El fin del sueño bursátil

5 Junio, 2008

Lo confieso: yo también he sido jazztelero, avanzitero, urbasero, sniacero,… y hasta en una ocasión formé parte del accionariado de Bodegas Riojanas (aunque creo recordar que aquella decisión la tomé tras ingerir algún producto de la compañía). Yo también fui embriagado por la idea de conseguir rentabilidades de tres dígitos en unas pocas semanas.

Durante los años de bolsas alcistas, esta idea atrajo a manadas de inexpertos inversores hacia los mercados, alentados en más de una ocasión por los calientavalores de turno o espoleados por los titulares de la prensa salmón. Y la verdad es que esos años de exuberancia alcista regalaron a más de uno las rentabilidades prometidas, aunque me temo que estos últimos meses habrán acabado por dilapidar las plusvalías acumuladas, cuando no hacerles entrar en pérdidas. Es lo malo de creerse ese sueño bursátil de hacerse rico en poco tiempo operando sólo con chicharros y verlo cumplido: que acabamos por creer que todo el monte es orégano y no nos preocupamos en prepararnos para cuando el campo se plague de ortigas.

La grandeza de los Blue Chips

Estos últimos meses han venido a demostrar que los grandes valores, los llamados blue chips, pueden ofrecer rentabilidades tan jugosas como las de los pequeños valores. De hecho, en la recuperación vivida desde los mínimos de enero han sido los grandes los que han dado algo de juego alcista, mientras que la mayor parte de los pequeños valores se han quedado estancados en su bajismo vertical.

Vivimos bolsas diferentes a las vistas desde 2003 hasta finales del año pasado y toca estar medianamente preparado para jugarse el dinero en esto que algunos comparan con un gran casino. Cada operación que realizamos no es otra cosa que una apuesta por una determinada jugada, jugada que acabará o no plasmándose según lo que el inexorable crupier que constituye el mercado acabe decidiendo.

Personalmente, prefiero hacer mis apuestas sobre valores grandes y con suficiente liquidez. Si alguien entiende que esta forma de operar pueda resultar un tanto aburrida, ahí tiene al apalancamiento como inyectable capaz de elevar la adrenalina del operador más deseoso de emociones fuertes.

Bolsa y póquer

Curioso esto de la comparación entre la bolsa y el casino. Y digo curioso porque el término blue chip tiene precisamente su origen en el color azul que tienen las fichas de mayor valor en las mesas de póquer.

Para acabar, y para que nadie extraiga una moraleja equivocada de lo escrito, sólo decir que recomiendo jugarnos el dinero en los grandes valores, lo que no debe interpretarse como una incitación a las compras de blue chips, ya que, como imagino que a estas alturas todos conocéis, no sólo se opera al alza, también se puede ganar dinero apostando por las bajadas.

Por Antonomasia

Cinco reglas de oro para convertirse en el perfecto calientavalores

13 Mayo, 2008

calientavaloresEstos últimos meses de bolsas bajistas, en los que los pequeños valores han sufrido especialmente el zarpazo de los enfurecidos osos, el oficio de calientavalores se ha visto inmerso en una crisis parecida a la que haya podido sufrir el sector financiero o el inmobiliario. Sin embargo, las tendencias no son eternas y en cualquier momento la profesión puede vivir un nuevo resurgir. Sea como fuere, os dejo unas sencillas reglas a seguir para llegar a dominar con soltura el arte del calentamiento de valores.

1º.- Elección de un valor adecuado para la faena. El truco radica en elegir valores de escasa liquidez, de suerte que el poco dinero que puedan mover el grupo de incautos embaucados sea capaz de producir una considerable revalorización del título elegido. Ni que decir tiene, que en los días previos el calientavalores debe haber procedido a la compra del valor en cuestión.

2º.- Análisis fundamental torticero. Hay que hacer creer a las víctimas de nuestro calentamiento que el valor cotiza a unos múltiplos considerablemente inferiores a los de su sector. No importa plantearse las razones por las que el mercado ha decidido pagar menos por este título que por otros similares, lo importante es hacer ver que ese descuento le otorga un tremendo potencial de revalorización.

