La costumbre de decir una cosa y votar otra

Publicado por en Agua, Broncas Consell-Gobierno, Columna edición escrita, Financiación autonómica, Política.

Los regantes de la Ribera vienen quejándose desde marzo de la “traición” de la Generalitat y el Ministerio, que pactaron a sus espaldas con los de Alicante una cesión de agua que se sumó como protocolo al Plan de Cuenca del Júcar, media hora antes votarse en el Consejo Nacional del Agua. El cambio motivó que su representante en el Consejo, enfadado, se abstuviera. No votó en contra, le recuerda ahora la Generalitat.

En 2009, el entonces conseller de Hacienda, Gerardo Camps, criticó que el nuevo modelo de financiación propuesto por el Gobierno de Zapatero situaba a la Comunidad Valenciana “a la cola de la financiación per cápita”. Ante el panorama para los cinco años siguientes, lo lógico habría sido votar en contra, pero Camps se abstuvo, siguiendo órdenes del coordinador de Economía del PP, Cristóbal Montoro. El hoy diputado por Alicante sigue a las órdenes del hoy ministro, votando en el Congreso contra cualquier mejora de la inversión estatal o la financiación para su tierra.

El otro día, el conseller Moragues acudió al Consejo de Política Fiscal y Financiera a advertir de que la Comunidad no iba a cumplir el objetivo de déficit si el nuevo modelo no entra en vigor el 1 de enero de 2014 con efectos retroactivos. Montoro dijo que no, que para la próxima legislatura, y Moragues, siguiendo la disciplina de partido y la costumbre valenciana de decir una cosa y votar otra, apoyó el límite del 1 por ciento que asegura que no va a cumplir.

Ahora que los empresarios valencianos han escenificado su enfado y Fabra les ha buscado nada menos que una cita con Montoro, es previsible que Ximo Puig coja el decálogo de obras de infraestructura prioritarias que le van a entregar y lo presente en el Congreso como propuesta. Los diputados del PP, incluido Gerardo Camps, votarán en contra. El “problema valenciano”, como lo denominó Puig, no ha llegado a Madrid, donde la atención sigue puesta en Cataluña, Andalucía y, por supuesto, Madrid. Valencia es invisible. El día que alguien vote contra los suyos es posible que capte algo más de atención.

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