La desconfianza de los distribuidores

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Aprecio en los diferentes proyectos que realizo con empresas que existe una tensión entre el fabricante y el distribuidor. Una relación que da muestras de desconfianza por parte del distribuidor que empieza a no ver clara la intención  del que que ha sido su socio durante muchos años. ¿De dónde surge la duda?

Mencionar que la crisis ha generado un nuevo modelo de gestión y relación es muy redundante, todos lo sabemos. Este nuevo modelo significa un importante cambio que empieza por el comportamiento del cliente que ha modificado sus necesidades y prioridades. El cliente cuenta con una gran cantidad de información y se ha convertido el centro del negocio, agasajado por múltiples empresas que necesitan que elija su producto en vez del de la competencia en un mercado donde la oferta es mayor que la demanda. La relación con el cliente final en muchos casos la ha mantenido el distribuidor que se ve afectado por este cambio de comportamiento que le implica cambiar también a él.

Mientras que el distribuidor digiere los nuevos requerimientos del cliente, el fabricante aprecia que si quiere crecer y que el cliente final sea consciente del valor que le aporta, necesita estar cerca de él. Siente que al distribuidor le cuesta cambiar y quiere seguir manteniendo el mismo nivel de relación tanto con el fabricante como con el cliente, especialmente en lo referente a márgenes y servicios prestados. Todo ello en una relación donde el fabricante suele ser de un tamaño bastante superior al distribuidor por lo que podría integrarse y comenzar a realizar sus funciones de una manera bastante rápida y sencilla.

Si yo fuese distribuidor sin duda estaría preocupado. Un cliente que tiene el poder y condiciona la relación comercial ,y un fabricante de mayor tamaño que quiere crecer y ve que el distribuidor se puede convertir en una barrera para conseguirlo. ¿Un panorama oscuro o una gran oportunidad?

Como muchas cosas en esta vida, según se encare la situación. Si la actitud es defensiva, intentando mantenerse inmovilista para que sus condiciones no cambien, su futuro me suena a complicado. Por el contrario, si busca la manera en la que su participación aporte valor al fabricante y al cliente, busca  nuevas formas de colaboración, la perspectiva muestra más claros que sombras.  La forma de desempeñar su negocio cambiará pero seguirá subido a un barco que ha sido seguro y rentable durante muchos años y del que tendrá que desembarcar si no se adapta al nuevo entorno y aporta valor.Es imprescindible que salga de su isla de confort, rompa paradigmas y busque nuevas formas de encuentro tanto con el fabricante como con el cliente.

Mientras que decide si estar en el barco o bajarse, la desconfianza se va apoderando de él y cada día se hace más difícil la relación. Al menos por mi experiencia no importa mucho el sector: construcción, alimentación, alta tecnología… al final es un nuevo modelo en el que las partes tienen que encontrar la forma de aportar valor y que este sea apreciado por el resto de jugadores. Un reto y una oportunidad por la que luchar.

Aquí la palabra clave es VALOR y que sea apreciado por el resto de las partes. ¡Todo un reto!

A ser coherentes!

 

 

 

España contra Cataluña

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La senda independentista catalana le lleva a crear foros como el denominado “España contra Cataluña”, donde el objetivo es demostrar lo mala que es España con ellos, lo oprimidos que han vivido, cuánto les han robado o espoliado,  y el trato discriminatorio al que han sido sometidos. Los fieles a la causa han sido bien adoctrinados durante décadas por medio de una educación separatista donde la historia se reinventa y las culpas siempre son del mismo. Si un niño escucha de forma continua en la escuela o en casa historias negativas hace una persona, grupo, raza o institución es inevitable que cuando crezca odie a los “señores malos”, aunque esos señores tan malos en estos momentos les estén pagando la escuela, la sanidad u otros servicios esenciales; sin duda pensará que si lo hacen es porque algo les interesa, porque los malos siempre son malos.

