42 kilómetros de emociones

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Hace dos domingos viví sensaciones increíbles en Nueva York . Tenía lugar su famosa Marathon y salí a ver a los corredores. Entre ellos estaban varios amigos y también mi marido. Había corredores de todo tipo, no sólo cuerpos esculturales y acostumbrados al entrenamiento, sino también gente que era evidente que había decidido hacer aquel gran esfuerzo deportivo de forma excepcional. Gente que no se dedica al deporte profesionalmente y que por una promesa o por cualquier otra causa se había embarcado en aquella aventura. Entre ellos vi a un señor que aparentaba unos 80 años y que avanzaba a duras penas, pero que sacaba a cada paso fuerzas para seguir haciéndolo…

Tuve la suerte de que mis amigos María Luisa Francoli y su marido Gustavo me invitaran a la carpa del New York Times a pie de Meta. Ver en primera línea el final de la carrera me hizo recordar, en parte, el esfuerzo de un parto y las lágrimas de emoción cuando se consigue algo tan grande. El pie de Meta es un sitio privilegiado. Ver las caras de todas las personas que había visto en la calle 71 (km 27 del recorrido) y que habían logrado resistir hasta los 42 km que dura el recorrido te emociona. Muchos alcanzaban la meta llorando.

Me dio algo de envidia, lo reconozco. ¿Sería yo capaz de hacerlo? Creo que sólo necesito encontrar una motivación. ¿Os animarías conmigo?

Enhorabuena a los 47.000 participantes y a todos los amigos que la han corrido alguna vez: María Fitz James, Alfonso Borbón, Gigi Sarasola, José Herrero , César Ruiz, Javier Espi, Antonio Martinez-Rumbo, Juan Riva, Samantha Vallejo Nájera, Josechu Ferrer, Juan Antonio Samaranch…y, por supuesto a mi marido (que tanto admiro), Jose María Pasquín.

 

Un Halloween diferente

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Han tenido que pasar 45 años para que yo haya disfrutado como una niña de una fiesta que nunca me gustó demasiado. Me refiero a Halloween, una fiesta que los americanos celebran por todo lo alto y que viene de la cultura anglosajona. Los celtas pensaban que el día 31de octubre  los espíritus salían de los cementerios para apoderarse de los vivos, para ello decoraban las casas de forma siniestra para asustarles y que  no entraran. Les hacían conjuros y de ahí viene el conocido truco – trato.

Invitados por unos amigos españoles totalmente integrados en la vida familiar neoyorquina recorrimos, a principios de noviembre, las diferentes casas de un barrio maravilloso que se llama Forest Hills. Me ha sorprendido el cuidado y el detalle con que los americanos decoran sus casas y el esfuerzo para que no falte de nada. La decoración de las casas supera la ciencia ficción y los mayores disfrutan igual que los niños. Lápidas en los jardines, tumbas abiertas, personajes macabros escondidos entre la vegetación, calaveras abandonadas a su suerte, fantasmas hechos con sábanas, metros y metros de telas de araña… Y cómo no, la tradicional calabaza iluminada, que podía contarse por cientos si no por miles.

Se entregan los dulces más elaborados y chocolates de todo tipo, lo que hace que la calle sea una fiesta. Sólo por ver la cara de los niños disfrazados de los personajes de sus pesadillas merece la pena perderse en este barrio unas horas. ¡Un barrio de cuento de miedo!

¡Bienvenidos a Sensaciones!

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Soy Nuria March. Quiero compartir con vosotros, a partir de ahora y tras muchos años trabajando en el mundo del lujo, alguna de las sensaciones de mi día a día. Esos instantes exclusivos, que no se pueden comprar con dinero, momentos y experiencias que me hacen disfrutar de la vida de otra forma.

Os invito a conocer esas pequeñas cosas que me hacen feliz. Me encantaría que vosotros también me contarais alguno de vuestros pequeños placeres. Estoy muy contenta de inaugurar este blog.

¡Bienvenidos a Sensaciones!