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Comenzando el 2012 de los e-libros y los e-readers

04 ene 2012 - 10:39 por .

Acabamos de finalizar un año interesante. Amazon acabó desembarcando en España, y aunque había quien tomaba eso como el Armaggedon de la industria nacional, lo que de momento nos estamos encontrando es con más oferta en español en los últimos 3 meses que en los dos años anteriores. Desde luego, lo que es deseable es que las alternativas se pongan las pilas en beneficio nuestro y por su mera supervivencia, porque tampoco sería deseable un monopolio de los e-libros comerciales.

Lo malo es que no es evidente cómo lograr esto. No voy a hablar de Libranda, porque a estas alturas ya está todo dicho hasta el punto de que algunos de sus fundadores están explorando otras vías sin problema alguno. Sin embargo, para todas las editoriales que quieran explorar vías alternativas a Amazon (complementarias o no), queda pendiente el tema del DRM: ¿Sí o no?

No es nada evidente, y despierta reacciones antes emocionales que racionales. Y ojo, es inevitable: tras años leyendo y escuchando a los amos de los medios y a sus bufones tratando a toda la población con acceso a Internet (buena parte de sus clientes, vaya) como delincuentes, todo lo que suene a protección contra copia no autorizada suena a insulto, amenaza e incluso cosas peores por venir.

Esto tienta a caer en el wishful thinking: que es razonable, y hasta probable, sostener ingresos y modelo de negocio con e-libros sin DRM. En otras palabras, que el pago opcional, tome la fórmula que tome, va a ser aceptable y rentable. Y se asume esto, claro, en contraposición a otra idea igual de maniquea: el DRM es el mal absoluto y sin matices.

Es hasta sencillo, leyendo a indocumentados repetir una y otra vez la rústica comparación entre las manzanas y los contenidos digitales. La comparación que no suelen utilizar es la que podemos hacer entre cualquier trabajo en el sector servicios con los contenidos digitales: imaginaos que el pagano de vuestro trabajo tuviera la libertad de pagaros después de entregar un resultado, en lugar de atenerse a un acuerdo previo por el que vosotros os comprometéis a entregar un resultado determinado en una fecha determinada y la otra parte a pagar el precio y en los plazos convenidos.

El DRM facilita, que no asegura, esto. Pero introduce otra asimetría criticada con razón: la dependencia del usuario respecto al proveedor, el encadenamiento a un esquema DRM controlado por el proveedor. No puedes hacer lo que quieras con un archivo bajo DRM, tanto si quieres copiar un e-libro a un amigo como si quieres leerlo en cualquier dispositivo bajo tu control. Y no hablemos de lo que pasaría si la empresa proveedora cerrara o si cambiara por algún motivo el suministro de los contenidos dentro de los límites del contrato: se daría el caso de que los contenidos por los que has pagado te resultarían inaccesibles.

La revolución pendiente, que decían aquellos simpáticos muchachos de camisa azul, pasa por independizar por completo el DRM del proveedor y asegurar al usuario que, en todos los casos y pase lo que pase, va a poder seguir accediendo a los e-libros por los que ha pagado. Como ya sabéis, mi solución pasa por un esquema DRM completamente abierto, basado en un sistema de llave pública, y en una organización independiente que asegurara que, le pase lo que le pase a la empresa a la que compre e-libros, va a poder seguir accediendo a los contenidos que ha comprado.

Si ha comprado los e-libros, claro. Es asunto del autor ofrecer los libros protegidos por copyright o no, a la venta o no. Respetar esa decisión es una obligación cívica cada vez más urgente.

Hasta aquí los e-libros. Respecto a los e-readers, el panorama es muy diferente.

Las tabletas como la que estoy usando para escribir este post han hecho un daño completamente imprevisto a la evolución de los e-readers. Han acaparado de sopetón el grueso de la atención del público, lo que unido a la apuesta competitiva de Apple han lanzado a los e-readers a tumba abierta a una posición de commodities.

Cada vez es más arriesgado lanzar un e-reader que ofrezca algo más que lo mínimo para leer, dado que el público ya identifica ‘e-reader’ con ’100 dólares’, y el precio premium compite en desventaja con una tableta que permite llevar a cabo muchas más tareas. Por si fuera poco, Sony es el único gran fabricante que sigue apostando por los e-readers, mientras que las demás apuestas son de empresas poco dimensionadas que se las ven y se las desean para mantener actividad y ganar siquiera las migajas de la atención del público. Tras una serie de fracasos y hundimientos, a estas alturas parece suicida que un fabricante de e-libros apueste por crear un brand reconocible.

Eso, para empezar, aleja en el tiempo mi máquina de escribir digital. Sigo esperando sentado a que alguien saque un e-reader al que le pueda conectar un teclado inalámbrico o por bluetooth, para delicia de mis ojos cansados y para poder escribir con más comodidad en un parque, sin volverme loco buscando las sombras y evitando los reflejos.

Para continuar, se está desperdiciando la tecnología de tinta electrónica. Los e-readers le sacan buen partido, claro, pero podría no ser el único. Otros dispositivos de mano, incluso smartphones, podrían aprovechar una pantalla primaria o secundaria de e-uno para ser perfectamente legibles a la luz del sol.

Bookeen es una empresa pequeñísima, una de las pioneras de los e-readers que no sólo tiene el merito de sobrevivir sino que, encima, sigue apostando por la innovación, por no rendir el e-reader al estado de commodity de manera que el e-reader acabe sirviendo para algo más que para leer. El problema es que ni ellos ni nadie están apostando de forma clara por la interacción y la conectividad, con cualquier tipo de teclado para empezar.

Este 2012 no se me antoja ni bueno ni sorprendente para los e-readers. Ojalá que en el CES de este mes me demuestren lo contrario, pero cada vez soy más pesimista respecto al Señor Tablet, la tableta con pantalla no retroiluminada. Los fabricantes ahorran dramáticamente usando las pantallas LCD, y no demuestran apreciar ninguna de las alternativas, ni Pixel-qi, ni Mirasol ni Liquavista. El primero ha incumplido demasiadas promesas, el segundo acumula casi dos años de retraso y el tercero cada vez parece más verde.

Insisto, me gustaría equivocarme. Me gustaría encontrar una apuesta sería, madura y sin carencias injustificables que descansara mi vista y me permitiera crear contenidos además de crearlos. Que fuera plenamente utilizable a la luz del día con mapas y visores de realidad aumentada.

A ver qué tal se da este año, amigos. Y sea como fuere, tampoco es para quejarse: después de todo, tenemos e-readers a precio de commodity y un catálogo de e-libros en rápida expansión, lo que parecía poco probable hace apenas un año.

En Tinta-e

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  • CM

    No entiendo lo que dice de los e-readers en los parques, porque -a diferencia de lo que dice- no brillan con la luz del sol y no hay que buscar la sombra. Eso pasa con las pantallas de portátiles y tablets, es la ventaja de los ereaders.;)

    • http://albertcuesta.com albertcuesta

      Precisamente: Chulilla reclama un e-reader de tinta electrónica en el que poder escribir, para evitar los inconvenientes de su tableta actual.

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