Hace unas semanas publicaba el post ” La compleja relación entre finanzas y ventas” y poco más tarde “¡Pobre!,Todos contra él”. Ambos se podían incorporar a la esencia de”España contra Cataluña”. Una relación compleja donde el día a día, los chismes, las relaciones personales, el carácter egocéntrico de los líderes e intereses económicos hacen que en vez de velar por el interés global, se mire por el personal, y cuando uno no consigue lo que quiere, rápidamente proclama eso tan sencillo de “me tienen manía” o “Todos contra mí”

Mientras que en el mundo se habla de finanzas  globales, de eficiencia, orientación al cliente, cooperación o mercados únicos, algunos políticos catalanes  hablan de separatismo, ineficiencia en la utilización de recursos, orientación a la política en vez de al ciudadano, separatismo y odio.

El mundo empresarial y los directivos sabemos muy bien que significa el enfrentamiento entre personas, departamentos o unidades de negocio y no es otra cosa que peores resultados, desmotivación, fractura y hasta desaparición de la empresa.

Yo viví en primera persona el enfrentamiento entre un Director General y un Director Financiero. Cada uno iba ganando adeptos para su causa. Cada uno contaba realidades, exageraciones o mentiras sobre el otro que a base de repetirlas se convertían en hechos probados. La situación se volvió insostenible, era imposible convivir en ese ambiente y los resultados de la empresa empeoraron significativamente. Llegó un momento que estábamos más pendientes de la batalla que de lo importante como era el cliente, la eficiencia y el negocio. Cuando la situación resultaba ya insostenible, el Presidente de la compañía decidió intervenir; los dos a la calle. Sin embargo el daño ya estaba hecho, las rencillas quedaron y no hubo tiempo suficiente para repararlas.  La empresa cerró su subsidiaria  un año más tarde. Todos habían perdido.

Esperemos que no sea demasiado tarde y en España y Cataluña no perdamos todos.

A ser coherentes!

 

Directivo y valores personales

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Cuando pregunto a mis alumnos cuáles son los valores directivos que más valor crean para la empresa surgen de manera recurrente algunos como transparencia, compromiso, coherencia… sin duda son valores de gran importancia por lo que dicen de la persona y lo que transmiten a la organización. Por desgracia, en más empresas de las que nos imaginamos, los valores se tienen poco en cuenta y esto repercute en otro aspecto de mucha importancia como es la cultura empresarial. Los valores juegan un papel esencial a la hora de definir la estrategia de la empresa, su cultura y el comportamiento de las personas que forman la organización.

Tal vez sea por este motivo que cuando apreciamos que un directivo se comporta al margen de los valores que son parte de la empresa, el impacto negativo que nos produce es grande, como ocurre en el caso que un buen amigo, que completamente abatido, me comentaba hace unos días:

Hace unos años pensamos en lanzar una nueva línea de producto. Dando vueltas a la idea, el director editorial nos propuso que conociésemos a una empresa que tenía una larga experiencia en este tipo de productos con el objetivo de analizar conjuntamente la oportunidad de negocio y la opción de establecer una alianza.

Durante varios meses mantuvimos diferentes reuniones en las que nos fuimos conociendo. Parte del comité de dirección presentaba dudas sobre la idoneidad de “casarnos” con esta empresa. Sin embargo, el director editorial defendía la conveniencia de hacerlo, defendiendo el valor del acuerdo y la capacidad de la empresa por él propuesta para realizar este trabajo. Su insistencia  y su importante role dentro del grupo hizo que el Comité aceptase, firmándose un acuerdo a tres años.

Nuestro socio en el proyecto siempre mostró una buena profesionalidad y trabajamos bastante bien con ellos. Por desgracia la crisis hizo que el proyecto no saliese adelante y tuviese que ser abandonado, nada extraño en los últimos años.

