Estába a la mitad de la Sesión de Coaching con una antigua clienta, que tras haber terminado con su Proceso de Coaching en la empresa hace unos meses, me pidió unas Sesiones esporádicas para reforzar su conocimiento sobre un asunto personal que está viviendo. Cansada de sus vueltas, le interrumpí y le dije: Silvia, ¿para qué quieres hacer Coaching hoy?
Tú y las preguntitas de los super-coaches. Os creéis dioses capaces de solucionar la vida de la gente potenciando lo mejor, rollo positivo, todo optimismo… Ya, pero mira. La vida es jodidamente dura y el rollo Bob Marley no funciona. ¡Figúrate si no funciona, que él la palmó con 36 años!, se dejó caer hacía tras en el sofá y arrogante encendió un cigarrillo.
Mientras consumía el cigarrillo a grandes caladas, me precipité sin pedir permiso sobre su cajetilla de cigarrillos y me encendí uno con su misma actitud. Hacía casi veinte años que no fumaba y el sabor me supo fatal. Ella lo notó y en silencio me miró con indiferencia. Agarras el cigarrillo con mucho glamour y sostén, enuncié la observación.
Pues te equivocas, diosecilla.- Sonrió perversa- es una pose que he ensayado frente al espejo durante años. Te hacía mayor cuando empezabas a salir. Más interesantes en las conversaciones políticas y ni te cuento tras un baño desnuda en pleno Atlántico. Ahora está mal visto fumar. Es el diablo. -Se puso de pie en frente de mí y con rabía me instigaba- Venga díme que está mal, qué lo deje ya, que no me viene bien para los pulmones, que no le mola mi aliento a tabaco a mis empleados, qué me ven trasnochada. ¡Venga, suéltalo ya!
Se pasó por mi mente invitarle a irse, pero respiré y apelé a la intuición. Eres una transnochada, y te huele el aliento a tabaco y alcohol, dije sin pestañear, ya de pie y frente a ella.
Se le inyectaron los ojos y cerró las manos en puños. Yo seguí frente a ella sin bajar la mirada y dejándome fascinar por lo que estaba pasando allí. El silencio entre nosostras se prolongó dos minutos. Después abrió las manos y los brazos, caminó torpe dos pasos hacía atrás y rompió a llorar. ¡No puedo más! Me siento una fracasada. Mi matrimonio duró cinco años. Lo siguiente ha sido una riestra de encuentros rotos, casi desde el origen. Ahora, ya me acuesto hasta con mis empleados 25 años más jóvenes que yo. -Se sentó de nuevo en el sofás, pero esta vez escondía la cabeza entre sus brazos y sollozando seguía.-Y aunque me quiera engañar creyendo que soy un dichado de virtudes y experiencia y les arreglo sus vidas, no les doy nada.
¿Y él qué quieres que te dé?, interrumpí enfocando el tema que Silvia estaba todo el tiempo evitando.
Todo, quiero todo de él. ¡Ese chavalito! -Sonrió tímida haciéndo un inciso- ¡Podría ser mi hijo por la edad! Le quiero a él entero y sólo para mí. No sé que tiene, pero me parto en dos de dolor cuando pienso que puede enamorarse de otra mujer. -Se llevó la mano al corazón-
¿Qué estás acariciando ahí?, hice el mismo gesto que ella con la mano en mi corazón.
-Sus ojos se iluminaron dejando correr lágrimas vibrantes, mientras su voz se adulzaba y entrecortaba.- Algo muy bello que jamás había sentido antes. Es una sensación de calma, de estar bien, de ver lo bello, de ligereza. Camino por la oficina como si mis pies estuvieran unos palmos por encima del suelo. Creo que la ropa también me queda más suelta. Es un sueño y tengo mucho miedo de que se rompa.
Claro y para eso estás ya poniendo a funcionar tu cabeza de estrategia logística ¿verdad?
Otra vez la diosecilla. Ya sabes lo que estoy haciendo y lo que voy a hacer. -Le cambió el tono de voz- Y seguro que no te parece bien.
¿Y a tí qué te parece tu plan?, volví a preguntarle.
-Se levantó del sofá y dio unos pasos hacía la ventana donde se quedó mirando y murmurando lo que veía- ¡Menudo leñazo que se ha dado ese niño con el patinete! Claro, iba a toda mecha. Tampoco es de extrañar. Teníamos una tata en casa que siempre decía. ‘Avanzar a zancadas no te lleva lejos’.
Repite lo que has dicho, le pedí con seguridad.
‘Avanzar a zanca…’ ¡Guauuuuuuuu! Esto es lo que está pasando. -Se volvió hacía mí- ¿Cómo lo has visto tú?, preguntó intrigada.
Porque soy una diosecilla, dije bromeando. Lo has visto tú Silvia, -retomé la conversación.- Tú sabes que eres la única que puede diseñar cómo quieres que sea tu vida mejor y más vibrante.
Y más llena de amor, me interrumpió impetuosa acercándose a mí. No se muy bien qué voy a hacer las próximas horas, porque después de esta sesión creo que las soluciones están y sólo hay que verlas. De momento no le voy a presionar más. Su amor me hace mejor persona y ahora mismo siento una gratitud enorme.
Gracias Silvia por recordarme que el amor nos hace mejores personas.











Terminé la carrera de periodismo en 1993, tras haber probado la Universidad Bordeaux III en la especialidad de Comunicación.
La grave crisis de ese momento y unas ganas enormes de aventura, me impulsaron a marcharme a EEUU, donde me inicié en la curiosidad por la gente y sus historias. Así las relataba en un periódico en Washington DC, mi puerta a la gran América Latina. Después trabajé en EFE en Chile y el regreso a casa no fue fácil.
He pasado por la publicidad, televisión, las agencias de prensa, revistas, diarios digitales y un largo etc.
Al 'Coaching' me llevó el destino superando una enfermedad o como dice el neurocirujano David Servan Schreiber, un descuido de alguno de 'mis territorios'.