas a darte ese servicio si realmente eres el legítimo propietario del terminal.

Si alguien decide que robarme el móvil es un buen negocio, solo espero que entre todos le hagamos entender que la cárcel está precisamente pensada para ellos.

Gafas o lentillas: mejor una impresora

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Hace tiempo que vengo siguiendo el proyecto de Google sobre sus gafas de realidad aumentada, o iGlasses. Hace tiempo porque ya en 2008 empezamos a ver por dónde veían las nuevas tendencias los grandes fabricantes, cuando Apple se hizo con un buen número de patentes.

Sin embargo, Google es solo una de las cientos de empresas que trabajan en ideas similares. Curiosamente, a finales de un tórrido septiembre de 2008, Apple presentó la patente número 12/242911 «HEAD-MOUNTED DISPLAY APPARATUS FOR RETAINING A PORTABLE ELECTRONIC DEVICE WITH DISPLAY», que fue aprobada y publicada la víspera de Reyes del año 2010, el mismo año en el que Cupertino contrató a Richard DeVaul (recientemente huido a Google), experto en tecnología integrada en la ropa, para llevar a cabo desarrollos que mediante el uso de geoposicionamiento y una red de datos podrían mostrar información en tiempo real. Si queréis saber mi opinión acerca de si veremos las iGlasses en la calle, eso ya no es tan fácil. Aún así, os puedo decir una cosa: tal vez tarden 10 o 20 años, pero llegarán.

Ambos fabricantes parece que están decididos a dejar mis previsiones en agua de borrajas. Pretenden reducir esos 10 o 20 años a meses o semanas. Pero lo que ya no es tan seguro es si existe la suficiente información en la red para convertir lo que es un paseo por la Gran Vía Madrileña en una experiencia sensorial totalmente novedosa, o si el futuro de los partidos de baloncesto en vivo pasará por ver en nuestras gafas la repetición de las jugadas conflictivas, los datos de cada jugador o el tanteador del perpetuo rival.

Lo que es seguro, independientemente del fabricante que saque el primer dispositivo a la calle, es que una temática será previsible: la publicidad en todas y cada una de las esquinas por las que pasemos, la captación de datos, saber qué tocamos, qué miramos, dónde nos detenemos o qué nos sobresalta. En definitiva, seremos el mejor ejemplo de eye tracking que se haya inventado jamás. Miles de fabricantes estarán deseosos de conocer nuestra forma de comprar y nuestra forma de vivir.

Sabemos que el futuro no va a detenerse. La realidad aumentada ha venido para quedarse. De la misma manera que un día desapareció el mundo físico y ahora no se entiende la vida sin su apartado online, es inevitable que los mundos reales y los virtuales estén condenados a entenderse.

Por lo pronto ha sido Epson, fabricante de impresoras, el que ha dado un paso adelante cuando nadie se lo esperaba. Ya tiene en el mercado japonés su modelo Moverio BT-100, un sistema de proyección de imágenes personal transparente que nos permite disfrutar de una pantalla virtual de 80 pulgadas flotando en el aire a una distancia de 5 metros, sin perder el contacto visual con lo que pase a nuestro alrededor y con conexión Wi-Fi, lo que le permite mostrar todo aquello que tengamos en la red.

En Italia lloran a Jobs, también en La Rioja

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Hay muchas razones para echar de menos a una persona como Steve Jobs: por su forma única de entender el tan mal usado concepto de «innovación», por el gusto por el diseño alemán y, muy especialmente, por el cuidado de las escuelas europeas en los detalles y en la calidad. Sin embargo, desde hace unos días nadie se acuerda tanto del difunto Steve Jobs como unos empresarios de Milán: los legítimos dueños de la marca iCar.

Icar SpA Industria Condensatori, que dispone de oficinas en Monza y tiene su dirección legal en Milán, con un capital social de 12 millones de euros, ha visto cómo en unos pocos días las visitas a su página web se contaban por miles, desde todos los países de nuestro viejo planeta Tierra.

Icar SpA, legítimo propietario de la marca iCar y del dominio iCar.com, ha debido estar muchas veces en el pensamiento de Steve Jobs para averiguar de qué manera se podría hacer con ambos productos, antes de lanzar al mercado el que consideraban que podría adueñarse fácilmente del 50% de la cuota de mercado. Estos números, en principio, me parecen demasiado abultados, aunque Steve tenía la virtud de convertir en oro todo lo que tocaba. Por desgracia, todo menos su frágil salud.