Cuando han surgido nuevas ideas donde esta empresa podía participar, el director editorial siempre nos recordaba lo bien que había funcionado nuestra relación y los buenos profesionales que eran.

Hace unos días hablaba con un amigo del sector, los problemas que tenía y temas generales. En la charla surgió el nombre de la empresa que había sido nuestro socio y a la que mi amigo conocía bastante bien. Lo que no esperaba era una de sus preguntas: ¿Sois accionistas de la empresa? Me han comentado que vuestro director editorial os representa en el consejo.
Me quede de piedra y aunque intenté convencerle de que estaba equivocado, su insistencia me hizo dudar. Tanto que consulté en el Registro Mercantil los accionistas y por desgracia pude ver como a nombre de un familiar directo de mi director editorial, este ostentaba un paquete de acciones de la empresa. ¿Por qué no ve lo había dicho? ¿Qué hago ahora? No sé si ya puedo confiar en él.

Sin duda es un duro golpe saber que alguien en el que confías te ha ocultado información que podía ser importante. Dudas si ha buscado el interés de la empresa o su interés personal. Ha roto los valores de transparencia, coherencia y compromiso. Habría sido tan fácil como decir, “participo en una empresa que puede ser nuestro socio. Os la presento y vosotros decidís” pero el hecho de ocultarlo rompe valores y confianza.

Mi recomendación fue muy simple, despídele. Un directivo que no se comporta de acuerdo con los valores básicos de una empresa, transmitirá ese comportamiento al grupo, creando problemas de cultura organizativa y desconfianza.

Yo tuve una vez un profesor que decía que se debe contratar por valores y despedir por valores. No puedo estar más de acuerdo con él.

A ser coherentes!

Ejecutivo de nivel 5

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Jim Collins junto con su equipo de investigación estudió que aspectos convertían a una buena empresa en una empresa magnífica. Los resultados del estudio se plasmaron en el best seller “Good to Great” (“Empresas que sobresalen” en castellano). De las múltiples conclusiones objetivas obtenidas se encuentra la importancia del ejecutivo de nivel 5.

Un ejecutivo de nivel 5 para Jim Collins es aquel que “crea magnificiencia duradera mediante una combinación paradójica de humildad personal y voluntad profesional”. Es decir, “son líderes que alejan de si mismos las necesidades de satisfacer su propio ego y se concentran en el objetivo más amplio de crear una compañía magnífica. No es que no tengan ego o no miren por sus  intereses. Son increíblemente ambiciosos, pero su ambición es sobre todo para la institución, no para ellos”

El estudio muestra que las personas que trabajaban con estos líderes los describían como “tranquilo, humilde, modesto, reservado, tímido, educado, nada engreído…”

Este aspecto personal se combina con su resolución firme para acometer todo aquello que sea necesario para conseguir que la empresa sea magnífica no hoy, durante su mandato, sino de manera sostenible cuando ellos ya no estén al frente. En el estudio, los líderes de nivel 5 mostraban “una necesidad enfermiza de producir resultados. Estarían dispuestos a vender las máquinas o a despedir a su hermano, si fuera necesario, para hacer que la compañía fuera magnífica”

El último aspecto que quiero reseñar es cómo actúan a la hora de evaluar unos resultados mediocres o de éxito. Jim Collins cuenta en su libro que el ejecutivo de nivel 5 ” Se mira en el espejo, no por la ventana, para atribuir la responsabilidad de unos resultados mediocres; no culpa nunca a los demás, a los factores externos, o a la mala suerte” y por el contrario “Mira por la ventana, no al espejo, para atribuir el mérito del éxito de la compañía a otras personas, a factores externos y la buena suerte”

¿Cuántos ejecutivos de nivel 5 conocéis? ¿Será uno de los motivos por el que existen tan pocas empresas magníficas, es decir, mejores que muy buenas?. Yo la verdad es que estoy intentando identificar a alguno, tanto de las grandes empresas como de las pequeñas, y no lo consigo. Hoy debo estar un tanto obtuso.

