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Sorpresas del iPhone 5s

21 oct 2013 - 17:05 por .
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iphone_5s_trescolors“Me reservo mi opinión sobre el nuevo iPhone hasta haber tenido la oportunidad de hacer de cliente, comprar el producto (a mi media naranja parece gustarle más el 5c, mientras que yo aspiro al 5s) y usarlo durante un par de semanas, el tiempo necesario para ir más allá de mis impresiones iniciales, a menudo equivocadas”. Escribí estas palabras hace poco más de un mes. Ahora ya he hecho de cliente durante las dos semanas obligadas -tengo un iPhone 5s desde el día 3 de octubre- y ya estoy dispuesto a informar al respecto. Pero antes, un poco de contexto.

Los lanzamientos de iPhone siempre generan controversia. Siempre hay algo de lo que quejarse: el antennagate del iPhone 4, la beta de Siri en el 4S, el merecido fiasco de los Mapas del año pasado, que dio lugar a una digna e inequívoca disculpa de Tim Cook.

(Si cada uno de esos fracasos se traduce o no en pérdida de ingresos ya es otra cuestión).

Sentado entre el público de la presentación del iPhone original, en enero de 2007, pensé que la demo era demasiado buena, y que Steve estaba (otra vez) presentando los hechos a su manera. Me temía que cuando el producto saliera al mercado al cabo de unos meses, la realidad sin distorsionar rompería el hechizo

Ahora sabemos que el iPhone que Steve presentó en el escenario no estaba terminado, y que siguió con mucho cuidado una ruta a través de un campo de minas. Pero el JesusPhone que Apple sacó a la venta -aún por acabar en muchos aspectos (sin aplicaciones nativas, sin cortar-pegar)- fue mucho más que un éxito. Abrió la puerta de la era del Smartphone 2.0.

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Este año, Tim Cook presentó la combinación de hardware/software más arriesgada desde el iPhone original. El iPhone 5s pretende ser algo más que un simple model “nuevo y mejorado”; intenta adelantarse a las previsiones con su combinación de dos discontinuidades: un procesador de 64 bits y un nuevo iOS de 64 bits. ¿Funcionará o le saldrá el tiro por la culata?

Primera sorpresa: funciona.

Me explico. Tengo lo que los abogados denominan “conocimiento personal” de las fábricas de salchichas. He sido responsable de un par de ellas y he participado en varias más. He experimentado de primera mano las vistas, los aromas, el tumulto de las cadenas de producción; por eso no puedo evitar una mueca de dolor cuando me enfrento a un producto nuevo de verdad, porque me preocupo en simpatía con sus progenitores. No es que el 5s carezca de “aromas” propios (más abajo hablaré de ellos), pero el teléfono es elegante y atractivo, las aplis incorporadas son (en su mayoría) robustas, y los diversos API (interfaces de programación de aplicaciones) nuevos prometen aplicaciones novedosas. A diferencia de lo que opinan otros, hay menos incidencias de la que cualquiera podría haber esperado.

La segunda sorpresa es el interfaz de usuario: he leído las feroces críticas a los excesos espartanos, y de hecho siento que la búsqueda de la simplicidad va demasiado lejos en algunos casos. Los botones del temporizador incorporado son demasiado finos y tenues. Cuando medito a oscuras no distingo entre Iniciar y Anular a no ser que me ponga las gafas. Pero en general el aspecto más simple me gusta. Las ventanas y las vistas aparecen con rapidez y agilidad, el texto se muestra con esmero y la supresión de los artefactos skeuomórficos es todo un alivio.

La sorpresa siguiente es el sensor dactilar, también denominado Touch ID. Tras haber visto varios intentos fracasados de incorporar el reconocimiento de huellas dactilares en smartphones y ordenadores portátiles, tenía mis dudas. Además, Apple había comprado AuthenTec, la empresa que creó el sensor dactilar, hace sólo 15 meses. ¿Quién podía imaginar que Apple sería capaz de producir tan rápidamente un iPhone protegido por huella dactilar?

Pero funciona. No es perfecto: a veces tengo que repetir la operación o usar otro dedo (he registrado tres de la mano derecha y dos de la izquierda), pero está claro que Apple ha logrado situar el Touch ID en la categoría de las “tecnologías para consumidores”. Funciona lo bastante a menudo y aporta suficientes ventajas para compensar los (pequeños) cambios de comportamiento.

Uno de mis preferidos es el sensor de movimiento Motion Sensing.

