Hace unas semanas asistí a una convención del sector educativo. Durante el almuerzo con los asistentes, oí que uno de ellos contaba esta historia a sus colegas:
“Y ahí me tienes, tratando de que mi Power Point se viera bien en el proyector. Lo apagué y volví a encenderlo. Busqué por todos los menús. Pero seguía sin funcionar. Y entonces vino un chaval de segundo de ESO y me dijo ‘permita que le ayude, señor Summers’. Se arrodilló, revolvió un poco, y el chisme se puso a funcionar. ¡Segundo de ESO!
Y sacudió la cabeza, asombrado.
Yo también me asombré. Pero no de que un chico de 13 años fuera más competente técnicamente que su profesor. Sino de que eso le llamase la atención a alguien.
Lo que quiero decir es: ¿aún hay alguien que se sorprenda cuando un niño maneja la tecnología mejor que sus padres? ¿Acaso no hace ya 30 años que decimos eso de de ‘vale, ya le pediré a mi hijo que me lo explique’? Tal vez sea que estoy influenciado porque me paso el día en círculos tecnológicos, pero el chiste es tan viejo que ya no hace ninguna gracia.
Supongo que todas las ideas son nuevas para todo el mundo en algún momento. Pero tuve la misma sensación que si hubiera oído a alguien decir “¿Sabes? El hombre ha llegado a la luna”. Sí, de acuerdo. Es extraordinario. Pero ya no es nada nuevo.
Recuerdo haber pensado: lástima que no exista una lista de Cosas que en su día nos asombraron, pero a estas alturas ya no son novedad. Sería un práctico documento de recortes que podríamos ir consultando, tal vez para evitar quedar en ridículo en los cócteles. Podría ser algo así:
1. Los niños se adaptan más rápidamente a las tecnologías nuevas
Y no sólo a la tecnología, sino también a todo lo demás. Los niños también aprenden otros idiomas antes que los adultos. Adquieren más rápido todo tipo de habilidades. Incluida la adaptación a las tecnologías nuevas.
Los que somos de mediana edad crecimos en un mundo sin Internet, sin teléfonos móviles y sin cámaras digitales. Pero cualquier persona que haya comenzado este curso en el instituto ya no ha conocido un mundo sin todo eso: ha crecido conectada. No debe sorprendernos que adopten las tecnologías nuevas más rápidamente que sus padres.
2. La tecnología de consumo se renueva con rapidez
Ya basta de hacer aspavientos con lo de que ese chisme que conpramos hace sólo unos meses ya se ha quedado obsoleto. Eso no debería sorprender a nadie. Así es como funciona esta industria. De hecho, la renovación rápida constituye todo el modelo de negocio de la industria de la electrónica. Al comprar cualquier gadget, debería usted ser consciente de que dentro de un año ya no estará en el mercado.
Observe que he escrito que “no estará en el mercado”, no que “estará obsoleto”. Que un producto deje de estar a la venta no significa que pierda su utilidad.
3. Los sistemas operativos también se renuevan
No hay semana en que no me escriba algún lector indignado porque Apple, Microsoft o Google han actualizado el Producto de Software Tal, y que en consecuencia ha dejado de funcionar el Producto Cual que compró hace tres o cuatro años.
De acuerdo: es una faena. Pero eso también forma parte del juego al que nos hemos apuntado. Las grandes empresas de software llevan a cabo esfuerzos razonables por mantener la retrocompatibilidad. Pero al cabo de varios años de avances en Mac OS X, en Windows o en lo que sea, seguir dedicando recursos y mano de obra a esa labor, sólo para atender a un número menguante de nostálgicos de finales de los 90, deja de valer la pena.
Usted elige: quedarse atrapado en el tiempo con su vieja combinación de ordenador/sistema operativo/software, o actualizar y dejarse llevar.
4. La tinta de impresora es cara
“¡Me gasto más cada año en cartuchos de tinta que lo que me costó la impresora!”
Sí, tiene usted razón. Es una estafa. Es vergonzoso. Es el modelo de negocio de “te regalo la maquinilla de afeitar para poder venderte las cuchillas”.
Así es como funciona el mundo, y no quedan muchas alternativas. Queda archivado en la categoría de “problemas del primer mundo”.
5. Los contratos de licencia se extralimitan
Cada vez que aparece un producto nuevo, hay alguien que se toma la molestia de leer el EULA (Contrato de Licencia al Usuario Final) y acaba subiéndose por las paredes. El EULA es esa página larguísima de condiciones legales en letra pequeña qua aparece cuando instalamos un programa de software o nos inscribimos en algún servicio web.
Esos documentos suelen contener condiciones tan increíbles como ésta, extraída del EULA original del navegador Google Chrome:
“Al enviar, transmitir o publicar el contenido, usted está concediendo a Google una licencia perpetua, irrevocable, de alcance mundial, exenta de derechos y no-exclusiva para reproducir, adaptar, modificar, publicar, ejecutar en público, mostrar en público y distribuir cualquier Contenido que usted envíe, transmita o muestre en los Servicios o a través de ellos”.
La verdad es que suena fatal. Y no tengo la menor idea de lo que pretendían realmente los abogados con ello.
Pero de hecho, no conozco ningún caso en el que tal “apropiación” se haya traducido en algo tangible. Por ejemplo, Google nunca ha publicado un libro basado en el material que sus clientes han publicado en sus blogs.
Google acabó retirando el párrafo anterior de la EULA de Chrome, pero hay cláusulas parecidas en los contratos de licencia de todo tipo de productos y servicios de software. Cuando uno lleva el tiempo suficiente en el sector, acaba comprendiendo que se trata de cháchara jurídica cuyo objeto es proteger a la empresa frente a tal o cual demanda, no de una amenaza formal de que la empresa de apropiará de nuestros escritos para tratar de sacar provecho de ellos.
En el mundo tecnológico hay muchos otros ejemplos tan increíbles como ciertos, pero confío en que estos cinco le ayuden a evitar sorpresas con cosas que ya no deberían serlo.
Y por cierto, acabo de enterarme de que China ha superado a los EEUU en fabricación de alta tecnología ¿No les parece increíble?
@2012 David Pogue
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