¿La Inteligencia Artificial escribirá nuestras vidas?

xzgfkmnvakdfui3py5a7

Dicen que lo que más nos diferencia de las máquinas es la creatividad, esa capacidad que tenemos todos los seres humanos de inventarnos cosas nuevas y de resolver los problemas con ingenio. Por esa razón, también nos dicen que debemos volver a ella y aprender a potenciarla de nuevo, como hacíamos cuando éramos niños, porque los sistemas educativos tradicionales la fueron apagando sin prever que, en la actualidad, se convertiría en una ventaja competitiva. Y todo ello es verdad, pero me temo que solo a medias…

¿Has visto la película Sunspring (2016)?. Es el primer corto cinematográfico rodado con un guion escrito completamente por una inteligencia artificial. Detrás estaba Benjamin, una red neuronal de memoria a corto plazo, alimentada y entrenada con múltiples guiones de películas del género de la ciencia ficción de los años 80 y 90. El entrenamiento previo incluyó clásicos como Blade Runner, 2001: Una odisea del espacio y la saga completa de Star Wars. A Benjamin solo le pusieron tres condiciones: que reflejase un mundo futuro con mucho desempleo, que incorporase como mínimo una escena con un libro y que él mismo se encargase de decidir el título de la obra.

El resultado es una película que muestra un sorprendente y extraño drama psicológico futurista. Es un corto de nueve minutos que tiene momentos y diálogos difíciles de entender y, desde luego, no se trata de una obra maestra. Sin embargo, tuvo una gran acogida en el Festival de Ciencia Ficción de Londres y, posteriormente, entre el público mundial, lo que explica que Benjamin ya tenga un nuevo trabajo entre manos: Randle is Benign.

Si ya te estás haciendo la pregunta, la respuesta es «sí»: la inteligencia artificial también escribe poesía. Sucedió en 2016, en Google Brain («Cerebro de Google»), división del gigante de Internet encargada de fabricar redes neuronales artificiales capaces de imitar el funcionamiento de nuestro cerebro.

El equipo necesitaba que su plataforma de experimentación tuviera un buen catálogo de palabras, y ¿qué mejor forma de hacerlo que utilizar novelas románticas? Por ello, decidieron «alimentar» su invento con más de 11.000 obras literarias, entre las que había unas 3.000 novelas del género romántico y unas 1.500 de fantasía.

Tras introducir toda esa información, pidieron a la red neuronal que completara un texto. La prueba era fácil; escribieron la primera y la última frase de cada párrafo y solicitaron a la máquina que se encargase de añadir el resto. El resultado fue un poema muy sencillo, pero con sentido, y, tras repetir el resultado en nuevas ocasiones, el fruto fue siempre el mismo: poesías. Veamos a continuación alguno de estos ejemplos:

There is no one else in the world (No hay nadie más en el mundo)

There is no one else in sight (No hay nadie más a la vista)

They were the only ones who mattered (Ellos eran los únicos que importaban)

They were the only ones left (Ellos eran los únicos que quedaban)

He had to be with me (Él tenía que estar conmigo)

She had to be with him (Ella tenía que estar con él)

I had to do this (Tuve que hacer esto)

I wanted to kill him (Quería matarlo)

I started to cry (Empecé a llorar)

I turned to him (Me giré hacia él)

Y para terminar, debo añadir que también podemos escuchar música compuesta por mentes artificiales. El laboratorio de investigación de Sony ha compuesto dos piezas de música pop utilizando un sistema de inteligencia artificial: Daddy’s Car, una obra que recuerda bastante a los Beatles y The Ballad of Mr. Shadow, inspirada en las creaciones previas de varios compositores norteamericanos. Este ha sido, seguramente, el caso más mediático, pero no ha sido el primero, ni tampoco el único. Google también anunció la creación de una melodía con inteligencia artificial. Era una pieza de 90 segundos para piano. En este caso, no está prevista la comercialización del resultado, sino del software utilizado para la ejecución, con el que la empresa aspira a contribuir al desarrollo de nuevas formas de crear, en particular, fusionando arte y tecnología.

¿Y por qué cuento todo esto?. Porque todas las profesiones y los negocios (hasta los más creativos) se pueden beneficiar de nuevas herramientas que hubieran sido imposibles de imaginar hace pocos años. Por todo ello, ha llegado el momento de pasar del miedo a la curiosidad, y de ponernos las pilas con todo esto de la tecnología. Pensar que el mero hecho de impulsar nuestra creatividad nos puede salvar del impacto del tsunami digital puede ser, para algunos, el principio del final…

PD: Muchas gracias Silvia Leal por tu inestimable colaboración en este nuevo empresamiento. Silvia Leal es doctora en sociología y experta en innovación y transformación digital, temas sobre los que colabora con distintos medios de comunicación como RTVE, El País y Agencia EFE. Por su trabajo con distintas instituciones académicas y la Comisión Europea, está reconocida como una de las diez expertas más influyentes de España.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>