3º.- Insinuación de información privilegiada. Suele presentarse como la consecuencia lógica del análisis fundamental previamente efectuado. Se insinúa, en algunos casos puede llegar a afirmarse sin tapujos, que disponemos de noticias más que fiables sobre una operación corporativa (opa) sobre la compañía, operación que estaría a punto de suceder.

4º.- Análisis técnico imaginativo.
Aunque la mayor parte de las veces, por no decir todas, el valor elegido es tremendamente bajista y en absoluto dibuja pauta alguna que incite a pensar en un incipiente cambio de tendencia, una imaginativa combinación de líneas y la añadidura (el photoshop puede ser un buen aliado) de hipotéticas proyecciones para el precio (siempre con rentabilidades de doble dígito), conseguirán que más de un confiado lector llegue al convencimiento de que lo que sólo es calenturienta imaginación acabará convirtiéndose necesariamente en realidad.

5º.- Elección de lugares adecuados para la venta del producto. Una vez elegido el valor y realizado el conveniente análisis, toca proceder a difundir nuestro trabajo en el mayor número de sitios posibles. Los foros de bolsa representan hoy en día el lugar perfecto para compartir nuestra desinteresada labor. Si ya se poseen galones, no faltará un reducido grupo de acólitos que se encarguen de jalear nuestras conclusiones y de combatir ferozmente cualquier voz disidente. Si no es así, siempre se puede recurrir al uso de los multinicks.

Si el lector sigue estos pasos al pie de la letra, puede estar seguro de que las plusvalías le acompañarán, sobre todo si no se muestra excesivamente avaricioso y sabe vender justo en el momento álgido de la subida que hemos conseguido provocar con las artimañas enumeradas. Por supuesto, si su conciencia les impide la realización de estas prácticas cuasidelictivas, al menos este artículo les vendrá bien a la hora de distinguir el grano de la paja en este mundillo de la ciberbolsa, que no es poco.

Por Antonomasia

Cómo usar el apalancamiento y no morir en el intento

11 Abril, 2008

Los detractores de los derivados (warrants, futuros, cfd´s,…) suelen argumentar como base de su rechazo a todo aquello que no sea la operativa sobre contado esgrimiendo cierta estadística, según la cual en menos de cuatro años el operador que ose hacer uso de estos productos acabará por perder todo su capital.

Desconozco si el estudio en cuestión realmente existe o no es más que una leyenda urbana, y mucho menos me consta el método más o menos científico que en su elaboración se haya podido seguir. Lo cierto, aunque no guste a todos, es que los derivados hace ya mucho tiempo que forman parte del mercado y que su uso puede ser no sólo aconsejable, sino necesario en épocas de bolsas bajistas.

Dejando a un lado mis dudas sobre la realidad de la mencionada estadística, el sustrato que  la misma destila no es otro que lo pernicioso que resulta el apalancamiento que los productos derivados traen consigo, entendiendo (no sé muy bien la razón que les impulsa a creer esto) que el pequeño inversor siempre se equivocará y que el efecto multiplicador del apalancamiento hará que las pérdidas le  borren del mercado en un abrir y cerrar de ojos.

Estoy convencido de que más de un defensor de esta tesis no ha operado jamás con derivado alguno, pero no es el objeto de este artículo desenmascarar conductas poco profesionales. Mi intención no es otra que desmitificar ese miedo atávico hacia el apalancamiento, dando unas notas muy simples y basadas en mi experiencia personal con los contratos por diferencias, derivado que considero el más adecuado para estos tiempos que corren.

