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Ser o no ser. Estar o no estar

24 jul 2012 - 15:03 por .
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El otro día, @perixlimonerix compartía un TED de Sherry Turkle. Una charla que, en cierta medida, ha sido un supuesto un pequeño escándalo en la cosa Internet. Sherry Turkle, psicóloga y socióloga, alcanzó la portada de Wired en 1996 y, desde ahí, fama mundial. Entonces acababa de escribir un libro, Life on the Screen: Identity in the Age of the Interneten el que, bajo una retórica posmoderna, describía el nacimiento de una nueva forma identitaria, la del usuario de ordenadores conectados, que generaba nuevas formas de pensar y nuevas formas de relacionarse: de construirse. De la noche a la mañana, se convirtió en una visionaria con reconocimiento global.

El año pasado, 16 años después, Sherry Turkle publicó Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other, un libro mucho menos optimista. La tecnología ya no nos une, sino que unen aquellos pequeños fragmentos de nosotros mismos que son transmisibles. Nos conectamos, sí, perpetuamente además; pero cuanto más lo hacemos menos nos relacionamos. Y, según Sherry Turkle, peor nos relacionamos. Y peor nos construimos.

Para ilustrar el impacto negativo de la conectividad, en su charla del TED publica dos fotografías representativas de la nueva situación (la charla puede verse en el video al final del post):

Que, de pronto, una de las principales adalides de la construcción de la personalidad en red pase a ser una de las principales críticas de la destrucción de la personalidad en red (que no la única: otro de los padres de la cosa Internet, Jaron Lanier, también lo ha hecho, y con los mismos argumentos: la fragmentación de la identidad) causó bastante revuelo. Y no es de extrañar. Sherry Turkle es la directora de la Initiative on Technology and Self del MIT.

Quizá. Quizá la hiperconectividad nos está convirtiendo en seres fragmentarios, incapaces de reconocer la humanidad del otro y, como resultado, incapaces de reconocer nuestra propia humanidad. O quizá no. No voy a citar aquí el Fedro de Platón, en el que hace una crítica semejante a otra tecnología de transmisión, seguramente igual de fragmentaria: la escritura. O .

El caso es que más allá de las críticas –casi ontológicas– a la fragmentación, característica, en cualquier caso, de todo acto comunicativo, la hiperconectividad sí tiene un efecto inmediato, que también se puede apreciar en las fotografías del video de Sherry Turkle: al igual que la aparición del reloj supuso una revolución en la forma en que los seres humanos gestionaban el tiempo, los móviles están revolucionando cómo los seres humanos gestionamos el espacio.

Al igual que, gracias reloj, la hora de comer es anunciada por la sirena de la fábrica y no por el estómago, ahora, gracias al móvil, no hace falta asistir a una reunión para estar en ella.

Así, si con el reloj el tiempo biológico dejó de coincidir con el tiempo social, ahora, con el móvil, dónde estamos empieza a no coincidir con el espacio que ocupa nuestro cuerpo. 

El móvil hiperconectado es la superación de la dicotomía presencia/ausencia. O, quizá siendo más realista, será la superación de esa dicotomía. Quizá cuando la tecnología esté más perfeccionada, cuando los interfaces sean más naturales —no basados fundamentalmente en la palabra escrita— o nosotros estemos más acostumbrados a ellos, entonces sí que se habrá superado. Pensemos que entre la invención del reloj mecánico y la sirena de fábrica que llama al comedor pasaron aproximadamente 150 años. Así que no hay prisa.

Y si es cierto que el estar que posibilita el móvil, ese espacio indefinido que aún está por construir, pero en el aún así nos sumergimos siempre que podemos y la conexión lo permite —decía Albert Cuesta que consultamos la pantalla una media de 150 veces al día— también es cierto que hoy lo que sí ha superado el móvil hiperconectado es el no-estar. No-estar en reuniones, no-estar en el metro, no-estar esperando a tu pareja. No-estar.

Un concepto que, en castellano y en catalán, se entiende mejor. Aquí diferenciamos entre “ser” y “estar”. Se puede “ser” y “estar”. Se puede “no ser” y “no estar”, pero también se puede “no ser” y “estar” o “ser” y “no estar”.

Y, para quien le pueda interesar, la charla completa de Sherry Turkle en el TED:

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