¿Querría poder volar si antes de cada vuelo tuviese que ponerse una cota de malla de 117 piezas? ¿Querría el poder de teletransportarse si antes de cada paseo tuviera que rellenar un formulario de 72 páginas? ¿Querría dominar el universo si para ello tuviera que pedalear sobre una bicicleta estática durante 14 horas al día?
Dicho de otra manera: ¿Cuántos inconvenientes seria usted capaz de soportar a cambio de un poco de magia? Gracias a un nuevo producto llamado WildCharge la pregunta planteada no parece tan hipotética.
El concepto es irresistible: por 60 dólares (unos 44 €) ya se puede adquirir una delgada alfombrilla del mismo tamaño que una para el ratón (203 x 152 mm), con 12 franjas cromadas en la superficie. Al llegar a casa cada día, con sólo depositar el móvil, el iPod y el BlackBerry sobre la WildCharge, quedarán sujetos a ella magnéticamente y empezarán a cargarse automáticamente.
En otras palabras, esta alfombrilla sustituye a la horrenda masa de feos cargadores negros que hacen falta para recargar sus dispositivos móviles. (En el infierno existe un lugar reservado para todos los diseñadores de productos electrónicos que han fabricado en alguna ocasión uno de los innumerables cargadores incompatibles entre sí).
Como la WildCharge puede cargar cinco chismes a partir de una sola toma de corriente, deja cuatro enchufes de la su casa libres para otras tareas más importantes. Si viaja usted a menudo por trabajo, comprobará que llevarse este aparato es más sencillo y ligero que cargar con varios ladrillos negros.
La primera vez que se deposita el BlackBerry o el RAZR sobre la WildCharge y se observa cómo se enciende la luz que indica “Cargando Batería” sin que hayamos tenido que hacer nada, no se puede evitar sonreír y pensar que así es como deberían funcionar las cosas.
Wildcharge no es la única empresa que ha estado persiguiendo el sueño de superficies inalámbricas que recargan aparatos móviles sobre escritorios, mesas de habitaciones de hotel y encimeras de cocina. Varias empresas han trabajado en la creación de este tipo de producto pero WildCharge es la primera que logra lanzarlo al mercado.
Según el fabricante, la diferencia esta en la tecnología utilizada. La competencia trata de incorporar la denominada energía de inducción inalámbrica, que transmite la energía mediante campos magnéticos que cambian rápidamente. Así es como se cargan los cepillos dentales eléctricos. La ventaja es que no se necesita ningún contacto visible para conducir la energía, pero la desventaja reside en la baja eficiencia, la susceptibilidad a las interferencias y, evidentemente, la dificultad de lanzar un producto al mercado.
En cambio, la WildCharge usa energía conductora, es decir que los aparatos que entran en contacto con las tiras metálicas se cargan sin radiación ni campos magnéticos, de modo que las tarjetas de crédito, los discos duros y cintas de video no corren peligro. Tampoco existe riesgo de descargas eléctricas. En caso de contacto entre la piel, líquido o metal con las tiras metálicas, la electricidad se corta al instante (sí, lo he comprobé y no noté nada) y la WildCharge vuelve a cargar los aparatos en cuanto desaparecen los elementos extraños.
Bien, la WildCharge funciona como por arte de magia y resuelve todo tipo de problemas… Entonces ¿cuál es el inconveniente, ya sabe, el equivalente en la WildCharge de la cota de malla de 117 piezas, la bicicleta estática o el formulario de 72 páginas?
El inconveniente es que la electricidad de alguna manera tiene que encontrar una ruta entre la alfombrilla y el dispositivo móvil para poder cargarlo. Cualquier chisme compatible con la WildCharge debe contar en su parte trasera con cuatro pequeñas protuberancias metálicas, dispuestas estratégicamente para que hagan contacto sea cual sea la posición en que dejemos los aparatos sobre la alfombrilla. El problema es que ningún dispositivo actual dispone de esos conectores.
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Hace días que quería comparar el Centro con el Pearl de RIM, porque estos dos teléfonos avanzados de formato chocolatina son negros con detalles plateados, son terminales 2G relativamente económicos y compiten en el mercado por el favor de los usuarios intensivos de mensajería y correo. El Centro es bastante más pequeño que mi anterior Treo 680, pero no tenía ningún Pearl a mano para compararlos. Así que el otro día, al aparecer uno sobre la mesa de un almuerzo del IX Congreso de Periodismo Digital, aproveché la ocasión de ponerlos uno junto al otro.
La fotografía es de Héctor Milla (¡gracias!) y en ella se aprecia el parecido entre ambos, pero también que el terminal de BlackBerry es igual de largo, algo más estrecho y bastante más delgado. Concretamente, el Centro mide 107,2×53,5×18,6 milímetros, y el Pearl 107x51x14,5 milímetros, de modo que el segundo viene a ser un 25% menos voluminoso que el primero, además de pesar un 27% menos (90 gramos el Pearl, frente a los 124 del Centro).
El Pearl es un 25 más pequeño que el Centro: clic para ampliar
Hay que tener en cuenta, claro, que el modelo de Palm cuenta con teclado completo, mientras que el de RIM usa el sistema SureType con varias letras por tecla. La pantalla del Pearl tiene 240×260 píxels de resolución y no es táctil, mientras que la del Centro sí lo es y ofrece 320×320 píxels.
En cuanto a los precios, no son comparables porque el Pearl sólo se puede adquirir en modalidad subvencionada por alguna de las tres grandes operadoras, mientras que Palm vende el Centro únicamente en modalidad libre (299 €). Esta última firma acaba de anunciar que lleva vendido un millón de unidades del terminal, pero precisamente el precio que figura como atractivo en la versión americana del comunicado ha desaparecido en la versión española del mismo.

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