El hijab de Gallardo

Publicado por en El futuro de Andalucía, Energía, Junta de Andalucia, PSOE.

La toma de control de Cepsa (en la imagen, su refinería de Algeciras) por el fondo soberano IPIC de Abu Dhabi y las turbulencias gasísticas procedentes del Magreb coinciden en el tiempo con el redoble de tambores previo a la resolución definitiva sobre el proyecto de la refinería Balboa de Badajoz. Ambos temas aparentemente tan lejanos quizá estén interconectados, al menos por las consecuencias que tiene para el proyecto español que hayan coincidido en el tiempo.

Evidentemente, los árabes no han comprado o dejado de comprar la segunda petrolera española por lo que el empresario extremeño Alfonso Gallardo quiera hacer en su tierra. Tampoco la argelina Sonatrach se ha enfrentado a Gas Natural por el precio del gas que le suministra pensando en cómo podría afectar a este proyecto. Pero el caso es que esta convulsa coyuntura energética que vive España se ha puesto encima de la mesa de decisión del Gobierno la víspera de la decisión sobre si debe o no acometerse la mayor inversión de la historia de Extremadura. Para crear, eso sí, la primera refinería de Europa ubicada en el interior (y no en la costa) en décadas.

Los partidarios de la planta airean estos días su júbilo por lo que consideran que es el inminente visto bueno gubernamental. La ministra Rosa Aguilar, antaño ecologista, ha dicho al presidente extremeño Fernández Vara que en abril se decidirá sobre el tema definitivamente. Los detractores, tras el golpe que supuso que el PSOE (valedor del proyecto desde el primer momento) revalidara su control en los municipios pacenses del área de influencia de la planta, saben ya que la refinería no será un arma electoral determinante en las próximas elecciones autonómicas y locales del 22 de mayo. Manuela Martín, compañera del diario Hoy, lo ha explicado perfectamente en un reciente análisis.

Descartado este efecto político adverso, la ‘pérdida’ de control sobre Cepsa (ya estaba de hecho en manos de accionistas extranjeros, pero los franceses de Total siempre quedan más cerca que Abu Dhabi) y los problemas de Gas Natural con Argelia refuerzan los argumentos en favor de la seguridad del suministro, de contar con más capacidad industrial autóctona (ahí está Repsol)  que respaldarían que se apruebe la planta. Todo un inesperado regalo árabe, en definitiva, para hacer realidad un proyecto que se lanzó hace ya ocho años y que ha seguido adelante por la pétrea convicción de un sólo hombre.

Esperamos el desenlace con vivo interés.

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