Mickey Drexler, miembro del Consejo de Administración de Apple, habla de un 50% de cuota de mercado en un país donde la crisis ha pegado muy fuerte en un sector del que siempre han estado muy orgullosos. Sin embargo ahora, con el precio de la gasolina subiendo cada día más, los grandes coches de 6 y 8 cilindros con 400 o 500 CV están dando paso a pequeños utilitarios producidos principalmente por fabricantes japoneses.

En este entorno es en el que la mente siempre prodigiosa de Jobs tenía entre sus decenas de proyectos inconclusos desarrollar un automóvil fiel al diseño de la compañía de la manzana. Un coche 100% conectado con el usuario que nos permitiría decidir la temperatura interior en el momento en que se fuera a usar, conocer el nivel de sus baterías y del depósito (Steve seguramente lo habría creado híbrido), o arrancar el coche sin llave, solo con nuestro Smartphone. La comodidad durante el trayecto y la seguridad habrían sido otra de sus preocupaciones, dentro y fuera del habitáculo, para los pasajeros y para los peatones. Desde luego, Steve lo habría pensado y analizado todo.

El iCar me ve llegar o, mejor dicho, me «geoposiciona» y se desbloquea al acercarme. Me reconoce por el móvil y por el iris de mi retina. No hay indicadores mecánicos. Todo serían pantallas que me irían proporcionando los datos que necesito, ni más ni menos ―no es recomendable que el conductor se despiste―.

Enciendo el navegador 3D, selecciono luz ambiente autoajustable y recibo permiso para iniciar el movimiento de mi vehículo. Con solo apretar el acelerador me coloca automáticamente en el carril adecuado. No he tocado aún el volante ―que sería un joystick―, y ya estoy circulando, seguro y confortable, como le gustaba a Steve.

Es una pena saber que el futuro de la automoción no está en manos de Steve. Solo confío en que alguien sea capaz de recoger su testigo y continuar desarrollando el iCar. Por todos los que adoramos conducir, por esos empresarios italianos que han visto cómo se hacían famosos en pocas horas, y por La Rioja, donde su Ilustre Colegio de Abogados tiene el honor de poseer el dominio iCar.es, uno de esos genéricos que a muchos de nosotros nos habría gustado poder poseer, sentarnos una tarde con Jobs a tomar una taza de té y departir juntos de lo humano y de lo divino mientras nuestros abogados cerraban el acuerdo de transferencia de la marca, o de un simple dominio .com.

De dónde salen las ideas de Apple

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Apple, la empresa más rentable del mundo de la tecnología, tiene unas pequeñas oficinas en Reno, en el estado de Nevada. En esas oficinas no se está desarrollando el diseño del nuevo iPhone, ni tampoco es donde se atienden las miles de llamadas que los usuarios de Apple realizan a diario para averiguar cómo pueden mejorar sus equipos. Ni tan siquiera cabe decir que nadie ha visto nunca grandes eventos de Apple en Reno, Nevada.

Sin embargo, ése el lugar del que salen todas las nuevas ideas del fabricante de la manzana o, para ser más exactos, es la oficina de la que salen las nuevas formas para ganar más dinero pagando menos impuestos a lo largo y ancho del mundo. Con un puñado de empleados en una pequeña oficina, Apple ha logrado algo central en su estrategia corporativa: ha evitado miles de millones de dólares en impuestos en Estados Unidos y en el resto del mundo.

La creación de una oficina en Reno es uno de los muchos métodos legales ―aunque prefiero llamarlo «alegales»― que Apple utiliza para reducir su factura de impuestos. Lo hace del mismo modo en lugares como Irlanda, los Países Bajos o Luxemburgo, así como en maravillosos paraísos fiscales con nombres evocadores donde ha instalado sus filiales, siempre en países que gozan de unos impuestos realmente bajos en los que sus instalaciones muchas veces son tan escasas como un buzón o una pequeña oficina evidentemente anónima.

Las primeras previsiones de este año indican unos beneficios para la compañía, antes de impuestos, de cerca de 40.000 millones de euros, lo que supone un record en toda regla, una cantidad lo suficientemente atractiva como para evaluar de qué manera pueden evitar el abono de cuantiosos impuestos. Aunque sean porcentajes pequeños, los estrategas de la empresa siempre los verán como miles de millones de euros desaprovechados para su causa.

