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La deuda de la Comunidad de Madrid

La deuda de Madrid suma y sigue. Son ya 23.365,3 millones de euros los que madrileños y madrileñas debemos a cierre del año 2014. A pesar de las medidas para tratar de contener el gasto, trimestre tras trimestre la deuda no deja de aumentar.

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Fuente: Comunidad de Madrid e Intermoney

Conocíamos hace unos días, la decisión por parte de Standard and Poor’s de mantener la calificación crediticia de la Comunidad en ‘BBB’ con perspectiva estable, esto es, capacidad adecuada para hacer frente a compromisos financieros pero susceptible a condiciones económicas adversas. Recordamos que Madrid en ningún momento se ha acogido al Fondo de Liquidez Autonómico, una línea de crédito con tipos de interés en torno al 5,5% que otorga el Gobierno a las Comunidades para financiar sus políticas y no tener que acudir a los mercados.

Fuente: Comunidad de Madrid

De aquí a al 2020 la Comunidad tiene el compromiso de devolver 13.000 millones de euros, todo un esfuerzo que puede lastrar las cuentas de Madrid. Además, según la página web orientada a inversores, el 70% de la deuda es a tipo de interés fijo por lo tanto la bajada experimentada en los tipos a lo largo de estos dos años no va a tener repercusión en los intereses a pagar hasta ahora. Sí tendrá impacto en las nuevas emisiones, que podrán ser lanzadas al mercado a un tipo inferior.

Fuente: Banco de España

Fuente: Banco de España

Por otra parte, Madrid es la cuarta comunidad con menos paro y sus perspectivas son positivas. El repunte de la actividad empresarial, la mejora de beneficios y el aumento de la recaudación son variables que le pueden ayudar a salir del atolladero. Políticas como deducciones por invertir en PYMES y facilidades de crédito suponen la senda a seguir para alcanzar una mayor creación de empleo. Esperemos que el elevado endeudamiento de Madrid no suponga un excesivo lastre para las perspectivas futuras y el desarrollo de esta comunidad.

El precio del hambre

 

Querido lector, ¿sabe cuánto cuesta un kilo de harina de trigo o un kilo de maíz?  Quizá para nosotros, los cereales no son parte mayoritaria de nuestra dieta y tenemos la posibilidad de comprar otros alimentos que satisfagan nuestras necesidades calóricas. Además, unos céntimos arriba o abajo en su precio, no nos suponen gran diferencia. Sin embargo, países en vías de desarrollo que basan su alimentación en harinas y grano sufren grandes problemas para llenar sus cestas. Por curioso que pueda parecer, los precios de numerosas materias primas y en especial ciertos alimentos son fijados mediante contratos de futuros y opciones en el Chicago Board of Trade (CBOT). Esta entidad, creada en 1848 para que agricultores y ganaderos aseguraran un precio mínimo para su producción, es la encargada de gestionar la plataforma a través de la cual se intercambian dichos contratos. Los productores se garantizan un precio determinado para su producción y clientes eliminan el riesgo de futuras subidas en las materias primas.

Intermediarios negociando contratos en el pit del Chicago Board of Trade.

Intermediarios negociando contratos en el pit del Chicago Board of Trade.

Hoy en día la situación es bastante, cuanto menos, curiosa. Cualquiera puede entrar en dicho mercado: bancos, fondos de inversión, inversores individuales… Son ahora los nuevos dueños de bushels y bushels (unidad de medida anglosajona usada para el comercio de granos y harinas) sin ni siquiera dedicarse al sector de la alimentación. Vivimos en un mundo globalizado donde las barreras a los intercambios comerciales son muy pequeñas, y si en Canadá tienen más renta disponible que en Togo, pueden imaginar a qué mercado me voy a dirigir con independencia de la escasez que vaya a generar. Cualquiera puede especular en este negocio que quita el hambre.

Un contrato estándar de maíz suponen 5.000 bushels, es decir, 130.000 kilos aproximadamente. Su precio varía constantemente regido por la oferta y la demanda viéndose influido por el clima, la calidad de la cosecha o el estado de la economía en general.

Precio del futuro sobre el maíz.

Precio del futuro sobre el maíz. elEconomista.

Juzguen ustedes mismos, ¿es de justicia social que el precio de la avena, la soja o el maíz comprado en Ecuador sea fijado a miles de kilómetros y en una moneda distinta?

Deflación a la española

La inflación se define como el aumento generalizado y sostenido de los precios de una economía. Cuando los precios suben, cada unidad monetaria alcanza para adquirir una cantidad menor de bienes y servicios. Una baja tasa de inflación, en torno al 2%, es considerada sana por los bancos centrales para el normal desarrollo de una economía. 

Todos hemos escuchado a nuestros mayores decir alguna vez aquello de “en mis tiempos con 25 pesetas daba para la entrada del cine, palomitas y el billete de vuelta”.

En épocas de crisis e incertidumbre económica, el debilitamiento de la demanda induce a bajadas en los precios para tratar de sostener las ventas. A priori, puede parecer una situación ventajosa dado que comparativamente nuestro dinero vale más. Esta bajada prolongada en los precios de los bienes es conocida como deflación y nos toca muy de cerca. Entendiendo que las personas actuamos de un modo racional, la expectativa de revalorización futura del dinero crea un aumento del ahorro para posponer el consumo.

En España, el Instituto Nacional de Estadística es el encargado de publicar el IPC o Índice de Precios al Consumo. Este índice calcula las variaciones en los precios de una cesta de productos representativa del consumo de las familias.

La línea negra representa la variación anual de los precios, en el último año oscila en tasas cercanas a cero. INE.

La línea negra representa la variación anual de los precios, en el último año oscila en tasas cercanas a cero. INE.

¿Por qué España corre riesgo de entrar en un proceso deflacionario? A principios de los 2000 la economía marchaba viento en popa: las empresas obtenían suculentos beneficios, los salarios crecían y los precios de los pisos se disparaban. Tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, un gran stock de vivienda quedó sin vender y muchos de los trabajadores del sector fueron despedidos. Esta caída de ingresos por parte de las familias provocó un parón en el consumo, forzando a las empresas a bajar precios para tratar de atraer demanda. Con menores márgenes de beneficio, los empresarios prescinden de capital humano (y al ser despedidos, dejan de recibir un salario). Menos dinero en manos del público implica todavía un menor consumo, que puede repetir este fenómeno una y otra vez, agravando aun más la situación.

Las administraciones, entendidas como gobiernos y bancos centrales, deben estimular la demanda para así reactivar la economía. Una bajada de tipos de interés, facilidades de crédito y un aumento del gasto público son buenas medidas para luchar contra la deflación. La Gran Depresión o la Década perdida japonesa constituyen grandes ejemplos de procesos deflacionarios que acabaron en catástrofes económicas. Desde aquí digo, ¡Mario Draghi no nos falles!