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La tentación de las tabletas híbridas

18 ene 2014 - 12:10 por .

ipad_amb_teclatEn buena parte, el éxito del iPad se debe a su filosofía de “hacer menos para hacer más”. Ahora que ya es un producto razonablemente maduro, ¿puede el iPad ampliar su ámbito de uso sin caer en la trampa de los híbridos entre PC y tableta?

Cuando apareció el iPad, hace casi cuatro años, fue incomprendido inmediatamente por los conocedores del sector… y adoptado gozosamente por los humanos normales. No hay más que buscar iPad naysayers en Google para encontrar unas cuantas perlas de negatividad sobre el iPad. Ni siquiera Eric Schmidt, consejero delegado de Google, fue capaz de evitar la trampa derivada: consideró el nuevo objeto como mera evolución de otro que ya existía y ninguneó el iPad calificándolo de teléfono más grande. Schmidt debería haber tenido más vista, pues había sido consejero de administración de Apple en la época en que Jobs consideraba que las dos empresas eran “aliados naturales”.

Yo tampoco me enteré al principio. Compré mi primer iPad el día que salió al mercado y me decepcionó inmediatamente. Con mi nueva tableta no podía hacer lo mismo que hacía con mi MacBook Air, o con mi diminuto EeePC con Windows XP (¡sin Vista!). Por ejemplo: escribir un artículo como éste en un iPad era prácticamente imposible, y sigue siéndolo.

Admito que esta opinión es absolutamente personal y, además, no comparto la dicotomía entre consumo de multimedia y productividad que Microsoft y sus cómplices (Gartner y similares) intentaron endosarnos. Si por productividad entendemos trabajo, el producto del trabajo, ganarse la vida, las tabletas en general y el iPad en particular han demostrado sobradamente que son herramientas de productividad tanto como dispositivos para la educación y el ocio.

Aún así, elaborar un documento mixto, aunque no sea muy complejo, impulsa irresistiblemente a la mayoría de los usuarios hacia un PC o portátil convencional. Gracias a sus múltiples ventanas y carpetas, con el PC podemos acumular textos, páginas web, hojas de cálculo y gráficos para destilarlos, cortarlos y pegarlos en el documento definitivo.

Y entonces llega Microsoft al rescate. Su híbrido Surface de PC y tableta permite “consumir” multimedia y jugar en la modalidad de tableta pura, pero también cambiar a las prácticas funciones de ordenador portátil que ofrece Windows 8. ¿En un iPad te ves limitado a unos sucedáneos de carpetas que te impiden agrupar los elementos de tu documento en un mismo lugar? No hay problema: el Surface dispone de un interfaz de usuario convencional, con escritorio, carpetas y las aplicaciones de Office con las que estás familiarizado, además del “moderno” interfaz táctil de usuario. Lo mejor de cada mundo, promocionado hábilmente en anuncios de TV que prometen reunir el trabajo y la diversión en un único dispositivo.

¿Dónde está pues el problema?

John Kirk, que se autocalifica de “abogado en rehabilitación” y cuyas columnas, tan documentadas como divertidas, siempre merece la pena leer, tiene la respuesta. En un artículo sobre la metafísica de las tabletas -lo lamento, es de pago- se centra en las diferencias aristotélicas entre tabletas y ordenadores portátiles. Como pago mi peaje de la web Techpinions, citaré el resumen de Kirk [el resaltado es mío]:

Lo táctil es ACCIDENTAL en un ordenador portátil. Es cirugía plástica. Puede que aumente la utilidad del equipo, pero no cambia la esencia de lo que es un ordenador portátil. Un teclado es ACCIDENTAL en una tableta. Es cirugía plástica. Puede que aumente la utilidad del equipo, pero no cambia la esencia de lo que es una tableta. Además, -y esto resulta clave- una metáfora de entrada táctil debe ser completamente distinta de una metáfora de entrada mediante píxels, y ambas son incompatibles entre sí. No es sólo que no coexistan cómodamente dentro del mismo formato de equipo, sino que tampoco coexisten cómodamente a la vista de nuestra mentalidad.

En pocas palabras, si las tabletas y los ordenadores portátiles son tan distintos, no es por accidente. Por el contrario, sus diferencias -sus incompatibilidades- son la esencia que los hace ser lo que son.

Microsoft, profundamente anclada en la cultura de la retrocompatibilidad que le ha ido tan bien durante tanto tiempo, ha hecho lo habitual: añadir una capa de tableta encima de Windows 7. El resultado no ha arrasado en el mercado y parece ser el motivo de la marcha de Steve Sinofsky, el zar de Windows que ahora está felizmente acomodado en la Harvard Business School y en el consejo de la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz. Mucha gente considera que los 900 millones de dólares perdidos con la Surface RT también contribuyeron a la dimisión de Ballmer en agosto de 2013.