Os dejo con ellas:

1º ¿Qué es realmente el apalancamiento?  Pues básicamente no es otra cosa que la posibilidad de realizar operaciones por unos montantes superiores a aquéllos de los que realmente disponemos en cuenta. De esa manera, por mor del apalancamiento, podremos hacer operaciones por importe de 50.000 euros disponiendo tan sólo de 5.000 euros en cuenta, o de 2.500 euros si el nivel de apalancamiento permitido es mayor. El importe de la operación (los 50.000 euros del ejemplo) suele denominarse valor nominal y es la cantidad que realmente nos estamos jugando. La cantidad que se nos exige tener en cuenta suele recibir el nombre de garantía y variará en función del nivel de apalancamiento que el broker nos permita. Si, por ejemplo, se nos exige como garantía tan sólo un cinco por ciento del valor nominal (los 50.000 euros), la operación sólo necesitará de 2.500 euros de nuestra cuenta. En un caso como el del ejemplo se dice que nos hemos apalancado veinte veces, o lo que es lo mismo que estamos jugando veinte veces más que aquella cantidad que realmente hemos necesitado tener.

2º El apalancamiento no debe ser el motivo para elegir un broker. Las agencias que comercializan estos productos (por cierto, últimamente están comenzando a hacerlo  las agencias que podíamos denominar generalistas) suelen incidir en su publicidad en el gran nivel de apalancamiento que ofrecen. Mi consejo es que no se elija a tal o cual broker por las posibilidades de apalancamiento que nos ofrezca, sino por lo atractivas que puedan ser sus comisiones o sus plataformas operativas, más que nada porque, tal y como explicaré seguidamente, entiendo que los novatos en la materia han de reducir todo lo posible el nivel de apalancamiento.

3ª. Si somos novatos, vamos a reducir el apalancamiento. Imaginemos que nos hemos decidido finalmente por usar un producto como los cfd´s y que estamos delante de la pantalla dispuestos a operar. Cuando operábamos en contado solíamos hacer operaciones por un montante de unos 5.000 euros, así que, de forma inconsciente, fijamos nuestra mirada en la casilla donde figura la suma requerida como garantía y en ella colocamos esos 5.000, sin darnos cuenta (o no valorando debidamente) que en realidad estamos jugando 50.000 ó 100.000 euros. Si la operación sale mal, y perdemos un cinco por ciento, ese porcentaje de  pérdidas se aplicará sobre el valor nominal (50.000 ó 100.000 euros) y no sobre los 5.000 exigidos como garantía. Con ello, además de dar razones a los detractores de estos productos, nuestra cuenta sufriría una importante merma.

Por lo tanto, si vamos a empezar en esto, mi consejo es que en las primeras operaciones hagamos lo siguiente: en el contado solía jugar 5.000 euros y esa cifra va a ser el valor nominal de mis operaciones con cfd´s. Compraré o venderé por un importe real de 5.000 euros, tal y como hacía en el contado, para lo que sólo me exigirán una garantía de 500 ó 250 euros, según el nivel de apalancamiento. De esta forma, el apalancamiento será cero. Le habré restado cualquier atractivo a los cfd´s  (salvo que se trate de operaciones bajistas, imposibles con el contado), pero iré cogiendo soltura sin que un pequeño traspié me cueste un riñón.

Con el tiempo, y valorando siempre qué cantidad es la que realmente estoy jugando, podremos ir aumentando nuestro propio nivel de apalancamiento.
Algunas agencias intentan penalizar esta práctica colocando un mínimo por debajo del cual la operación lleva un recargo en las comisiones (en mi caso particular ese mínimo es toda operación con un valor nominal inferior a 5.000 euros), letra pequeña que también habréis de tener en cuenta a la hora de elegir broker.

4º. Conclusión final. La idea que subyace en el apalancamiento, y que algunas agencias se encargan de ensalzar en su publicidad, es bastante simple: si eres un pequeño inversor que tiene buenas ideas, pero que nunca va a ganar demasiado por el poco montante de sus operaciones, puedes operar como lo haría alguien bastante más adinerado, de tal forma que tus buenas ideas puedan reportarte ganancias considerables.

No puede decirse que esto sea incierto, pero en la bolsa no siempre se gana y conviene tener claro hasta dónde estamos dispuestos a llegar en nuestras pérdidas. El apalancamiento puede atemperarse como mejor nos convenga. No hay que tenerle miedo, si sabemos usarlo adecuadamente, no nos va a matar.