Apple no es el único que utiliza tretas fiscales para huir del fisco. Google, Amazon, Hewlett-Packard y Microsoft tienen ingentes ingresos que no provienen de la venta de productos físicos, sino de derechos de propiedad intelectual, como las patentes de software que hacen funcionar los dispositivos. En otras ocasiones los propios productos son digitales, como canciones, libros electrónicos, aplicaciones para móviles, software de gestión…. En esos casos, que representan un gran porcentaje de sus ingresos, les resulta muy fácil y rentable trasladar las ganancias a agradecidos países con impuestos reducidos.

Según un estudio que presentaba recientemente el NYT en Estados Unidos, las empresas tecnológicas están pagando, de media, un tercio menos de impuestos que el resto de las grandes corporaciones, y eso gracias a las estrategias empresariales que se aprovechan de flagrantes lagunas en el código tributario. Apple fue la primera empresa que diseñó y utilizo la ya famosa  «Double Irish With a Dutch Sandwich» (irlandés doble con sándwich holandés), que reduce el pago de impuestos merced al uso de filiales instaladas en Irlanda y en los Países Bajos para poder desviar todo el dinero «defraudado legalmente» a paraísos fiscales en el Caribe.

Parece que para estos gigantes el viejo continente es, y seguirán siendo durante muchos años, su propio «OK corral» donde pueden venir a dejar sus miserias y a llevarse nuestros euros. De ese modo podrán seguir creando un mundo feliz que para muchos está dejando de ser real y se está volviendo de cartón piedra, como los viejos decorados de las películas de los años 80, con los que la factoría Hollywood nos hacía ver una realidad muy diferente de la que nos tocaba vivir.

Ahora ya sabemos lo fácil que es desarrollar productos geniales, ser un referente en el sector y provocar la envidia de muchos, comprar decenas de compañías cada año y talento a diario. Lo verdaderamente complicado es devolver a la sociedad una parte de todo lo que te ha dado, sobre todo cuando esa parte se llama impuestos y, entre otras cosas, sirven para ayudar a nuevas empresas a desarrollar los Facebook, iPhones y medicamentos del futuro. Y, por qué no, algunos de ellos con un merecido apellido español.

Todo negocio empieza por un nombre

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Por desgracia no se crean tantas empresas como a todos nos gustaría y, lo que es peor, muchas no pasan de su primer año de vida. Esto tiene muy variadas causas. Una de ellas, que sin ser la más importante tiene que ser mimada desde el día cero, es la del nombre.

Cada día recibo varios mails donde se me presentan nuevas iniciativas. Algunas de ellas sufren lo que yo llamo «mal del nombre», algo muy extendido en las tan de moda aplicaciones móviles. Para el emprendedor, el nombre de su aplicación tiene una importancia relativa, por no decir nula. Se amparan en que a los usuarios no les importa cuál es el nombre de la «app», tan solo que funcione y cumpla sus cometidos. No deja de ser una curiosa forma de defender su marca entre las miles de aplicaciones que se lanzan mensualmente.

Los buenos nombres no son fáciles de crear. Hay verdaderos especialistas para ello. La respuesta a una dificultad no puede ser esconder la cabeza y argumentar que, como son difíciles de encontrar, pasamos página, invertimos solo lo que nos cueste el dominio de la página web, aceptamos como bueno uno que no nos termina de disgustar y, más tarde, cuando seamos grandes y famosos, ya compraremos el bueno, el dominio oficial.

Todas estas excusas son válidas para muchos. En última instancia, son solo eso, malas excusas. Los empresarios que las usan no tienen una conciencia clara de la importancia de su marca. Ésta refleja lo que somos y lo que queremos ser, así como nuestras aspiraciones. Un nombre mal elegido por desgana o por un mal planteamiento empresarial muestra una falta de atención en los detalles, en el cuidado del cliente, en el mensaje que proyecta y, en definitiva, en el trabajo de cada día.

Todos podemos crear nombres muy creativos ―como Quavittum.com―, y todos pensaremos que es, sin duda, lo que refleja. El problema es saber lo que refleja, consultoría o empresa de biotecnología, una agencia de medios sociales o, quizás, una plataforma de compras grupales.

Nada no significa nada, excepto para el creador del nombre. Le pondremos un bastón, un soporte, una frase debajo del logo que me indique su actividad empresarial. Las grandes marcas lo tienen, o quizás no. Un gran nombre transmite lo que buscamos: definir en un segundo una actividad y destacar sobre el resto. Facebook, Google y otros tantos «punto com» no son solo buenos productos, sino también excelentes nombres.

