‘Es Acwa Power, estúpidos’

Publicado por en Energía, Internacionalización, Renovables.

Los problemas con su deuda que arrastra Abengoa desde hace más de un lustro, y que la empresa parece haberse tomado por fin en serio después de una crisis bursátil en noviembre que hizo temblar sus cimientos, no son los únicos ni, quizá, los más importantes. Una empresa de ingeniería aplicada a la energía, el agua y el biofuel (este último, por ahora a la espera de su venta cuando el mercado responda) debe de preocuparse justamente por ser la mejor ingeniería, ahí está su negocio nuclear sobre el que luego construir todos los castillos de pasivo que los prestamistas acepten. Y la reciente experiencia de Abengoa en la que es su mayor apuesta, la energía termosolar, no es todo lo halagüeña que debería. Podríamos resumirlo copiando a aquel asesor de Bill Clinton que en 1992 recordó al candidato a presidente de EEUU cuál era una de las claves para ganar: Es la economía, estúpido, fue el mantra luego devenido en exitoso. Pues a Abengoa, pese a sus problemas de deuda, también habría que decirle algo así pero adaptado a su negocio: Es Acwa Power, estúpido.

Acwa Power es una empresa saudí que se ha convertido en la principal amenaza para Abengoa y que ya le disputa el liderazgo global en termosolar (por cierto, en alianza con otras empresas españolas como Sener, TSK, Aries o Acciona, lo que también debería de llevar a alguna reflexión en clave ‘nacional’). Es una amenaza no sólo por su músculo financiero o sus privilegiadas relaciones con gobiernos árabes o musulmanes, o porque también es fuerte en ingeniería aplicada a otras tecnologías e infraestructuras energéticas donde también opera Abengoa, sino  porque esta fuerza se suma a los graves errores que ha cometido Abengoa en el diseño u operación de sus plantas termosolares fuera de España. Las explosiones en la planta de termosolar de Shams, inaugurada en 2013 en Emiratos Árabes Unidos, unidas a las pérdidas multimillonarias derivadas del mal diseño y el mal funcionamiento de esa instalación han dejado a Abengoa a los pies de los caballos. Y a sus socios en ese proyecto, la francesa Total y la empresa pública emiratí Masdar, muy disgustados.

De ahí que haya sido Acwa Power la que, en diferentes alianzas con las citadas empresas españolas y aprovechando los problemas de Shams, haya ganado entre 2012 y este mes de enero de 2015 el desarrollo del gran proyecto termosolar de Marruecos, los 500 Mw de Ouarzazate. Abengoa competía por los tres lotes en que se dividió el proyecto, y no ha tenido éxito en ninguno a tenor de las filtraciones de estos primeros días del año. Una situación que puede repercutir en su filial de producción de tubos solares -Rioglass, con plantas en Asturias- y de estructuras metálicas -planta en Sevilla-. La reflexión interna debería ser así identificar dónde está el problema central, clave a medio plazo: el de ser una ingeniería de prestigio, reconocida por su calidad, por su excelencia y que es lo suficientemente abierta de mente para aprovechar las capacidades de empresas -potenciales aliados, no rivales- que tiene al lado -en España- para crecer.

Y no es sólo Shams, ojo a lo que está ocurriendo en la central Solana, el emblema de la apuesta termosolar de Abengoa, donde otra grave explosión en su sistema de almacenamiento de calor a final de 2014 va a impedir que cumpla los objetivos de producción previstos quizá hasta verano de este año. Solana, planta estrella de la filial Yield, la filial que es la solución clave a los problemas de deuda de Abengoa, no funciona como debiera y no genera los flujos de dinero previstos por problemas de ingeniería en el año y medio que lleva en marcha. Es más, precisará de costes adicionales relevantes para resolver esos problemas técnicos. La discreta visita a la central de Felipe Benjumea y Manuel Sánchez, presidente y consejero delegado, el pasado año para conocer de primera mano los problemas, es indicativa de la importancia de los mismos. Otra razón más para volver a los esencial, back to basics, a lo que mejor sabe hacer la empresa para subsistir a futuro sin volver a cometer errores como los de Sahms o Solana. Errores que, además, deberían de comunicarse públicamente, reconocerse, enmendarse y servir de aprendizaje.

Añadan a este cóctel el derrumbe de los precios del petróleo (que está haciendo jirones la competitividad ya muy discutida de la termosolar en costes respecto a otras tecnologías convencionales) y la potencial competencia de Acwa Power junto a sus socios españoles en otros mercados (¿por qué no en EEUU también, donde fue Acciona quien inauguró la primera termosolar del país?), y comprenderán aún mejor la preocupación que se vive en el grupo andaluz más allá del tema de la deuda.

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