Menos mal que nos queda Portugal, que decían los inhumanos. O que hasta el efecto del polvo de hada no es ilimitado y no se ha llevado con él toda capacidad crítica. Reconozco que estoy agradablemente sorprendido por la cantidad y el tono de las críticas que se está llevando iBooks. Por más que sean merecidas y desde luego legítimas, me temía un coro sicofante de la blogosfera hacia esta revolución de los libros de texto, como tan magistralmente retrata Mike Reed en los Guerreros del Flame.
Como vengo diciendo, la cosa es mucho más grave de lo que parece. Aquí no se trata de gadgets, tecnoconsumismo (en el que caigo como el que más) o relaciones con las marcas a lo No Logo de Klein, sino de la educación de los niños, chicos y jóvenes. Ahí tengo poca correa, o menos de la habitual
JKendrick me ha sorprendido con el duro zarpazo que le acaba de meter al recién nacido: Por qué el programa de libros de texto de Apple nunca tendrá éxito. De muy recomendable lectura porque, al igual que el texto previo de Bott, el bloguero sarnoso, escarba hasta otro de los orígenes del mal olor de todo este asunto.
Básicamente, nos viene a contar que en USA serían los servicios escolares de distrito los encargados de hacer compras por volumen. Eso no tendría por qué ser malo, porque eso debería dar acceso a descuentos volumétricos. Lo malo del caso es que el distrito, según nos cuenta JK, lo que hace es comprar vales para Apple que entrega a los alumnos, quienes a su vez los intercambian por iBooks.
Si yo fuera el administrador de un distrito escolar viendo los libros de texto de Apple, estaría asustadísimo. Miles de dólares de mi presupuesto vinculados a lo que básicamente es una tarjeta de crédito abierta para comprarle cosas a Apple. La pesadilla contable para proteger los activos del distrito sería tremenda.
Y aún hay más:
En cuanto el distrito escolar ha adquirido un bono por volumen, comienza la diversión. Aunque se supone que el fondo de compra ha de servir para adquirir libros de texto, éstos no son vendidos a la organización que ha pagado el bono. Dicha organización recibe unos códigos para repartirlos entre los usuarios finales para que compren los libros de texto con cargo al fondo del distrito. Según Apple, cada compra de un libro se trata individualmente, y la transacción se produce entre Apple y el usuario final que efectúa la compra mediante su cuenta Apple privada [...] Este mero aspecto ya bastaría para invalidar el recurso a la financiación federal y estatal que se aplica a financiar los distritos escolares, y hace imposible que alguna organización supervise la propiedad de los libros de texto, aunque los esté pagando. Apple ha creado un sistema que no tiene futuro en un mundo en el que todo debe ser contabilizado hasta el último céntimo y los distritos escolares estiran los presupuestos hasta el límite. Es el sistema quien lo paga todo, pero es el usuario final / estudiante quien se lo “compra” a Apple. No va a funcionar, porque los libros de texto adquiridos para un curso no pueden ser reutilizados en el siguiente. “Pertenecen” a cada estudiante, para siempre.
Traducido a España, cada cole o instituto pagaría miles y miles de euros en applecoles, en contenidos que estarían fuera de su control.
Sea como fuere, es parte de un problema mayor. El problema que están teniendo los que todavía no ven la gravedad del asunto es que esto no es un iPhone, o un iPad, que cada uno lo compra o lo deja de comprar según le peta. Aquí el cliente no es el consumidor, sino el centro educativo o, peor, la consejería de educación de una autonomía. Aquí el cliente hace el desembolso desde nuestros bolsillos y fuerza a clases, institutos o regiones enteras a dotarse de iPads, sin alternativas.
En España, los proyectos públicos van por tramos de financiación. Por encima de 12.000 euros tiene que haber algún tipo de oferta competitiva para asegurar que el dinero público se gasta con eficiencia. Siendo como serían gastos de millones de euros, iBooks impide por su configuración técnica (ecosistema cerrado, ruptura del formato ePub) la competencia, o es incompatible con ella.
No sé vosotros, pero yo tengo claro que con la educación no se juega. Y bastantes problemas tiene ya como para añadir otro más.
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