Si la semana pasada destacaba como acontecimientos potencialmente alcistas para la renta variable las cesiones de los bonos, que en un simple lateral no ofrecen sesgo negativo alguno a las acciones, y sobre todo los nuevos máximos históricos del DAX30 alemán por ser una de las resistencias más épicas que trabaja en estos tiempos la renta variable, esta semana las novedades también van más allá de la continuidad de la escalada y los nuevos récords de buena parte de los índices de Wall Street.
El mercado mantiene alguna incógnita importante a nivel índice, China y Brasil especialmente. Bien, vaya quitando usted al gigante asiático de la lista, pues como puede verse a la derecha de esta tribuna tenemos un exquisito patrón de vuelta en el Shangai Composite Index, que además no llega solo. Esto cierra en principio la corrección nacida a principios de febrero. E invita a soñar con las consecuencias de medio plazo de una ruptura de los máximos dejados entonces, pues en tal caso tendríamos una formación análoga a la de corto plazo pero construida durante año y medio; lo que cerraría el mercado bajista nacido tras el contraataque comprador que ellos vivieron desde finales de 2008 y no desde marzo de 2009. Brasil, por su parte, depende de los 57.000 del Bovespa para empezar a alejar los fantasmas.
Nos habla también, o mejor dicho nos sigue hablando, Wall Street. La ruptura de los 3.000 puntos del Nasdaq100, de confirmarse, sería un paso que dejaría ya sólo una resistencia en pie: los 15.800 puntos del Dow Jones Industrial que se obtienen a día de hoy por la unión de los altos de 2000 y 2007 en un chart ajustado.
Junto a China, lo más destacable de la semana fue el comportamiento alcista del billete verde norteamericano en todos sus frentes. Rompiendo máximos de 2012 sin alterar a la renta variable, la divisa norteamericana parece responder a la vieja idea de un cambio de paradigma basado en la recuperación de la economía norteamericana; pues de otro modo le va a costar a más de uno poder explicarlo.