Cuando Phil Schiller, jefe supremo de marketing de Apple, describió el procesador de movimiento M7, no le presté mucha atención. Estaba cumpliendo los dos últimos meses de mis dos meses de condena a llevar puesta la pulsera JawBone UP de la que hablé en un artículo anterior. (Un amigo me sugirió que se la pusiera de collar a su perro para ver qué datos salían).

Además, todo lo de la “monitorización del estilo de vida” no parecía una gran novedad. El smartphone Moto X de Google/Motorola presentado en agosto pasado cuenta con un coprocesador que, entre otras cosas, monitoriza tus actividades, permanece en marcha incluso cuando el procesador principal está en reposo, y ajusta el teléfono en consecuencia. Los predecesores del Moto X, el Droid Maxx, el Ultra y el Mini, contienen un sistema de coproceso similar.

Pero entonces vi una conversación en Twitter sobre las aplicaciones Motion Sensing, alrededor de una semana después de activar mi iPhone 5s. Un par de toques después, la aplicación gratuita Pedometer++ me pedía permiso para utilizar los datos de movimiento (concedido) e inmediatamente me dijo cuántos pasos había dado durante los siete días anteriores.

Me fui al iPhone de mi esposa y le instalé la aplicación. Luego hice lo mismo en los teléfonos de varios amigos. La conclusión fue evidente: el procesador M7 genera y memoriza continuamente datos sobre movimiento, con independencia de cualquier aplicación. Buscando un poco en Google se descubre que ya hay unas cuantas aplicaciones que utilizan los datos sobre movimiento amablemente recopilados por el procesador M7. He descargado varias de ellas, y las cuentas de pasos son coherentes.

(La mejor de su categoría es la ambiciosa MotionX 24/7. La empresa FullPower Technologies de Philippe Kahn licencia el hardware y el software MotionX a muchos proveedores de detección de movimiento, entre ellos Jawbone y, tal vez, Apple. Las tecnologías que se llevan puestas no son sólo para nuestras muñecas… las llevamos en el bolsillo).

Mi esposa me preguntó si su iPhone contaría pasos cuando lo llevase en el bolso. Como marido complaciente que soy, agarré su bolso y salí de casa a dar una vuelta experimental. Pasé junto a una pareja vestida de manera conservadora, que me miraron mal y no respondieron a mi saludo, pero comprobé que los pasos sí se cuentan.

Surge una duda: ¿está Apple registrando silenciosamente mis movimientos? No: mi iPhone registra mis desplazamientos, pero los datos permanecen dentro del dispositivo -a menos, claro, que permita que alguna aplicación los exporte. Hay que tener cuidado con los permisos.

En el 5s hay otras mejoras, bienvenidas pero no especialmente sorprendentes. La cámara ha sido mejorada ingeniosamente en varios aspectos; la búsqueda funciona por fin en Mail; y para que el Senador McCain esté contento, las aplis se actualizan solas.

Todo ello viene acompañado de serie por sus propios fallos, un olorcillo del aparato de producción de salchichas. iPhoto se colgó las tres o cuatro primeras veces que lo probé, pero desde entonces ha funcionado sin problemas. Apareció un logotipo negro de Apple sobre fondo blanco, que desapareció en seguida: demasiado breve para ser un reinicio total, pero demasiado rápido para formar parte de una apli.

He tenido que reiniciar el 5s para recuperar una conexión celular perdida, y he experimentado problemas con la WiFi, esporádicos y difíciles de repetir, que parecen remediarse solos espontáneamente. (“¿Cómo lo has arreglado?”, me pregunta mi esposa cuando su asesor técnico logra que el chisme vuelva a funcionar. “No lo sé, he sacudido al paciente hasta que ha reaccionado”.)

Desde mi punto de vista, reconozco que tecnológico, dichas incidencias no me desaniman: no me hicieron perder ningún dato ni me impidieron finalizar ninguna tarea. Son molestas, pero esperables dados los importantes cambios de hardware y de software. Y supongo que el mercado (en lugar de los comentaristas) las ignorará y esperará que lleguen las soluciones que las resuelvan.

En conclusión, y en general: sí, el “discontinuo” 5s funciona.

[También estoy utilizando una versión preliminar de Mavericks, la inminente versión 10.9 de OS X, en dos Macs. En este caso me pregunto si no estoy asistiendo a lo contrario que con el iPhone 5s: menos riesgo, más defectos. Confío en que las cosas se arreglen antes de que llegue al público. Ya les explicaré si es o no así]. [No puedo resistirme: el Wonkblog de The Washington Post ha llamado "Dorado solemne" al tercer color del iPhone. Me pregunto si se trata de un cumplido al gusto infalible de Sir Jony o de un ingenioso insulto étnico indirecto].

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