Hay muchas razones para echar de menos a una persona como Steve Jobs: por su forma única de entender el tan mal usado concepto de «innovación», por el gusto por el diseño alemán y, muy especialmente, por el cuidado de las escuelas europeas en los detalles y en la calidad. Sin embargo, desde hace unos días nadie se acuerda tanto del difunto Steve Jobs como unos empresarios de Milán: los legítimos dueños de la marca iCar.
Icar SpA Industria Condensatori, que dispone de oficinas en Monza y tiene su dirección legal en Milán, con un capital social de 12 millones de euros, ha visto cómo en unos pocos días las visitas a su página web se contaban por miles, desde todos los países de nuestro viejo planeta Tierra.
Icar SpA, legítimo propietario de la marca iCar y del dominio iCar.com, ha debido estar muchas veces en el pensamiento de Steve Jobs para averiguar de qué manera se podría hacer con ambos productos, antes de lanzar al mercado el que consideraban que podría adueñarse fácilmente del 50% de la cuota de mercado. Estos números, en principio, me parecen demasiado abultados, aunque Steve tenía la virtud de convertir en oro todo lo que tocaba. Por desgracia, todo menos su frágil salud.
Mickey Drexler, miembro del Consejo de Administración de Apple, habla de un 50% de cuota de mercado en un país donde la crisis ha pegado muy fuerte en un sector del que siempre han estado muy orgullosos. Sin embargo ahora, con el precio de la gasolina subiendo cada día más, los grandes coches de 6 y 8 cilindros con 400 o 500 CV están dando paso a pequeños utilitarios producidos principalmente por fabricantes japoneses.
En este entorno es en el que la mente siempre prodigiosa de Jobs tenía entre sus decenas de proyectos inconclusos desarrollar un automóvil fiel al diseño de la compañía de la manzana. Un coche 100% conectado con el usuario que nos permitiría decidir la temperatura interior en el momento en que se fuera a usar, conocer el nivel de sus baterías y del depósito (Steve seguramente lo habría creado híbrido), o arrancar el coche sin llave, solo con nuestro Smartphone. La comodidad durante el trayecto y la seguridad habrían sido otra de sus preocupaciones, dentro y fuera del habitáculo, para los pasajeros y para los peatones. Desde luego, Steve lo habría pensado y analizado todo.
El iCar me ve llegar o, mejor dicho, me «geoposiciona» y se desbloquea al acercarme. Me reconoce por el móvil y por el iris de mi retina. No hay indicadores mecánicos. Todo serían pantallas que me irían proporcionando los datos que necesito, ni más ni menos ―no es recomendable que el conductor se despiste―.
Enciendo el navegador 3D, selecciono luz ambiente autoajustable y recibo permiso para iniciar el movimiento de mi vehículo. Con solo apretar el acelerador me coloca automáticamente en el carril adecuado. No he tocado aún el volante ―que sería un joystick―, y ya estoy circulando, seguro y confortable, como le gustaba a Steve.
Es una pena saber que el futuro de la automoción no está en manos de Steve. Solo confío en que alguien sea capaz de recoger su testigo y continuar desarrollando el iCar. Por todos los que adoramos conducir, por esos empresarios italianos que han visto cómo se hacían famosos en pocas horas, y por La Rioja, donde su Ilustre Colegio de Abogados tiene el honor de poseer el dominio iCar.es, uno de esos genéricos que a muchos de nosotros nos habría gustado poder poseer, sentarnos una tarde con Jobs a tomar una taza de té y departir juntos de lo humano y de lo divino mientras nuestros abogados cerraban el acuerdo de transferencia de la marca, o de un simple dominio .com.


Empresario del sector de la tecnología desde 1998, Inversor Privado en empresas de carácter innovador, Vicepresidente de la AIEI y autor de “Ha llegado la hora de montar tu empresa” y “Desnudando a Google”. (Deusto)