El ciclo de vida de un producto es uno de los conceptos fundamentales que se estudia en marketing. Las cuatro fases que se describen: introducción, crecimiento, madurez y declive, muestran la realidad de la vida en muchos aspectos.
Nos guste o no, este ciclo aplica perfectamente a nuestra carrera profesional. Podemos encontrar personas que se introducen en el mercado laboral y no encuentran su lugar, se quedan estancadas. Otras que van creciendo profesionalmente asumiendo más responsabilidades e incluso llegan a ser directivos. Los resultados, las habilidades personales, el entorno y también la suerte nos permite subir por la curva del ciclo de vida, estar en el candelero, contar para asumir nuevas responsabilidades, creernos más importantes e incluso imprescindibles. Lo que no debemos olvidar es que las dos siguientes fases son madurez y declive.
Coincidí con Pedro en una charla relacionada con el coaching. Él acababa de volver de una asignación de 4 años en Singapur como responsable regional de una multinacional del sector industrial. Su carrera profesional puede ser considerada como exitosa, sin embargo le veía un tanto abatido:
He vuelto hace cuatro meses después de obtener unos buenos resultados en Asia. La única razón para regresar es que se terminó la asignación porque la verdad es que yo estaba encantado. Lo peor es que todavía estoy pendiente de que me asignen un nuevo puesto. Se han producido cambios organizativos y sé que mi nombre ha estado sobre la mesa en posiciones de relevancia. El problema es que cuando tienen que decidir, consideran que mis 55 años son muchos y prefieren personas con 10 años menos para asumir esas nuevas responsabilidades.
La verdad es que me siento defraudado y personalmente bastante triste. Yo lo he dado todo por la empresa y ahora ¿ya no les valgo?. Si alguien piensa que con 55 años eres mayor es que no se entera de nada.
Comprendo perfectamente a Pedro. A todos nos cuesta entender que ya no somos “el rey de la fiesta”. Sin embargo el directivo también tiene su ciclo de vida. Mi generación (tengo 47 años) ataca la última escalada de la curva de crecimiento para acercarse a la madurez. Personas muy preparadas ya han empezado a subir el puerto y dentro de poco, antes de lo que nos pensamos tendrán todas las posibilidades de adelantarnos, tomar nuestro puesto.
¿Y cuándo esto ocurra, qué hacemos?. Asociado al ciclo de vida del producto estudiamos cómo prolongar este proceso. Hablábamos de actualización, relanzamiento pero también de prolongar la fase de madurez y mantener una demanda residual en la fase de declive. Lo mismo podemos aplicar a nuestra vida directiva. En la misma conversación se encontraba Olga, una alta ejecutiva de 57 años que había pasado por una situación parecida:
Pedro, yo viví lo mismo a tu edad. Es cierto que puede resultar duro aceptarlo pero hasta que ves que tienes muchas opciones de ser útil e importante sin ser un “súper directivo”. Me di cuenta que mi experiencia resultaba útil para temas de representación, como mentora de nuevos directivos, en relaciones con clientes que requerían un alto nivel…muchas opciones que no significaban ponerse al frente de un equipo, trabajar 14 horas y enfocar los problemas con la visión del cristal de siempre. Además me permitió dedicarme más tiempo, hacer cosas que me gustan como estar con mi marido y con mis hijos cuando ellos pueden. Si te digo la verdad me siento útil, joven y feliz en estos momentos.
La vida tiene etapas y el ser directivo no deja de ser una mas. Ser capaces de aceptarlo y prepararnos para cuando no seamos “primeros espadas” nos evitará algún que otro disgusto. Igual que nos formamos para ser directivos, es importante formarse para cuando no lo seamos. Podemos ser mucho más importantes y útiles que con el cargo.
A ser coherentes!


La experiencia de más de 20 años en puestos ejecutivos en empresas multinacionales y nacionales me ha permitido desarrollar una visión crítica de la función directiva.