Por Antonomasia

El término medio

4 Abril, 2008

Las personas, casi por definición, tendemos a caer con facilidad en posturas extremas. En el mundillo bursátil esto se ve con más claridad aún. Hace poco más de un año todo era perfecto. Hace dos meses la ruina era inminente e inevitable, a la vista del desplome de la Bolsa.

Jazztel a Astroc, desde Colonial a Vueling, pasando por Urbas, Ercros, La Seda y otros valores de ínfima calidad, y llevándose un palo tras otro, mientras esperan que su prevista revalorización del 200% llegue algún día. Personalmente no me convence ninguna de las dos posiciones (aunque si me pusieran una pistola en la sien y tuviera que elegir una, preferiría la primera). Quizá el ahorrador de a pie, aquél que no sueña con pelotazos, pero que tampoco cree que el colapso del sistema es inminente, debería optar por una solución intermedia. Decían los antiguos griegos que en el término medio está la virtud y quizá tenían mucha razón.

Que alguien poco avezado se ponga a especular con valores estrechos y de pésima calidad, es una locura. Pero tampoco deberían escapar en estampida, vendiendo acciones de compañías buenas al precio que les paguen, simplemente porque todo el mundo lo hace. Aquí es donde me parece oportuno buscar el término medio.

Fondo de armario

Estos últimos meses, en mi opinión, están siendo una excelente oportunidad para ir haciendo un interesante ‘fondo de armario’ con acciones de calidad. Así BBVA y Santander están en niveles de PER históricamente bajos y su rentabilidad por dividendo supera con claridad a los depósitos y a la inflación. Algo parecido se podría decir de Telefónica e incluso de Repsol, sólo por citar las empresas más importantes.

Empresas grandes, precios ajustados, dividendos altos, ingresos recurrentes… ¿Qué más podría pedir un inversor de a pie? Bueno, podría pedir un pelotazo del 200%, pero como ya hemos dicho muchas veces, eso es buscar una aguja en un pajar. En estos tiempos es mejor jugar a la defensiva, que no es lo mismo que jugar con miedo.

Por Sociedad

La tormenta

22 Febrero, 2008

El 11 de diciembre de 2007 el Ibex marcaba 15.890 puntos, muy cerca de su máximo histórico. El 21 de enero había perdido casi el 23% de su valor, en sólo 24 jornadas, lo que nos da una caída media de casi el 1% diario. Ante eso no se puede decir que no pasa nada. Ha caído un buen chaparrón y a muchos nos ha pillado en medio de la calle.

De haberlo sabido, con un aceptable grado de certeza, todo el mundo habría vendido en máximos y a otra cosa. Pero las cosas no son así y hay que adaptarse a lo que viene. Ahora sólo se habla de recesión inminente, de cambio de ciclo bursátil, de bajadas en los próximos dos o tres años y poco menos que del fin del mundo. Incluso he leído a gente que ya pone fecha al fin de la crisis, cuando aún algunos dudan de la fecha de inicio. Se compara la situación con la del año 2000, con el agravante, dicen algunos, que ahora afecta de lleno a USA de lleno. Quizá sea así, el tiempo nos lo dirá.

Pero yo me permito discrepar de ese planteamiento. Y no porque sea un optimista irresponsable, ni un “siemprealcista”, de los que hablan los analistas técnicos, ni nada parecido. Como no me gusta el juego ni el azar, pienso que en plazos largos las empresas valen más o menos según ganen más o menos dinero.

Y no me creo que las grandes empresas de nuestra Bolsa vayan a sufrir un desastre en sus cuentas de resultados de los próximos trimestres. Quizá haya una ralentización, pero no una debacle, ni siquiera en el sector financiero. En este punto las cosas difieren mucho de marzo de 2000. Entonces los precios estaban hinchados, los niveles de PER estaban por la nubes y los dividendos eran pírricos. Ahora pasa todo lo contrario.

