Llega la hora de las despedidas

16 Agosto, 2006

Queridos todos:
Hoy es mi último día. Mañana cojo vacaciones y, como os dije desde un principio, este blog nació ya con esa fecha de caducidad.
Ha sido un verano maravilloso. Intenso y catártico. ¿Me ayudáis a repasarlo?
-Trabajo: Con o sin nubarrones negros en el horizonte (y muchos os habéis encargado de destacar que los hay), estoy a gusto en esta empresa. Me está permitiendo no sólo poner en práctica los conocimientos adquiridos a lo largo del tiempo, sino también desarrollar mi creatividad, mis dotes negociadores y mis habilidades de gestión. Me siento valorada y escuchada, dos cosas que no son tan habituales en el entorno laboral. Nota media: NOTABLE.
-Amor: He descubierto que tengo mucho más tirón con los hombres del que me esperaba. ¡Y me encanta! Mi relación con Manuel, se quede en romance de verano o prospere, está siendo muy enriquecedora y haciendo mucho por mi autoestima. Pero siento que no es el momento de ponerme yo misma puertas al campo… Ahora me marcho de vacaciones sin él y ¿quién sabe? NOTABLE ALTO.
-Familia: No he echado nada de menos a mi ex. Es más, a veces pienso que por qué no me habré separado antes. Adoro a mis hijos, pero este verano me ha demostrado que ya podemos ser independientes. Podemos pasar sin vernos casi un mes sin que se caiga el mundo. Todo un descubrimiento. Además, he redescubierto a mi hermana y me encanta como es. SOBRESALIENTE.
-Amigos: Uno nunca debería dejar de cultivar la amistad. Aunque te cases, te vayas a otro país o tu trabajo sea muy absorbente, hay que mantener a los amigos. Son un pilar importantísimo. Mi nuevo lema: New friends are silver, old friends are gold. Make new friends but keep the old (los nuevos amigos son plata, los antiguos, oro. Haz nuevos amigos pero conserva a los antiguos). NOTABLE ALTO (y sólo porque aún tengo que mejorar…)
-Blog: El gran descubrimiento. Ha sido fantástico compartir estos meses con todos vosotros. No os podéis ni imaginar lo que me habéis ayudado. Así que tengo que agradecerle a El Economista su hospitalidad y confianza. Y a vosotros, vuestros consejos, comentarios, input… Siento como si fuésemos amigos desde hace mucho tiempo. Y os voy a echar muchísimo de menos.
Gracias y hasta siempre.

Reencuentros por azar

15 Agosto, 2006

¡Qué pringao se siente uno trabajando en el Puente de la Paloma! Pero…
Hoy hemos estado en la oficina tres personas: Pit, un consultor junior y una servidora. El motivo ha sido una conference call con la compañía de Nueva York que va a actuar de corresponsal nuestra para uno de nuestros clientes.
Ya estábamos en faena (yo, encantada, porque sabía que le iba a dar en las narices a Pit en cuanto me oyese hablar inglés) cuando, del lado gringo, se ha incorporado otra persona de la empresa. Hechas las presentaciones, salta:
-“You are THE Karina Maine?”
-“Depende a qué te refieres”, contesto en inglés.
-“¿Casada con Greg Maine?”
-“En otro tiempo. Ahora divorciada”.
¡Lo que es la vida! Se trata nada menos que de Josh, un amigo de mi ex que siempre me tiró los tejos. Recuerdo incluso una ocasión en que me llegó a decir que, si alguna vez dejaba a Greg, él estaría esperando. Pues resulta que una de las conclusiones de la reunión fue que mandan una persona a Madrid a conocernos a nosotros, el proyecto y el cliente. Y, como no, va a ser él.
-“Vaya Karina. Tienes amigos hasta en el infierno”, me dice el otro consultor.
-“No, si nos van a venir bien tus contactos”, señala Pit, guiñando un ojo. Veo que no se le ha escapado el tono de cierta coquetería de Josh.
Sonrío. No, nos van a venir mal mis contactos. Sólo espero que no se tuerza la cosa.