Viendo el asunto con perspectiva, la decisión de Apple de limitarse a una tableta “pura” parece más inspirada que afortunada. Si recordamos que antes del iPhone hubo un proyecto de tableta, que quedó aparcado durante un tiempo, el “minimalismo testarudo de Apple, su negativa a hibridizar el iPad pueden ser considerados resultado de una larga experimentación, con bastantes dosis de la inflexibilidad de Steve Jobs (y de Scott Forstall).

Por lo tanto, la apuesta de Apple se puede resumir así: los MacBooks y los iPads tienen sus respectivos casos de uso, y los dos reciben altas puntuaciones en satisfacción de los usuarios. ¿Por que estropear algo que funciona tan bien?

Los críticos añadirán: ¿Por qué vender un solo dispositivo cuando podemos vender dos? A Apple le conviene más “obligarnos” a comprar dos equipos para incrementar sus ingresos. Sobre esto, Tim Cook suele recordar a Wall Street que Apple prefiere auto-canibalizarse, permitir que sus productos nuevos y menos caros desplacen a los existentes. De hecho, el iPad sigue canibalizando tanto a los portátiles PC como a los Mac.

A todo esto, queda por responder una pregunta: ¿Hasta aquí hemos llegado? ¿Los fundamentos del iPad se mantendrán tal como han sido desde el primer día? ¿Tendremos que volver a nuestros portátiles para escribir los documentos mixtos y moderadamente complejos de los que hablaba antes? ¿O mejorará la idoneidad de la combinación de hardware y software del iPad para este tipo de uso?

Para empezar, podemos eliminar la posibilidad de un dispositivo iOS/Mac mixto, uno que funcione como iPad hasta que le añades un teclado/touchpad y se convierte en Mac. Aqui no habrá artilugios. Si es eso lo que queremos, ya sabemos a quien recurrir.

Lo siguiente sería una versión de iOS que permita tener varias ventanas en la pantalla del iPad; que las carpetas dejen de estar vinculadas como ahora a cada aplicación por separado y permitan guardar documentos de varias aplicaciones en el mismo sitio. Añádase un cursor parpadeante para el texto, y lo que se obtiene es… un Mac, o algo que se parece demasiado a un Mac pero sigue sin serlo. Precisamente la razón por la que no funcionará.

(Ello plantearía la cuestión de sustituir por un procesador A7 o A8 el chip Intel que llevan los MacBook Air. Se puede hacer -es una “simple cuestión de software”- pero en cuánto bajaría el coste de fabricación? Tal vez 30 o 50 dólares. No está mal, pero tampoco es nada del otro jueves. Tal vez lo trataré en otro artículo.

Aún así, unos cambios más modestos, de tipo evolutivo, serían bienvenidos. A principios de año, Counternotions proponía un portapapeles con secciones como solución provisional a la “multitarea” de iOS:

[...] hasta que Apple tenga una solución más general a la multitarea y la navegación entre aplicaciones, en la WWDC se debería presentar un portapapeles con secciones y un interfaz de usuario visible. Creo que eso le daría a Ive otro año para lograr una solución arquitectónica más completa, pues le va a hacer falta.

La WWDC de este año nos trajo la actualización de iOS más radical hasta la fecha, pero sin solución general ni provisional a la multitarea ni a la navegación entre aplicaciones que se comenta en el artículo. (Además del blog Counternotions, este autor tan enigmático como erudito publica también counternotions.tumblr.com y se le puede seguir en Twitter como @Kontra).

Una versión de la sugerencia anterior se podría conceptualizar en forma de buzón flotante que se invocaría cuando fuera necesario, flotando sobre el documento en el que trabajamos. Así no sería preciso recrear un interface como el del PC, con escritorio y ventanas. Los componentes necesarios se podrían extraer del almacén flotante, arrastrándolos y soltándolos sobre el trabajo en curso.

Tendremos que esperar a ver si y cómo Apple hace evolucionar el iPad sin caer en la trampa de los híbridos.

En un tono aún más especulativo, un reciente vídeo de presentación del iPad Air muestra brevemente el puntero Pencil de Fifty-Three, los creadores de la apreciada apli Paper para el iPad. Hasta ahora, los punteros no han triunfado en el ipad. Apple sólo vende los de Disney y Marvel, dirigidos a los niños. Y nada más, pese a la abundancia de este tipo de accesorios en Amazon. Tal vez algún día veamos a Apple concediendo a Bill Gates el deseo que cita Walter Isaacson, biógrafo de Jobs:

“Llevo muchos años pronosticando una tableta con puntero”, me dijo. “Al final se hará realidad o yo me habré muerto”.

Algún día podríamos ver un iPad, sea o no de mayor tamaño, sea o no Pro, cuya pantalla contemple más grados de sensibilidad a la presión. Tras ver el trabajo de David Hockney con iPad en el museo de Young de San Francisco, así lo espero.

en Monday Note

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