A ser coherentes!

Administraciones corporativas

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Las organizaciones empresariales con múltiples unidades de negocio dan una importancia esencial a la estrategia corporativa. Parece bastante obvio que si cada subsidiaria en cada uno de los países decidiera que productos vende, a qué mercado se enfoca y qué organización establece, aquello acabaría siendo un reino de Taifas donde cada uno haría lo que le pareciese, convirtiendo el grupo en algo poco menos que incontrolable y con costes muy elevados al no conseguir ninguna sinergia.

Tal vez sea este el motivo por el que las empresas privadas han profundizado en modelos organizativos donde el nivel de decisión (dirección) se encuentra en la corporación dejando a cada unidad de negocio aquellos aspectos, muchos de ellos clave, que contienen particularidades relacionadas con cultura o servicios esenciales como la relación directa con el cliente. Incluso en este caso se establecen una serie de directrices y mecanismos de control.

Un objetivo de esta propuesta corporativa es ahorrar costes por sinergias, curvas de aprendizaje y reducción de puestos directivos entre otros aspectos. Además se consigue una equidad en la relación con las personas que siempre resulta motivante, y una coherencia en las actividades. Sin duda que acarrea ceder parte del nivel de decisión, sin embargo las empresas que lo han puesto en marcha aprecian más pros que cons.

Y una vez más vemos la diferencia entre la empresa privada y las instituciones públicas. Entre las que gestionan el dinero de los accionistas y las que juegan con el dinero de los ciudadanos. Tal vez fuese porque cuando se aprobó la Constitución Española la idea de corporación no estaba desarrollada (que ingenuo pensarlo) pero la realidad es que nosotros seguimos con 17 Comunidades Autónomas y dos Ciudades Autónomas con duplicidad de instituciones lo que implica una coste descomunal en funcionarios, con leyes contradictorias entre sí, sistemas fiscales que impiden la equidad entre ciudadanos de un mismo país, sin ninguna estrategia común…y todo ello generando un descomunal déficit que pagaremos varias generaciones.

En la empresa privada, el perder poder no gustaba y se ponían mil excusas y barreras para aceptar que trabajando de manera corporativa se conseguían sinergias, para no renunciar a privilegios en algunos casos, que el modelo resultaba más eficiente. Sin embargo se antepuso el interés general al particular y se produjo la transformación. Tengo serias dudas que esto mismo lo hagan las administraciones, al final el dinero no es de ellos, es de los contribuyentes.

A ser coherentes!

 

 

Con cara de tonto

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Cara de tonto se me ha quedado al confirmarse que los presupuestos del estado para el año que viene vuelven a subir la fiscalidad por mucho que lo niegue el ministro Montoro. elEconomista.es ya adelantaba hace unos días que 2014 sería el año donde pagásemos más impuestos y el suplemento Mercados del  diario El Mundo del 6/10 me dejaba deprimido con su artículo “Cinco meses trabajando para hacienda”.

Con un déficit público previsto del 90% del PIB, el ansia recaudatoria  del estado se dispara y la vía más sencilla es subir los impuestos. ¿Os imagináis que las empresas pudiésemos subir los precios a nuestros clientes y estos no tuviesen más remedio que pagarlos? Parece algo maravilloso pero la realidad es que conseguiríamos  que todos consumieran, invirtieran e innovasen menos porque tendrían que dedicar sus recursos a pagar los nuevos precios de los bienes imprescindibles.

Pues algo parecido es lo que hace el Estado. Con clientes cautivos como somos los contribuyentes deciden subirnos los “precios”, es decir los impuestos, y como no podemos dejar de pagarlos, lo que ocurre es que las empresas y los particulares consumimos e invertimos menos, generamos menos riqueza y a la larga seguro que  el Estado pierde recaudación. De hecho 2007 hubo recaudación record con los impuestos en mínimos.