Visitas indeseadas

14 Agosto, 2006

No os lo vais a creer. De hecho, yo no salgo de mi asombro. Hoy he sido la única que he pasado por la ofi, para preparar una conference call con la compañía de Nueva York que va a actuar de corresponsal nuestra para al menos uno de nuestros clientes (ellos sí trabajan mañana y, por tanto, yo también).
Bueno, la única no: adivinad quién estaba allí cuando he llegado. Nada menos que Julio, con una chica un tanto extraña. No es que huela que Rodolfo no va a estar, es que se asegura de que no está.
Esta vez al menos no me lo he encontrado en mi despacho ni el de Rodolfo. Estaba usando el ordenador de mi/su secretaria.
-“Hombre Julio, te hacía en Sevilla” (no añadí que en un centro de desintoxicación, como me contó Rodolfo).
-“Sí, bueno, eso no es para mí”, me contesta muy sonriente.
Esta vez no me cupo la menor duda: iba colocado hasta las cejas.
Se vuelve hacia su amiga.
-“Maggie, ésta es Karina, la chica de oro de esta empresa”.
-“Cómo estás”, digo, prestándole atención.
Rubia oxigenada y voluptuosa, tanto o más puesta que Julio.
-“A lo mejor ella nos puede ayudar con este trasto”, salta, señalando el ordenador.
Julio se ríe, nervioso.
-“Déjalo, guapa. Para Karina no somos bienvenidos”.
-“Depende”, contesto, pensando que hay que hablar seriamente con Seguridad. “Dime que buscáis”.
-“Sólo lo que es mío”, dice Julio, con sequedad. “Pero ya volveremos”.
Esta vez no me lo pienso dos veces y llamo a Rodolfo.
-“Ese hijo de…”, es su reacción.
Vaya. No tenemos el volcán del todo bajo control.

Dudas sentimentales…

13 Agosto, 2006

¡Cómo disfruté ayer con mis niñas! Están más altas, morenas y guapas, y ya despuntan maneras de ‘pollitas’ (como decía mi abuela).
Aunque hubo algo que no me encantó. Hablan de Marga, la nueva amiga de su padre, con una naturalidad enorme. Y ya la adoran. “She’s so cool!” (acordaos de que son medio americanas), que para una niña es lo más que se puede ser. El caso es que la tal Marga (un verdadero bombón, según las fotos que han traído las niñas) les ha enseñado ¡a pintarse! Y les ha regalado un montón de pinturines para que lo hagan. No sé qué me ha dolido más: si que les haya metido ese gusanillo siendo tan jóvenes o no haber sido yo las que las inicie en un arte tan femenino. Pero me he tenido que tragar mi malestar.
Manuel estaba empeñado en conocerlas, pero a mí no me hace mucha gracia. Es demasiado pronto. Nuestra historia avanza deprisa, pero yo aún no las tengo todas conmigo. Es un tipo fantástico, pero con un pasado sentimental truculento: se ha casado dos veces y tiene tres hijos (dos de su primera mujer y una tercera de meses de una novia con la que apenas estuvo un año). Mi hermana asegura que es un monógamo sucesivo que no me conviene nada. “Huele a problemas”, me dice todo el rato. Vosotros, ¿qué opináis?
Me imagino que todos estaréis de puente. Madrid, una delicia. Sin tráfico ni calor, da gusto. El que no se consuela es porque no quiere.

Todo el puente de guardia, entre la oficina y el blog

11 Agosto, 2006

Por cierto. No sé vosotros, pero a mí me toca currar este puente. Y de lo lindo. Como los americanos no creen demasiado en la Virgen de la Paloma y tengo una conference call muy importante el lunes, pues me toca venir el domingo, el lunes, el martes… Aprovecharé para ir contándoos algunos cotilleos que me he ido dejando en el tintero. ¡Feliz puente!

“Que sepas que yo te respaldo”

11 Agosto, 2006

Rodolfo ha llegado hoy de un humor fantástico. Me ha llamado al despacho para decirme que aún no podía contármelo, hasta que lo tenga bien atado, pero que hay noticias estupendas para la empresa.
Hemos despachado temas pendientes –la semana que viene vuelve a estar de viaje y me quedo yo al frente hasta el jueves- y, al final, le he contado la comida con Pit (cualquier día se me escapa y le llamo así).
-“Me parece bien”, me dice. “Lo más importante es que vuestras diferencias no estropeen el clima de la empresa, que es muy bueno. Mantenle en su sitio y procura sacar lo mejor de él, que es mucho. Y que sepas que yo te respaldo”.
Bueno, no está mal, ¿no?
Este fin de semana vuelven mis niñas. Greg, mi ex ya está trabajando y han pasado los primeros días de agosto con los padres de él en Sotogrande. Ahora se van quince días con los míos a Los Molinos, en la sierra madrileña. Me muero de ganas de verlas.

