Después de varios meses de muchos cambios ya estoy de vuelta con mi pequeño blog. Se quedarán muchas de mis últimas experiencias en el tintero pero mi viaje a Singapur no va a ser una de ellas.
Singapur, paraíso gastronómico. Diferente, dinámico y variado.
La ciudad es una mezcla de culturas. Malasia, China e India conviven en una pequeña extensión en la que una de las cosas que más me llamó la atención fue la pulcritud de las calles.
Los hawckers son una visita obligada. Son food courts fruto de la agrupación de muchos vendedores de comida ambulantes. Están por todos lados. La comida que allí podemos encontrar es exquisita y a precios muy asequibles. Uno de estos hawkers es Maxwell, en Chinatown, y su puesto más conocido es Tian Tian, en el que siempre hay largas colas para pedir el plato nacional de Singapur: chicken rice. Sí, arroz con pollo.
Un food court algo menos auténtico pero muy agradable y con unos puestos muy bien seleccionados es Makansutra Glutton Bay. Allí tomé el chili crab, cangrejo con una salsa picante que se prepara durante días. El que yo probé era muy bueno aunque el más popular se encuentra en uno de los hawkers cerca del aeropuerto.
Otros sitio peculiar, al que fui por recomendación de David Muñoz, de Diverxo, fue Din Tai Fung, una cadena de restaurantes especializada en dim sum. En Singapur comen sin parar así que hay mucha gente a todas horas en cualquier restaurante, y en concreto en los de esta cadena. Lo que más me impresionó es la brigada de cocina. Decenas de cocineros con mascarillas preparan a mano estos deliciosos bocados, uno a uno. Y el dim sum estrella es el Xiao Long Bao, carne de cerdo con caldo, todo envuelto en una pasta finísima. Explota en la boca. Espectacular. Ojala los trajeran a Madrid…
En Singapur también hay muchos restaurantes de alta cocina, grandísimos chefs de todo el mundo han abierto allí sus locales. Uno de estos restaurantes es Tippling Club. Cocina imaginativa, platos muy bien trabajados y productos seleccionados procedentes de muchos y muy diferentes países. Increíble la carne de Kobe, la de Japón, de la que sólo puede importar 50 kg al año. Divertido toparme con las mini tortas de Finca Pascualete y con algún buen ibérico.
Tippling Club tiene una barra en forma de U para unas 30 personas (por poco tiempo más ya que van a cambiar a un local… diferente, según me dijo su chef, Ryan Clift). Para comer, se puede elegir una de estas dos opciones: un menú clásico o un menú más largo y elaborado, de diez platos. La coctelería es una parte más de la cocina y muchos de los platos se combinan con cócteles.
Singapur no es barato así que si se quiere probar la alta cocina hay que estar preparado para pagar su peso en oro.
Termino con dos cosas. La primera de ellas, una recomendación. El restaurante Ku De Ta, en el espectacular edificio Marina Bay, no vale mucho la pena. Mucho mejor ir a tomar una copa y disfrutar de las mismas vistas después de cenar mejor y más barato en cualquier otro restaurante.
La segunda, un apunte. El restaurante Catalunya dirigido por Pol Perelló (ex-Bulli), que aporta mucho glamour a la cocina española. Impresionante local e impresionante ubicación, un “igloo” en la bahía de Singapur rodeado de rascacielos.
Unos días dan para poco en esta increíble ciudad… Estoy deseando volver y contaros algo más!




































