La cara de tonto se me hace más grande al tener constancia del despilfarro que se sigue produciendo en las empresas públicas, donde por mucho que nos digan,  no han metido la tijera con la misma diligencia que han recortado gastos las empresas privadas. A parte de crear en muchas ocasiones una competencia desleal a lo privado, su existencia es cuestionable. El problema es que todo el mundo habla mucho pero denuncias, pocas. Sinceramente me duele que los medios de comunicación, y yo vengo de uno de ellos, no entren a cuchillo contra esta lacra que ha chupado millones y millones de euros durante años y lo siguen haciendo, mientras que las empresas privadas han reducido sueldos, personal, gastos…cualquier cosa para adaptarse a las necesidades del mercado. ¿Cuántas empresas públicas realmente siguen existiendo? ¿Cuántos millones dedicamos todos los españoles a pagarlas?

Yo estoy harto de que todo sean impuestos y recortes en aspectos como sanidad, educación, investigación etc. Soy de los que defienden que no podemos vivir endeudados (el 90% del PIB es una barbaridad)  y defiendo ajustes para adecuar ingresos y gastos. Si no podemos pagar el nivel de servicios que disfrutábamos, pues hay que ajustarlos pero que no se priorice y se permita el gasto bestial de la administración pública y sus empresas, me parece vergonzoso.

Y como digo que hay que denunciar, yo hago la primera. El CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial) es una empresa pública que puede jugar un papel muy importante apoyando proyectos de innovación. Su directora general Elisa Robles Fraga ( familiar del fallecido D.Manuel Fraga) aseguraba el 25/6  durante el II Encuentro sobre innovación y desarrollo competitivo, “el presupuesto del ente público se ha visto incrementado en un 170% con respecto al año pasado”. Este debe ser el motivo por el que se dedica a viajar y visitar, en tarifa business y hoteles de lujo,  proyectos o congresos por el mundo y no acudir a las reuniones porque se está mejor de compras que escuchando ponencias. ¿Qué mejor que hacer turismo pagado por los españoles y con las dietas hacer unas compritas?. Vamos una vergüenza y me temo que hay bastante de esto. Aquí está la denuncia. A ver si algún medio de comunicación o un organismo controlador decide investigar.

Os invito a que denunciéis aquellos casos que conozcáis y a los medios de comunicación que sean más valientes aunque ahora los acuerdos institucionales son más necesarios que nunca. A ver si se nos quita la cara de tontos.

A ser coherentes!

 

¿Por talento o por enchufe?

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Hace unos días saltaba la polémica por el nombramiento y consiguiente ascenso de Beatriz De Guindos, sobrina del ministro de Economía y Competitividad Luis de Guindos, como directora de Competencia. La fuerte respuesta en su contra  por parte de partidos políticos principalmente, provocó su renuncia tan solo un día después.  La reacción tan encarnizada sólo puede entenderse por la cultura del enchufismo que ha existido y existe en este país, por aquello tan normal en política como en las comunidades de vecinos del “yo me opongo”, celos de alguna persona por no haber sido elegida o también podría ser por su incompetencia, todo es posible.

Sin embargo es importante leer el perfil de Beatriz de Guindos. Lleva desde 2003 en la Dirección General de Defensa de la Competencia, desempeñando cargos de diferente responsabilidad. Es técnico comercial y economista del Estado, es decir carrera por oposición. Esta reconocida por su trabajo en procesos sancionadores dentro del sector eléctrico, el expediente a Unesa, Repsol- Cepsa y BP por la fijación indirecta de precios a las estaciones de servicio, y un expediente a las petroleras que se encuentra actualmente en tramitación. También se puede leer que en el ámbito de control de concentraciones, realizó la instrucción de la fusión de Gas Natural- Endesa y Gas Natural-Unión Fenosa. (Fuente: elnortedecastilla.es). Sin duda un expediente y cualificación mucho mejor que el de muchos políticos que se lanzaron a criticar el ascenso.

