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Entre las poquísimas cosas que se pueden tener seguras en los mercados estaba que nunca vas a comprar en el suelo ni a vender en el techo, que los pequeños inversores siempre llegan tarde a los movimientos... y que Google bate siempre las previsiones de beneficios. Ayer, la última de estas certezas se vino abajo.
En realidad, esta decepción da pocos motivos para bromear. Al mercado le duele siempre lo inesperado, y si lo inesperado viene de quien podía considerase 100% fiable, le duele mucho más todavía. De ahí que anoche la acción del buscador de Internet se viniera abajo a lo bestia, cerca del 8%. No hay que olvidar que Google había subido un 20% en 2007 y que se encontraba a menos del 2% de su récord histórico.
Esto barrunta una recaída del Nasdaq tras la recuperación de ayer, y posiblemente algo peor: muchos inversores pueden plantearse que lo ocurrido con Intel y Yahoo no es un problema puntual de estas empresas, sino algo mucho más extendido y, por ende, más grave dentro de la tecnología. Si hasta Google nos falla, puede pasar cualquier cosa.
Y vaya si falló. No sólo no destrozó los pronósticos como es habitual en la compañía trimestre tras trimestre (la única vez que sólo los batió por un poco, en enero de 2006, llegó una dura corrección en bolsa), sino que se quedó por debajo. Ganó 3,56 dólares por acción -sin incluir gastos extraordinarios- cuando los analistas esperaban 3,59, aunque los ingresos netos fueron ligeramente mejores de lo esperado: 2.720 millones frente a los 2.680 millones esperados.
No todo fue negativo. Aparte de la solidez de los ingresos, el crecimiento de los mismos fue mucho más fuerte en los sitios propios de Google (donde se queda todo el beneficio y donde es menos probable el fraude de clicks) que en los afiliados. También se redujeron los costes de adquisición de tráfico, hasta el 30% de los ingresos por publicidad. Asimismo, incrementó su liderazgo en cuota de mercado.
Mirando al futuro, hasta ahora los analistas eran muy optimistas sobre la aportación de las recientes adquisiciones de la compañía, como YouTube, DoubleClick o la empresa de anti-spam Postini. Ahora hay más división de opiniones, entre los que siguen confiando en la magia de Google y los que creen que estos enormes costes de adquisición son la causa de que el beneficio sólo crezca el 285 cuando los ingresos lo hacen al 60%; por tanto, opinan que no va a poder rentabilizarlos.
Al fin y al cabo, ningún intento de diversificación de la empresa ha dado frutos apreciables hasta ahora, y mira que ha entrado en todo tipo de negocios. Especialmente doloroso es el fracaso de su software libre por Internet, lanzado para dinamitar el negocio básico de Microsoft.
Ahora bien, siempre hay consuelo. En el precedente de 2006, el valor se hundió el 15%, pero resultó una excelente oportunidad de compra. ¿Se repetirá ahora la historia?

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