El mercado vuelve a rezar a 'santa' Fed para que le salve

Ainhoa Giménez, Bolságora
27/07/2007 - 0:18
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El desplome de ayer provoca que el mercado descuente una bajada de tipos y que se hable de 'credit crunch'. La gente sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena, y los inversores sólo se acuerdan de la Reserva Federal cuando Wall Street se hunde, como ayer.

Rápidamente, Ben Bernanke se convirtió en el único rayo de esperanza en medio del pánico. Y los futuros pasaron de descontar una probabilidad del 47% para una bajada de tipos antes de fin de año a darla por segura con un 95% de probabilidad. ¿Más un deseo que una realidad? Probablemente.

El pánico de ayer vino, como todos los sustos de este año, del mercado inmobiliario. A principios de año, el miedo era que la crisis de la vivienda podía arrastrar a la economía. Esos temores se evaporaron hace unos meses porque los inversores decidieron que los problemas eran locales, que la economía estaba fuerte y que la inflación era el riesgo principal. La rentabilidad de los bonos reaccionó con una subida de 0,65 puntos en un mes hasta el máximo del 5,3% de junio.

Desde entonces, la recaída ha sido igual de espectacular: ayer, esa rentabilidad quedó por debajo del 4,8% en respuesta a esas expectativas casi unánimes de una bajada de tipos y, más importante, a la búsqueda de activos refugio en medio del desplome de la bolsa (el conocido flight to quality).

El mercado inmobiliario, en la forma de las hipotecas 'subprime', ha sido el catalizador para acabar con la exuberancia de los mercados de crédito. La ‘Lex Column’ del 'Financial Times' asegura que "está claro el cambio de valoración del riesgo". La deuda para la compra de empresas, que salía a espuertas de los bancos, ahora se ha retirado. El mercado de los CDO (los bonos que se emiten contra los créditos) de las hipotecas 'subprime' está destrozado. Y los diferenciales de los bonos basura respecto a la deuda pública se han disparado, "algo que incluso los veteranos de Wall Street sabían que iba a pasar, aunque los imperativos comerciales les hacían seguir con el juego".

Una expresión que ya empieza a escucharse -y que se van a hartar de oír en las próximas semanas- es 'credit crunch' (contracción del crédito), algo que siempre ha acompañado las grandes caídas de la bolsa. Además, el desplome de ayer se vio agravado por las ventas de 'hedge funds' y otros inversores atrapados en la crisis 'subprime', que intentaron tomar beneficios a toda velocidad para compensar esas pérdidas liquidando sus valores con ganancias. Sólo eso explica, según Shelly Lombard, de Gimme Credit, las fuertes caídas de empresas que dieron resultados muy buenos, como Goodyear o Dow Chemical.

La Fed no debería bajar, pero si Wall Street sigue cayendo...

Así pues, la única esperanza parece ser la Fed: "Los débiles datos económicos recientes y el batacazo de anoche en la renta variable, provocado por los problemas del mercado de crédito, pueden convencer a la Reserva Federal de que la inflación no es su único problema", explica Greg Robb en 'MarketWatch' citando a varios economistas.

Sin embargo, no todo el mundo lo tiene tan claro. Sean Simko, gestor de carteras de la firma SEI, lo duda por la fortaleza del empleo y los salarios. A su juicio, la Fed mantendrá los tipos sin cambios en el 5,25% (como todo el mundo esperaba hasta ahora), "salvo que veamos un par de días más como ayer. Si los diferenciales continúan ampliándose, la Fed tendrá que actuar y bajar tipos".

La cuestión, según la 'Lex Column', es cómo afectará realmente la crisis crediticia a la economía. La caída de la rentabilidad de los bonos debería estimular la economía, pero el reciente 'profit warning' de la financiera Countrywide alertó claramente de la extensión de la crisis hipotecaria al mercado de mayor calidad crediticia. "La deteriorada confianza en el mercado volverá a prestar atención a lo mismo de principios de año: el potencial de la vivienda para reducir el gasto de consumo".

Lombard recuerda que mucha gente admitía que el mercado estaba muy caro y era muy vulnerable, pero no hacía nada. Ahora el sentimiento ha cambiado claramente. Y, a su juicio, la situación actual se va a prolongar hasta el próximo año, cuando los inversores hagan borrón y cuenta nueva. El año 2007, por tanto, se habrá perdido.

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