Los síntomas de desorganización son, entre otros, la incapacidad para distinguir claramente en el espacio entre lo urgente, lo innecesario, lo que está en proceso o lo que es importante. Así como la inexistencia de adecuados sistemas de archivo, de seguimiento de tareas, y actitudes reactivas respecto al trabajo. En este caso, el trabajador se ve atrapado en una maraña estresante de papeles y documentos que no le permiten ver de manera clara los proyectos en proceso y sus posibles movimientos.
No sólo las empresas pierden con un ambiente laboral desorganizado, sino que los trabajadores también se perjudican al agregar estrés a las tareas rutinarias y disminuir sus posibilidades de brillar por incapacidad de visualizar oportunidades ventajosas para su carrera.
Un trabajador promedio utiliza aproximadamente una hora al día, o seis semanas al año, buscando documentos mal archivados, no guardados, o rehaciendo tareas debido a una mala organización en el trabajo.
Matemáticamente hablando, si tomamos como ejemplo un trabajador que gana 20 €/hora, al multiplicar este número por 240 horas al año (seis semanas) utilizadas en actividades relacionadas con la desorganización, el monto de pérdidas por falta de productividad asciende a 4.800 €.
Si extrapolamos este cálculo al total de trabajadores de una empresa, las pérdidas pueden ascender a cientos de miles de Euros anuales.
Además del costo del trabajo por horas que es desperdiciado de esta manera, la desorganización genera otros gastos como envíos de correo más caros de último minuto por no haber sido correctamente planificados.
Se producen, igualmente, pagos de intereses o multas por retrasos, pagos de horas extra de trabajo por tareas no realizadas en tiempo regular, gastos por reproducir o volver a comprar productos o proyectos perdidos, entre otros. Todo esto sin contar las oportunidades que se pierden para expandir el negocio o ganar nuevos clientes por no dar respuesta a tiempo a demandas.
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