Nada tengo que ver con Beatriz de Guindos, ni siquiera sabía de su existencia, pero me parece lamentable que una persona no pueda ascender sólo por razón de su apellido. Igualmente me molesta que incompetentes asciendan por el mismo motivo.

El “enchufismo” es una lacra para las instituciones públicas y privadas. No hay peor daño que llenar una organización de incapaces a los que alguien con poder les resuelve la vida a cargo del bolsillo de los españoles o de los accionistas de una empresa. Es igual de lacra renunciar al talento de las personas por ser la hij@ del director general o cualquier otro alto cargo de una empresa o una institución y tener más presente el qué pensarán que lo que me va a aportar.

Dentro de mi grupo más cercano de amigos cuento con personas que hoy en día dirigen empresas familiares de un tamaño más que aceptable y os aseguro que no lo hacen por ser el hijo del jefe, sino por su formación, capacidad y compromiso. También conozco personas que siendo el hijo del dueño, ni trabajan en la empresa porque jamás quisieron formarse, ni comprometerse, ni valen. Estoy seguro que otros tendréis la experiencia contraria, ese hijo del jefe que está ahí por su apellido y nada más.

Por eso lo importante es preguntarse de una manera objetiva ¿Por talento o por enchufe?. No nos dejemos llevar por los prejuicios y perdamos talento en las empresas e instituciones, cuando el  talento es tan necesario como el agua.

A ser coherentes!

¿Existe algo más que tú?

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La vuelta de vacaciones implica reencontrarse con aquellos amigos o familiares de los que has estado separado por un tiempo. La llamada típica para preguntar cómo ha ido todo, qué tal lo habéis pasado, marca la vuelta a la rutina, a la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Lo divertido o frustrante, según como se mire, empieza cuando al terminar una de estas llamadas y después de más de una hora colgado al teléfono, te das cuenta que tú no has contado nada, sólo ha hablado la otra persona. ¿Realmente quería saber algo de ti?

A finales de la semana pasada, recibí la llamada de un buen amigo. Sin duda que me dio alegría ya que hacía más de dos meses que no hablábamos. Me saludo con el mismo cariño de siempre y se interesó por nuestras vacaciones. Creo que lo único que dije fue ” muy bien, fuimos a Nueva York” porque cuando iba a contarle algo más, me cortó con “¡Nueva York!. Yo estuve allí hace cinco años”….y siguió relatando su vaciones durante más de una hora sin parar.  Os puedo relatar sus vacaciones casi por minutos, ¡hasta me dijo de qué se comió un bocata en una cafetería cerca de la Torre Eiffel con todo tipo de detalle de los ingredientes! ¡Qué me importa a mí de qué era el bocata o el análisis del coste de una cerveza por las zonas de París! Una hora escuchando, porque os garantizo que yo sólo dije “perdona que te corte pero es que tengo que ir a recoger a los niños”. ¡Mentira, es que no aguantaba más!

Esta situación que disculpamos cuando al otro lado del teléfono se encuentra un buen amigo o un familiar, se vuelve insoportable cuando quien lo hace es el colega del trabajo. Sí, ese que sólo habla de él, que lo sabe todo. Si tú  has cerrado un pedido, él suyo ha sido más grande, el que no se cansa de contar lo maravilloso que es, todo lo que hace y muy bien. Yo he llegado a pensar que cuando van a un tanatorio realmente lo que les gustaría es ser el muerto, así serían protagonistas y seguro que la gente les alabaría.

Siempre me han resultado muy cargantes y muy complicados para un equipo de trabajo. Al principio pueden crear expectación o incluso deslumbrar dependiendo de su capacidad de comunicación pero al final se vuelven pesados, aburridos y generalmente malos compañeros. No pienses que alguna vez te van a escuchar, porque son incapaces. En el mundo sólo existen ellos.