Mi última locura

10 Agosto, 2006

Hoy ha llegado. Es suave, rápido y precioso. Es… mi nuevo coche.
Os cuento: el pasado fin de semana Manuel me lió para ir a Londres (en lugar de cenar en su casa, como estaba previsto, lo hicimos cerca de Marble Arch). Yo le había dicho que me apetecía un montón una exposición de Kandinsky (uno de mis pintores favoritos) en la Tate Modern. Total, que compró los billetes (debo decir que me trata como a una reina) y para allá fuimos.
Nos quedamos en casa de su amigo Maj (falseo el nombre porque, por lo visto es muy conocido en círculos financieros, está metido en hedge funds), un indio encantador y forrado con el que además tiene alguna inversión. ¡Menudo casoplón! Nada menos que en Kensington Gardens. Bueno, pues el sábado nos fuimos de brunch a casa de unos amigos suyos en Wimbledon en un alucinante Mercedes descapotable (un desperdicio, teniendo en cuenta el tiempo de Londres). Me enamoré: yo desde pequeña he soñado con un deportivo descapotable. Pero me casé con un hombre tremendamente práctico al que le van más los SUVs.
Maj me vio tan alucinada que me dijo:
-“¿Quieres uno?”
-“Claro”, contesto en broma.
-“Lo digo en serio. Estos coches tardan mucho en dártelos por… (soy incapaz de repetiros los pormenores técnicos que me contó). Pero si lo quieres, te lo consigo en diez días. Tengo contactos”.
-“¿Cuánto cuesta”, pregunta Manuel.
-“….”
Casi me caigo para atrás.
-“Cómpratelo”, continúa mi ¿chico? “Tu marido ha sido muy generoso con el divorcio, a los niños no les falta nada y tu tienes un buen sueldo. Lánzate”.
El caso es que hace cosa de un año heredé una pequeña suma, exactamente el doble de lo que cuesta el coche, que tengo por ahí regular invertida.
Los dos me miran expectantes.
-“Sí lo quiero”.
Y ya está. Esta mañana ha aparecido en mi casa conducido por un indio, lo que me hace sospechar que no es la casa Mercedes la que te lo pone en la puerta. Sé que es una locura pero, qué narices, he hecho muy pocas en mi vida.
Rodolfo no ha pasado hoy por la oficina, pero os voy a hacer caso y hablar con él sobre mi comida con Pit. En cuanto a vuestros comentarios sobre cómo la lleve, os los agradezco. Pero dejadme defenderme: la mayoría me habláis del estilo que se hubiese esperado que utilizase un hombre en mi situación pero, perdonadme. No creo que las mujeres tengamos que actuar siempre como vosotros. Es un tema en el que he pensado mucho y mi conclusión –acertada o no pero mía al fin y al cabo- es que nosotras tenemos que encontrar nuestro propio estilo de dirigir y no copiaros en todo. ¿Qué opináis?

Una comida bastante tensa

9 Agosto, 2006

Vais a tener que juzgar vosotros, porque yo me siento incapaz. Hemos (Pit y yo) salido juntos de la oficina camino al restaurante. Conversación trivial (“Parece que hace menos calor en Madrid”; “¿Dónde anda tu familia?” y esas cosas). Total, que cuando hemos llegado ya estábamos los dos un tanto violentos, porque se nos habían acabado los temas light (y, creedme, soy una experta en ‘petit conversation’). La falta de química es más que evidente.
Así que, cuando yo estaba a punto de ir al grano, Pit me suelta:
-“Por cierto, Karina. Nunca te lo he dicho, pero creo que esta empresa ha hecho un gran fichaje contigo”.
Me pilla totalmente desprevenida.
-“¡Vaya! Y yo que creía que tenías algún problema conmigo…”, digo, maliciosamente.
-“¿Yo? ¿Por qué?”
-“Porque no me estás poniendo las cosas precisamente fáciles. Entiendo que no tienes por qué hacerlo pero, si vamos a llevar proyectos juntos, creo que lo mejor es que hablemos claro”.
-“Karina, te equivocas”, contesta con ese aire de mosquita muerta que me mata. “Insisto en que me pareces una buena profesional y no seré yo quien boicotee a la empresa que da de comer a mis hijas”.
-“Entonces, estupendo. Pero déjame pedirte dos cosas: una, que si tienes algo que decirme lo hagas a la cara. No aguanto los chismorreos. Y dos, que no pierdas de vista quién manda aquí”.
Se ha quedado un poco flaseado. Y el resto de la comida, que los dos hemos intentado apurar rápido, ha estado bastante taciturno.
Cuando hemos pedido la cuenta, me suelta:
-“Quiero que sepas que te he defendido delante de Julio y de Rodolfo”.
-“¿Sí? No sabía que necesitaba defensores, pero gracias. ¿Qué se me criticaba?”
-“Hombre, cosas como lo de la reunión del otro día…”
-“P., mejor no saques el tema. Los dos sabemos qué pasó”.
-“No te entiendo”.
-“Sí me entiendes”.
Silencio. Embarazoso.
-“P., lo que más me importa es que sepas que te considero un profesional muy válido, que estoy encantada de que podamos compartir nuestro know how y que espero que nos llevemos bien en el futuro”.
-“Por mí no hay problema”.
Y eso ha sido todo. Para que no os confundáis, quiero que sepáis que mi tono ha sido en todo momento encantador. No soy una persona dura de trato, así que mi tono ha sido conciliador. Por lo menos, mi mensaje está claro.

