Eficaces ineficientes

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Esta mañana, Carlos Herrrera en su programa “Herrera en la onda” entrevistaba al director de comunicación de ADIF en relación al escándalo (uno más) del sobrecoste y presunta corrupción en la construcción del AVE Madrid-Barcelona. El Sr Garay, además de dejar entrever la posibilidad de contar con directivos corruptos dentro de su organización, puso sobre la mesa la posibilidad  de que el sobrecoste del proyecto (+230%) se debiera a las prisas de los políticos (PSOE) por terminar la obra y cumplir los plazos estipulados. Dejando al margen la corrupción que seguro juega un papel estelar, si el motivo del bestial incremento del coste fuera el afán por terminar la obra en tiempo, sin duda los directivos de ADIF son unos eficaces ineficientes.

Estos dos conceptos que  pueden parecer iguales,  son realmente muy diferentes. Eficaz es la persona u  organización que cumple con sus objetivos (terminar en plazo el AVE), mientras que eficiente es el que consigue alcanzar el objetivo con una utilización óptima de los recursos que implica alcanzar la meta con menores costes o dar más valor con el mismo coste.

Aquí se encuentra el punto clave de la cuestión. Cuando  el objetivo de una administración debería ser  la utilización óptima de los recursos que los ciudadanos ponemos a su servicio (ser eficientes), nuestros políticos o funcionarios se decantan por ser eficaces por motivos políticos y personales, además de por tema de “bolsillo, porque casi podemos decir que una gran mayoría son corruptos.

La empresa privada no es ajena a esta situación. En muchos casos el objetivo es llegar a una cifra de ventas o a una tasa de crecimiento, algo que puede alcanzarse con un alto coste para la empresa si no hay un objetivo de eficiencia. No es extraño ver contratos que se firman el último día del año y que sirven para hacer la cuota y cobrar el bono, que en realidad son una ruina para la empresa cuando se ejecutan por el coste de los recursos necesarios para realizarlo.

Personalmente creo que deberíamos dar más importancia a la eficiencia que a al eficacia y para ello, como en todo, los primeros en dar ejemplo debemos ser los directivos. Cierto es que  las consecuencias de no alcanzar los objetivos  nos impulsan a buscar la eficacia a costa de la eficiencia, sin embargo debe existir un comportamiento moral que nos conduzca a conseguir el bien común que es la mejor manera de alcanzar el individual.

Señores políticos y gestores de empresas públicas, por favor, dejen de ser eficaces y pasen a ser eficientes y si además dejan de ser corruptos, todos nos sentiríamos más identificados con ustedes.

A ser coherentes!

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