Paciencia si tenéis alguno de ellos cerca y a desarrollar la habilidad para que no te “pille” en algún sitio, ¡te tocará aguantarle!

A ser coherentes!

¿Y si yo te faltara el respeto?

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Salía de clase la semana pasada cuando  me encontré a una chica a la que había dado clase unos meses atrás llorando. Un grupo de compañeros la intentaban consolar. La verdad es que me quedé preocupado porque Laura es una de esas personas a las que todos los profesores queremos tener en clase. Es inteligente, trabaja bien en grupo y es participativa. Laura también trabaja en una empresa de comunicación y por lo que dicen sus compañeros es una crack del marketing digital.

El día siguiente me crucé con Laura en la cafetería de la escuela y no pude evitar preguntarla qué tal estaba, qué la ocurría ayer. Laura se mostraba mucho más triste de lo habitual y me contó su situación

Llevo trabajando más de cinco años en la empresa de comunicación. Hace ya dos años me hicieron responsable de marketing digital. Ya sabes que me encanta mi trabajo pero estoy muy cansada del acoso emocional por parte de uno de los directivos.

El director de contenidos es un auténtico energúmeno. Cada cierto tiempo le da con una persona a la que desprestigia, amenaza y grita. Siempre tiene que tener a alguien en el objetivo y cuando ha conseguido humillarla es cuando se siente satisfecho.

Pues desde hace como un mes le ha dado por mí. No me preguntes el motivo pero ahora todo lo que hago está mal, me imputa decisiones que no han sido mías y me echa la culpa de todo. Manda mails a toda la organización y explícitamente dice que tenían que despedirme. Durante este tiempo me ha gritado delante del resto del grupo, me ha faltado el respeto y yo me he callado. He hablado con mi jefe y siempre la respuesta que he recibido ha sido “Ya sabes como es. No le hagas caso, en unos días se le pasará”.

Ayer llegó fuera de sí. Empezó a gritarme que era una inútil, que qué estaría haciendo para que no me despidiesen y otras barbaridades similares. Todo venía por un tema que yo no había hecho, ni siquiera participado pero como era de digital  vino a por mí. En un momento me dijo que yo no pensara más, que me limitase a hacer lo que él me dijera, que los inútiles no podían pensar.

No sé que me pasó pero no pude contenerme. Me puse de pie y le grité, le dije que era un descerebrado, que no se le ocurriera nunca más gritarme y que era el cáncer del ambiente de esa empresa. Me miró con una cara de odio que me asusté. Se dió media vuelta y se marchó.

Cinco minutos después, me llamó mi jefe. Estaba furioso.” ¡Cómo se te ha ocurrido faltarle el respeto! Ha ido a hablar con Sergio (Director General) y le ha pedido que te despidiese. Sergio está de acuerdo, a ver cómo le convenzo de  que es un error despedirte. ¡Menuda has liado!. Con las veces que te he dicho que no le hicieses caso, que se cansaría y te dejaría en paz…

Ha pasado algo menos de una semana y Laura sigue en su puesto aunque no sabe qué va a pasar. Por raro que nos pueda parecer, existen personajes de este pelaje. Jefecillos que se consideran únicos, que son egocéntricos y muy malas personas. Disfrutan del mal del compañero y sólo son felices en el conflicto. Como le dijo Laura, son un cáncer para las organizaciones porque desmotivan a las personas y crean la cultura del miedo.

Por mucho que podamos decir de ellos, lo peor es que no son los culpables. Los responsables de que estas personas se comporten así son  sus jefes que lo consiente e incluso apoyan o le ríen las gracias. Por no enfrentarse y dejar las normas claras a una persona prefieren callarse y ver cómo la empresa sufre. Vamos una lástima de jefes.

Laura, desde este blog te mando todo mi apoyo y espero que encuentres un trabajo en otra empresa que entienda que el respeto entre las personas es la base de la pirámide para conseguir cualquier éxito.