A todos nos gustaría poder anticiparnos al mercado, para vender en máximos, comprar en mínimos y maximizar siempre las ganancias, pero eso no es posible. Vender buenos valores en medio de un día de pánico sólo conduce a perder dinero. Quienes vendieron Santander a 11 euros o BBVA a menos de 13, no creo que tarden en arrepentirse, por poner un par de ejemplos. Con niveles de PER de 8 y rentabilidades por dividendo cercanas al 6%, salvo una debacle en sus beneficios, no hay duda de que cuando se calmen las cosas darán rendimiento a los inversores que no las hayan malvendido.

Porque más pronto o más tarde las tormentas se acaban. El Diluvio Universal es mitología mesopotámica y no creo que tengamos que volver a construir otro arca. Por cierto, en 1998 hubo una caída de la Bolsa aún más fuerte que ésta y al final todo quedó en agua de borrajas.

Por Sociedad

La pregunta del millón

22 Febrero, 2008

Ahora que la extrema volatilidad ha sido sustituida por la lateralidad sosegada. Ahora que la intensidad bajista ha dado paso a una calma tensa. Ahora son muchos los que se preguntan si este movimiento bajista iniciado en diciembre ha visto ya sus mínimos y lo que toca es remontar en busca de nuevos máximos o si, por el contrario, el bajismo se ha instaurado en los mercados para una larga temporada.

Adivinos de medio pelo que contesten rotundamente a la cuestión no faltarán, sabedores del amparo porcentual que les otorga la ley de probabilidades que rige todo dilema. Su valiente predicción tiene de su parte un cincuenta por ciento, que no es poco.

Por  lo que a mí respecta, sabedor de mis carencias adivinatorias, no puedo evitar seguir buscando en el análisis técnico las respuestas, principal favorecido por esta bajada que ha pillado, como casi siempre, lejos del mercado a los analistas fundamentales y al que ahora se afanan en volver acomodando sus precios objetivos en no pocos valores.

Lo malo es que el análisis técnico no va a ser capaz de decirnos dónde estaremos en diciembre, o cuánto va a durar este proceso lateral, ni el sentido en el que se romperá. Lo que sí nos dirá, en cambio, es que toda tendencia tiende, valga la redundancia, a perpetuarse y que un proceso de lateralidad con escaso volumen como el que venimos viviendo estas últimas sesiones tiene muchas posibilidades de resolverse en el sentido de la tendencia previa, o lo que es lo mismo, a la baja.

Pero también podría resolverse al alza. Esto, que para algunos no es más que una manifestación más de la ambigüedad que caracteriza a los analistas técnicos, y que yo prefiero ver como un estar preparado para cambiar de opinión con la velocidad que el mercado requiera, esto es lo que hay.

Una cosa sí parece clara: sea para arriba o para abajo el próximo movimiento del mercado, lo hará seguramente con volumen alto. Tarde o temprano, el dinero decidirá hacia dónde deban moverse las bolsas. Ése será el momento de profundizar en nuestra amistad con la tendencia, sea la que sea y se parezca o no a la que imaginábamos.

Que callen los oráculos y que hablen los mercados.

 Por Antonomasia

El mito de las ‘manos fuertes’

17 Enero, 2008

Es, sin duda alguna, uno de los temas recurrentes en esta bolsa del siglo XXI. Lo que empezó siendo un intento más de encontrar explicación a las fluctuaciones de los mercados ha acabado convirtiéndose en una especie de deidad que rige los designios de las bolsas.

La evolución del mito, o su degeneración, está llevando a pensar a algunos en una especie de confabulación planetaria interesada en mover las bolsas dentro de un determinado rango, confabulación a cuyo frente se encontraría lo más selecto de las manos fuertes.

Si bien este tipo de cosas pueden tener su aplicación terapéutica, sirviendo como sparrings que encajen nuestra ira cuando el mercado se mueva en contra de nuestras previsiones, no deja de ser, la mayor parte de las veces, una afición inútil, no sólo por lo sesgado de la información que sobre los movimientos de los grandes operadores podamos recibir, sino también por las distintas motivaciones que en cada caso puedan tener para realizar sus operaciones y que no siempre pasan por la obtención de unas plusvalías.

