Todo comenzó con las redadas junto a la policía local en busca del prototipo perdido del iPhone 5. Si Apple era más eficaz que la autoridad, los ciudadanos deberían beneficiarse de ello. Así, en aras de profundizar en las virtudes del libre mercado y la sana competencia, Steve Jobs ideó un esquema para instaurarlas en la función pública. Decidió que su compañía concurriría a las elecciones con un programa basado en la liberalización del Estado. Cualquiera podría montar otro Ministerio del Interior, por ejemplo. ¿O es que acaso la competencia de un cuerpo de iCops no acicatearía a las fuerzas de seguridad tradicionales? Apple ganó las elecciones e implantó con éxito su programa reformador; pero el otro presidente, un chaval que empezaba a investigar con biotecnología en su garage, tuvo más éxito.
Luis Montero (seguirle en Twitter: @lsmntr) bloguea en http://cero23.com/
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