El whatsapp o la vida

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Al principio pensé (creo que como todos) que esta inocente aplicación iba a hacerme la vida más fácil. A medio camino entre el sms y la llamada, todos le dimos la bienvenida con los brazos abiertos, pero… ¡Yo ya no puedo más! Antes me sentía libre de no contestar un mensaje en el momento si no me apetecía o no podía, pero con whatsapp eso se acabó, ¡el whatsapp es un chivato! “Acabas de ver mi mensaje y pasas de mí”, ¿cuántas discusiones habrán comenzado así en los últimos meses? Eso por no hablar del riesgo serio de accidente que supone eso de ir tecleando como locos por la calle con la mirada clavada en la pantalla.

No me extraña que algunas personas experimenten angustia o ansiedad ante un mensaje que llega en un mal momento y necesita ser respondido inmediatamente para no generar males mayores.

¿Y qué hacer cuando hemos sido prácticamente alienados por esta aplicación? Pues para evitar la triste escena de ver a varias personas reunidas en silencio en un restaurante tecleando cada una en su pantalla, ha surgido un juego que permite que esas personas se miren, se comuniquen e incluso hasta hablen entre ellas. Cuando veas en una cena de grupo todos los móviles amontonados en el centro de la mesa, es que esas personas están jugando al ya famoso juego “adiós al móvil”. La norma es que uno debe olvidarse del móvil hasta el final de los postres, pero si alguno cae en la tentación y lo coge antes, ¡paga la cena a todo el grupo!

 

Cada vez recibo más whatsapp y menos llamadas. Mis pulgares están empezando a cabrearse. Como esto siga así les veo organizando una revuelta popular. ¿Y si abandonara para siempre el whatsapp? ¿Qué pasaría? Absolutamente nada. Eso es lo curioso. Es una de esas cosas imprescindibles pero a la vez absolutamente innecesarias.

Lo cierto es que eso de oír la voz de alguien al otro lado empieza a tener un cierto toque exótico. ¿No os parece? ¿Podríais vivir sin whatsapp?

5 comentarios a “El whatsapp o la vida”

  1. Cristina Pérez arias

    Estoy absolutamente abducida por este maldito whatsapp que me hace incluso parámetros en la calle a contestar un mensaje, yo que me las doy de independiente………………. Y dependo de este maldito método Voy a intentar bajar el nivel!

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  2. Chema

    Pues ni whatsapp ni teléfono móvil Nuria. Y no sólo se puede vivir sin ellos, sino que además se vive más tranquilo… ¿Se puede vivir sin los dos?… :-)

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  3. Alberto

    Todo empieza por tener las cosas claras: con los amigos se habla porque es una satisfacción, porque se tiene ganas de estar juntos. Y quienes realmente desean estar juntos consiguen hacerse tiempo para compartir y disfrutar.
    Cuando ese tiempo se acaba, quien tiene las cosas claras se da cuenta de que los amigos pueden estar trabajando, resolviendo problemas, conviviendo con su familia o practicando el hoy desusado hábito de estar consigo mismos.
    Pero la sola invención de un método fácil –y gratuito- para ampliar la comunicación a todas las horas de todos los días parece ser un llamado a decirse cualquier cosa, y a creer que el otro está obligado a responderla “o no es un buen amigo”.
    Hay que empezar preguntándose si no será que uno mismo no es un buen amigo, porque estarle encima a otra persona por cualquier tema y en cualquier momento es no quererla de verdad, es quererse a sí mismo y pretender hacer girar a los demás alrededor de uno.
    No es culpa del whatsapp ni de nada que se haya inventado: es incapacidad para estar consigo mismo y para vivir algún momento de saludable silencio.
    Si somos capaces de disfrutar el silencio, si somos capaces de encontrar respuesta por nuestra cuenta a las complicaciones de cada día, seremos capaces de disfrutar de la vida.
    Y si en la vida importan los amigos, estemos decididos a hacernos tiempo de estar con ellos para compartir esos momentos con verdadera intensidad.

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  4. Leticia

    Cierto Nuria! a veces es como una soga… pero la tecnología no tiene cerebro ni alma, solo viene para ayudar, depende de nosotros usarla bien o dejar que nos posea. Buena reflexión, yo también voto por usarla con moderación y desde luego llamar a la gente y escribirle cartas incluso, ¡que es un gusto recibir un manuscrito! hoy somos afortunados, podemos ir a 100 a 20. hay que jugar con estas velocidades para no morir de prisa.

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