Si alguien está tentado de acomodar su operativa a los resultados de esas estadísticas e indicadores de manos fuertes tan de moda últimamente, quizá sea bueno recordarle cómo no hace mucho tiempo BBVA vendió un gran paquete de Gamesas a unos 15 euros, cómo UBS pagó 16 euros por un trozo considerable de Banco Pastor o cómo Banco de Santander pagó 27 dólares por Sovereign.

Hay muchos más ejemplos de operaciones que, de haber sido emuladas por pequeños inversores, habrían resultado ruinosas, pero con esto bastará para sembrar la duda en el lector, que no es poco.

Por Antonomasia

Los destrozos de 2007

15 Enero, 2008

La verdad es que veníamos muy mal acostumbrados de los años 2005 y 2006, en los cuales valía todo en Bolsa. Cualquier chicharro, por deplorable que fuera, daba enormes plusvalías. Era el caso de Avanzit, Inmmocaral, Inbesos, Astroc, Montebalito, Cleop, Natraceutical, Befesa, Abengoa y tantos otros.

Se decía algo muy típico en las épocas de euforia: no importa que la empresa sea buena o mala, que gane o no dinero, sólo importa que suba en Bolsa.

El problema es que 2007 ha puesto muchas cosas en su sitio, para bien o para mal. Los destrozos han sido tremendos, pese a que la cifra que quede sea que el Ibex ha ganado un 7.32% en el año. No hay que engañarse: de no ser por Telefónica, Iberdrola y, en menor medida, Santander, el tortazo habría sido de escándalo. Empresas respetables, aunque muy sobrevaloradas en algunos casos, han caído a plomo, como son los casos de Sacyr, Colonial, Ferrovial, FCC, Antena3, Banesto, Popular, Acerinox…

Y eso dentro del Ibex. Las empresas más pequeñas lo han llevado aún peor y encontramos que Astroc, Vueling, Urbas, AISA o Dogi han perdido la mayor parte de su valor. Caídas entre el 30 y el 50% (que se dice pronto) han sido el pan nuestro de cada día en 2007, como por ejemplo Adolfo D., Funespaña, Avanzit, Jazztel, Lingotes, Ercros, Natraceutical, Reno, Tavex, Montebalito, Renta Corp. y un largo etcétera.

Todos estos valores se han recomendado hasta la saciedad en los foros. Si subieron en años precedentes, ¿por qué no lo iban a hacer en 2007? La respuesta se me antoja sencilla: porque sus precios eran impagables y la calidad de casi todas estas empresas era, cuanto menos, dudosa. En ese caldo de cultivo es en el que se desarrollan los batacazo en Bolsa, donde el inversor poco avezado, pero muy ilusionado, acaba perdiendo hasta los zapatos.

Conclusión: en Bolsa a corto plazo puede valer todo, pero a la larga no. El mercado acaba colocando las cosas a su precio más o menos razonable. Si una empresa vale muy poco o nada, más tarde o más temprano el mercado dictará que su cotización sea poco o nada. Así de sencillo y así de complicado.

Por Sociedad

 

Valores con PER alto

11 Diciembre, 2007

Ya hemos hablado en más de una ocasión del PER, asunto que horroriza a los analistas técnicos, como a buen seguro le pasará a mi colega de blog y amigo Antonomasia. Pero tampoco es descabellado pensar en pagar por una acción en función de los beneficios que corresponden a esa parte del capital de la empresa. Y pagar mucho, en algunas épocas, es muy peligroso.

En marzo de 2007 se trató este tema en el foro de Corros de Bolsa. Salieron a la palestra tres valores: Zardoya Otis, SOS Cuétara y FAES Farma. Los dos primeros superaban el PER 40, mientras que FAES debía andar por 80 veces. El debate fue animado y no faltaron foreros que defendían que cifras de PER altas eran perfectamente soportables, siempre y cuando la empresa tuviese potencial de crecimiento, buenas expectativas de futuro, etc, etc.