A pesar de la frustración de tener que invertir tiempo y dinero en la definición de un nombre para su nueva empresa, dar con uno no excesivamente malo es un proceso sencillo. Empiece por hacer una lista con las palabras clave que definen su negocio, identifique a su competencia y, especialmente, aquellos nombres que son sus favoritos, los que mejor están calando en la sociedad, y vea cómo están formados.

Debe encontrar un valor único en su negocio y centrarse en los aspectos diferenciales. Ser claros, olvidarnos de complicadas estructuras que hacen imposible recordar la marca, incluso para sus fundadores. Es preciso evitar lo genérico. No se centre exclusivamente en los servicios o productos que vende u ofrece, y no se canse nunca de analizar y de observar las reacciones que provoca en su entorno. Solo así sabrá la respuesta del mercado cuando los lance.

Y un último consejo: si el «.com» o el «.es» no están libres, vuelva a empezar de cero.

El mundo no sigue las reglas de Google

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Hace pocos días Sergey Brin, cofundador de Google junto a Larry Page, dio una entrevista en exclusiva al diario inglés The Guardian en la que reflejaba sus miedos ante aquellos que van en contra de la apertura y libertades que ofrece la Red, y que, para él, se encarnan en Apple y Facebok. Para Sergey, estos dos gigantes informáticos se están dedicando a poner puertas al campo y controles de acceso en cada una de las nuevas aplicaciones o dispositivos que lanzan al mercado.

Sergey ha caído en la misma trampa que otros grandes ejecutivos, demostrando cómo años y años de estudiadas acciones de marketing, de palabras medidas y de control del staff, se desmoronan como un simple castillo de naipes tras una entrevista.

En pocas horas, cientos de comentarios de internautas han ido colocando a Google punto por punto en su situación real. Los usuarios de Internet saben que el gigante americano no está temeroso del final de la red tal y como la conocemos. Google solo intenta mantener un modelo de negocio que les ha sido muy rentable, independientemente del número de leyes que se tengan que saltar a lo largo y ancho de todo el mundo.

Google sabe que Apple lidera muchos campos. El que más le duele, las aplicaciones para Smartphone, y ese es un terreno donde su buscador no puede arrancar información a los usuarios y eso no le gusta. Por ese motivo regala la licencia de su dispositivo Android para poder conocer lo que hace y dice cada uno de los 600.000 nuevos usuarios que adquieren diariamente un teléfono inteligente con tecnología Android.

Google tampoco sabe como atacar a Facebook. Una vez que los internautas inician su sesión, escapan del poder de Google. Durante horas, el buscador no sabe qué hace, qué dice, qué busca, qué imágenes sube o cuáles comenta; no sabe nada y eso le desespera.

Ellos, que cada día analizan los datos que tenemos cada uno de nosotros en nuestro gestor de correo de Gmail, que saben lo que buscamos diariamente gracias a su propio buscador, que conoce incluso nuestras preferencias ideológicas gracias al análisis de nuestros perfiles por herramientas propias como  youtube,  ven desde hace meses que una gran parte del pastel de la publicidad la van a perder si no vuelven a recuperar el control, a poder disponer de toda nuestra información privada sin tener que pagar ni un solo euro por ello.

Sergey se queja, y seguramente defendiendo a sus inversores, de que Facebook les obliga a jugar con unas reglas muy restrictivas, reglas impuestas por los diferentes organismos públicos internacionales para que la privacidad de los consumidores sea igual dentro que fuera de la red. Es algo que todavía no se ha conseguido, pero cuya ausencia representó el mayor éxito comercial y empresarial para este par de estudiantes universitarios allá por el 2000.

Y, como no, en una época donde todo aquel que se pone en contra de gobiernos y de leyes parece que gana puntos, Sergey ataca duramente a todos aquellos países que tratan, cada vez con más fuerza, de controlar el acceso y la comunicación de sus ciudadanos. Pero es curioso ver cómo no atacaba tanto al gobierno chino cuando vio peligrar su permanencia en el coloso asiático. Entonces, para mantener contentos a sus socios, decidió aceptar todas y cada una de las directrices que el gobierno chino le impuso para poder continuar en un mercado que tiene actualmente más de 500 millones de internautas, aunque eso fuera claramente en contra de lo que supuestamente defienden.

Sergey, parece que Google finalmente tendrá que aceptar la reglas, como todos.