La estrategia ya está en marcha

8 Agosto, 2006

Chicos, os he hecho caso. Esta mañana me he ido directamente a hablar con Rodolfo sobre Pitagorín.
-“No me extraña lo que me cuentas, por dos motivos. Uno, quería tu puesto y Julio le respaldaba. Pero yo preferí buscar aire fresco y esa eres tú. Y dos, suele tener problemas con las mujeres en el trabajo. Sospecho que es misógino. Supongo que el hecho de que seas su jefa para él es duro. Me parece buena idea que te lo lleves a comer y lo habléis. Pero que sepas que tiene los pies muy firmes en esta empresa: Julio lo defiende a muerte”.
Bien. Me he quedado más tranquila. Y me he ido directamente a ver al amigo Pit.
-“¿Tienes algún compromiso mañana para comer?”
-“No, ¿por qué?”
-“Me gustaría hablar contigo tranquilamente. Entonces, ¿mañana?”
-“Bueno”.
Se ha quedado de piedra. Veremos qué tal.
Os dejo, que me voy a cenar con Manuel. ¡Mi romance de verano va viento en popa!

Pitagorín ataca de nuevo

7 Agosto, 2006

Mi ‘amigo’ Pitagorín (Pit, como le llama Lissa) está dispuesto a hacerme la vida imposible. Mucha imaginación no tiene, pero mala milk, un rato.
Rodolfo nos ha puesto a trabajar juntos en el megaproyecto de un cliente –me parece que os hablé de él, una empresa mediana que va a dar un salto a lo grande en el extranjero-. Y tiene razón en que, aunque el cliente lo haya captado yo, nuestros conocimientos son complementarios. Pero nuestros métodos, desde luego, no lo son.
El caso es que fijamos una reunión para hoy a las 12,30. Yo he llegado a trabajar a eso de las 9,30, un poco más tarde de lo habitual, porque quería pasarme por la peluquería. Llego y una de las secretarias me dice, un tanto azorada:
-“Karina, Rodolfo ha preguntado varias veces por ti. Los de S. llevan aquí cerca de una hora”.
-“Pero si la reunión es a las 12,30”.
-“Qué va, han venido a las 8,30”.
No me lo puedo creer. Entro en la sala de reuniones.
-“Disculpadme, pero nadie me había avisado del cambio de hora de la reunión”.
-“Yo te avisé”, salta Pitagorín. “Te mandé un correo”.
-“Pues no lo he visto…”
El caso es que el cliente adelantó la reunión porque sale de viaje, así que prácticamente llegué a la despedida. Justo cuando iba a encararme con Pitagorín, Rodolfo me llama a su despacho.
-“¿Qué ha pasado? ¿No te das cuentas de la importancia de este proyecto?”, me dice con cara de pocos amigos.
-“Perfectamente. Pero no me enteré del cambio de hora”.
-“Sólo espero que no vuelva a pasar. Es una actitud muy poco profesional”.
Cuando salgo, Pitagorín no está. Por lo visto, el cliente le ha pedido que se encargue de no sé qué papeleo y se ha ido directamente a ello. No salgo de mi asombro. Sobre todo al ver que el mail me lo envió ¡el sábado por la tarde!
Le espero.
-“¿Tienes algún problema en trabajar conmigo? Si es así, lo hablamos con Rodolfo y punto”.
-“No, en absoluto”.
-“Entonces, ¿por qué te empeñas en complicarme las cosas?”
Así me imagino la conversación, que no he llegado a tener. Pero a la próxima le espero de verdad. Todo esto empieza a oler muy mal, ¿no creéis?