Y es cierto que en 2006 todo eso valía y se pagaban cantidades de dinero fabulosas por valores como Astroc, Vueling, Avanzit o Urbas, empresas con escasos beneficios. Pero en 2007 las cosas han ido por un derrotero diferente y ya no vale pagar lo que sea por los beneficios. Y el ajuste vía rebaja de PER es muy doloroso.

Tres ejemplos

Ciñéndonos a los tres valores que hemos mencionado vemos que los resultados no son muy halagüeños. SOS Cuétara es la mejor parada, ya que desde máximos sólo baja un 9%, cifra tolerable. Peor les va a FAES, que se deja un 37%, y a Zardoya, con una caída de un 40%, máxime cuando se consideraba un valor estable y seguro.

Que yo sepa ningún valor puede mantener niveles de PER elevados durante largos periodos de tiempo. Tarde o temprano habrá un ajuste, que reconduzca a pagar 10, 15 o, como mucho, 20 veces los beneficios. Y ese ajuste es muy raro que se haga vía crecimiento de beneficios, ya que las empresas no pueden crecer a ritmos altos durante muchos años. Por tanto, en la mayoría de casos el ajuste se produce vía precios, al menos en su mayor parte.

Imagine el lector un valor de PER 80 que acaba reconduciendo esa cifra a un más modesto PER 20. Si el ajuste se produce en su totalidad por la vía del precio, tendremos que la acción acabará valiendo la cuarta parte de lo que valía. Aunque la mitad del ajuste se diese por la vía de la mejora de los beneficios, tendríamos una bajada del 50% en el precio del título, que no es poca cosa.

En fin, en Bolsa nadie da duros a cuatro pesetas, eso es claro. Pero tampoco es nada recomendable pagar los duros a seis pesetas. Tarde o temprano nos pasarán la factura.

Por Sociedad

¿Sirve de algo el trading virtual?

6 Diciembre, 2007

El trading virtual, además de ser el único tipo de operativa que algún asiduo habitante de la ciberbolsa practica, es una técnica comúnmente recomendada para aquéllos que se inician en el mundo de los mercados.

Ciertamente, entendido como la práctica virtual o sobre el papel de operaciones bursátiles, su uso puede ayudar a un mejor conocimiento de ciertos aspectos de la operativa real, sobre todo en productos derivados que entrañen cierta complejidad, tales como warrants, futuros o contratos por diferencias.

El hecho de jugar con dinero irreal, o el hecho de no soportar o disfrutar pérdidas o ganancias reales, elimina uno de los aspectos fundamentales de la operativa bursátil: el miedo.

Y es que el temor a perder o a dejar de ganar es, sin duda, uno de los aspectos que más mediatiza nuestras decisiones de inversión. Lamentablemente, sólo sufriéndolo reiteradamente en nuestras propias carnes podemos entrenar su control.

Un ejemplo

Compramos el valor equis a 40 euros, colocamos el stop de protección en la pérdida de 38 y marcamos unos objetivos iniciales para el precio en los 45. En el terreno del papertrading, respetamos escrupulosamente los niveles y el saldo final de nuestras operaciones. Si fuimos medianamente certeros en su elección, suele ser positivo. Ello nos anima a cruzar el umbral de la realidad, convencidos de que las cosas funcionarán al otro lado igual que en el monopoly bursátil.

Pero, siguiendo el mismo ejemplo, cuando el precio anda por los 42 nos asalta el miedo a perder lo ganado y pulsamos la tecla de venta sin esperar a la consecución de los objetivos, o bien, perdidos los 38, nos engañamos con la posibilidad de una inmediata recuperación que no nos obligue a cerrar la posición en pérdidas y dejamos de ejecutar nuestro stop.

En definitiva, el miedo, ese enemigo que todos llevamos dentro, no puede ser entrenado virtualmente, hay que sufrirlo para poder llegar a dominarlo.

Aun así, y aunque sólo sea por la moraleja que se extrae de todo esto, que no es otra que demostrar lo conveniente que resulta respetar escrupulosamente el método de especulación o inversión elegido, sea el que sea, contestemos afirmativamente a la pregunta inicial.

Por Antonomasia