No me desmotives más.

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La motivación es un tema siempre interesante y que produce intensos debates en la empresa. La famosa frase “mi jefe no me motiva” es posiblemente una de las más habituales y que daría para escribir bastantes páginas en un libro de tópicos del management.

En épocas de bonanza, cuando todo marchaba viento en popa y nos creíamos buenos, guapos y ricos, como decía Cristiano Ronaldo, sentíamos que nuestro jefe no nos motivaba cuando no nos subía el sueldo por encima de la media, no nos consideraban para un ascenso o no podíamos cogernos las vacaciones cuando queríamos, entre algunas otras cosas. En el fondo vivíamos tan contentos en nuestra isla de confort que no nos afectaban otros factores mucho más profundos como la cultura de la empresa o el estilo de dirección de nuestros jefes. Como la frase “mi jefe no me motiva” indica, nos centrábamos en motivaciones extrínsecas, esperando que todo viniese de fuera, porque a nivel intrínseco (nuestra propia motivación) estábamos bien, trabajo seguro, sueldos aceptables, formación, eventos… vamos, una más que agradable isla de confort. Además resultaba bastante sencillo mudarse a otra isla que nos ofrecía mejores condiciones. Cambiar de empresa no resultaba nada complicado.

Sin embargo la crisis nos hizo ver una realidad que es aplicable a la vida de cualquier persona, la isla de confort no existe en el medio – largo plazo. Tiende a desvanecerse y a desparecer como la bonita isla de la película ” Lo Imposible” cuando es arrastrada por el Tsunami. A partir de este momento, cuando nuestra isla no existe ya tal y como la habíamos vivido, nos deja de preocupar si el jefe nos motiva o no. Damos por hecho que no nos van a subir el sueldo e incluso que nos lo puedan bajar, que la posibilidad de ascenso dependerá del número de personas que salgan de la empresa, y estamos dispuestos y preparados para pelear por nuestras motivaciones intrínsecas básicas como el puesto de trabajo.

Ya no pedimos que nos motiven, porque la mejor motivación es la nuestra propia, pero si damos más valor a aspectos emocionales como el trato que nos dispensan, la sinceridad y transparencia, la comprensión, es decir los valores que deberían formar parte de la cultura de las empresas. Sin embargo, por desgracia o por incompetencia, en muchas empresas durante la crisis sus ejecutivos se han olvidado de estos aspectos. Sacando provecho del río revuelto, se han olvidado de los valores y han tomado decisiones empresariales necesarias sin duda, pero menospreciando el aspecto humano de la empresa y que nos llevaba a decir eso de “lo más importante, las personas”.

La consecuencia, no nos preocupamos si el jefe nos motiva o no, los que pedimos es que no nos desmotive más, que nos apoye en nuestro trabajo, que nos diga la verdad y los valores sean relevantes, algo compatible con decisiones empresariales que en ocasiones son duras y desagradables.

La preocupación de las empresas que no han actuado de esta manera debería ser qué va a ocurrir mañana porque ¿qué ocurrirá cuando el mercado laboral se abra?

A ser coherentes!

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