A ser coherentes!

¡Pobre!, Todos contra él.

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¿Habéis coincidido con alguien que piensa que todo el mundo está contra él?. Yo sí y cada día con más personas. Sólo tienes que crear unos grupos de trabajo con el objetivo de desarrollar un proyecto y verás cómo emerge la persona que se siente maltratada, desprestigiada o incluso perseguida por el grupo. Lo he visto en la empresa y lo veo ahora con mis alumnos, tal vez es que es inevitable.

Las personas que se sienten perseguidas, lo pasan realmente mal. Por un lado consideran que el comportamiento del grupo es malintencionado, que buscan la humillación como vía para arrinconarle. Cultivan una serie de sentimientos personales que sólo pueden conducir al conflicto que es la mejor manera de defenderse. Por otro lado, el grupo ya harto de él/ella, se siente molesto por su actitud, su individualismo y si pudiesen elegir, le sacarían del equipo.

Cuando pienso en personas concretas que se sienten así, la verdad es que identifico algunas características comunes de su personalidad:

Son personas que por un u otro motivo se sienten frustradas en su vida. Bien por no haber conseguido sus sueños personales o profesionales, por haber sido despedidos de un trabajo de forma traumática o por no haber tenido nunca la habilidad de relacionarse con otras personas. Las causas verdaderas no las saben ni ellos.

Tienen una visión muy negativa de la realidad. El vaso siempre  medio vacío y nadie ni nada es capaz de llenarlo.

Se consideran en posesión de la verdad. Son prepotentes y les gusta hacer ver a los demás todo lo que saben y lo inferiores que son comparados con él/ella. No respetan las normas de los grupos, realizan el trabajo que les apetece aunque no sea siempre  el encomendado y critican cualquier aportación de otra persona.

Antes o después surgirán los problemas con cualquier equipo en el que trabajen.

Como podéis imaginar, a mí no me gustan estas personas. Cuando en un grupo de 10 una persona se lleva mal con las otras 9  y estas no tienen problemas entre ellas, sinceramente opino que el origen del problema nace en el 1 y no en el 9.

La experiencia me dice que intentar integrar a estas personas es prácticamente imposible porque sobrepasado un límite ya nadie quiere o puede solucionar la situación. Entonces nos surge la pregunta del millón ¿qué hacemos?. La respuesta no es sencilla porque en bastantes ocasiones no es posible separar a la persona y sirva como ejemplo grupos de proyectos fin de master, proyectos de consultoría o equipos deportivos que tienen que terminar la temporada. Yo os propongo algunas ideas que pueden funcionar:

No hacer mucho caso a la persona que se queja de forma continua. Ante su “rollo” de lo horribles que son los demás, ser un disco rayado repitiendo que es parte de un grupo, que tiene que cumplir su función y orientarse al objetivo. Lo demás sobra.

Intentar hacerle ver con datos objetivos cuál es su aportación real y su actitud. Buscar que recapacite sobre la verdad objetiva de sus sensaciones y sentimientos.

Poner un componente temporal a la relación. “Esto sólo va a durar hasta…” Así rompemos la sensación de todo el grupo de “unidos hasta la muerte”. Todos se sentirán un poco mejor si saben que la situación tiene fecha de caducidad

Evitar el conflicto abierto en el grupo. Mentalizar al resto de las personas de la importancia de conseguir el objetivo y que todos tienen que llegar a puerto.No existe la opción de tirarse por la borda. Concienciar a todo el grupo que si no llegan a puerto, todos pierden.

Mientras que todos tenemos en la cabeza el trabajo en equipo como una de las principales habilidades para conseguir el éxito, la verdad es que nos cuesta mucho aplicarlo. A unos más que a otros, y para algunos simplemente imposible. ¡Todos contra él! Por favor, ¿alguien puede hacerle ver la realidad?

A ser coherentes!