En pocas palabras. Google tiene razón: Windows es un producto anticuado, chirriante y cargado de virus que merece ser sustituido por algo mejor. Pero para desplazar una plataforma informática tan asentada, hay que hacer muchas cosas y hacerlas muy bien, y Google no ha demostrado tener la concentración ni la coordinación necesarias para lograrlo. A menos que se produzcan algunos cambios muy sustanciales en los planes de Google con los Chromebooks, creo que fracasarán.
La visión de los Chromebooks de Google resulta seductora: ordenadores portátiles ligeros, sencillos y conectados a la red, con el respaldo de la mayor empresa web del mundo, sustituyendo a los abotargados e inestables PC con Windows que dominan los escritorios y los regazos del mundo informático actual. Ésta es la imagen descrita por Google durante su convención de desarrolladores IO de la semana pasada, y ha atraído el interés de mucha gente:
“Google… podría haber cambiado esta industria” – Engadget
“Microsoft podría perder miles de millones en ventas a favor de los Chromebook de Google” – Beta News
“Probablemente los Chromebook de Google seducirán a las empresas” – Tech Republic
“Los Chromebook podrían ser la mejor solución para las pyme que deseen desvincularse de Microsoft Office” – PC World
Ya me gustaría que fuera cierto. Windows se merece ser sustituido. Sencillamente, se ha quedado anticuado, lastrado por décadas de compromisos y ajustes. El sistema operativo se va degradando continuamente a medida que lo utilizas, y las empresas de software de seguridad afirman en privado que resulta imposible protegerlo completamente frente a software hostil. Estoy convencido de que nos iría mucho mejor volviendo a partir de cero.
Por eso me encanta la idea de Google. Por desgracia, el Chromebook tal como está definido ahora es deplorablemente incapaz de desplazar a Windows. Puede que capte algunos nichos y sectores de mercado, pero no va a tener efectos significativos sobre el sector a menos que Google introduzca cambios importantes en él. Y algunos de los mayores obstáculos para su éxito se encuentran dentro de la misma Google.
Para quienes no sean lectores míos habituales, resumiré brevemente mi historial, de modo que sepan desde qué punto de vista abordo la cuestión. Trabajé durante 10 años en Apple, donde intervine en primera línea de la guerra del Mac contra el PC. Formé parte del equipo de análisis competitivo de Apple, que más tarde pasé a dirigir, y tuve a mi cargo el equipo principal de marketing de Mac contra Windows. Durante ese tiempo, mis colegas y yo dedicamos muchísimo tiempo a estudiar las transiciones entre plataformas, cómo las plataformas informáticas se habían visto desplazadas en el pasado, y de qué modo podíamos aplicar dichas lecciones a derrotar a “Wintel”.
Lo que descubrimos fue desalentador. En cuanto una plataforma informática se ha asentado, ya no basta con hacer un producto que sea mejor en general. Tienes que duplicar todas las ventajas fundamentales del producto actual, y ser mucho mejor en determinadas áreas, tanto que superes la resistencia natural de los usuarios al cambio. Aunqye el Mac tenía un interfaz gráfico mientras el PC todavía seguía con el DOS, sólo logramos convertir a una pequeña fracción del parque instalado de PC. Los usuarios estaban demasiado vinculados a los programas de sus PC y a todos los complicados mandatos de teclado que se habían aprendido para poder usarlos. La mayoría de la gente se pasó a los interfaces gráficos sólo cuando Microsoft ofreció Windows en el PC, lo que les permitió seguir utilizando su viejo software mientras se ponían gradualmente al día con Windows.
Por eso, cuando Google fanfarronea sobre las ventajas de los Chromebook, no me impresionan en absoluto, porque quedan totalmente anuladas por los enormes sacrificios en compatibilidad básica y en productividad que la mayoría de los usuarios tendrían que asumir para prescindir de Windows. El problema principal es Google Docs.
No hay otra forma de decirlo: como sustituto de Microsoft Office, Google Docs da asco. El procesador de textos es adecuado, pero limitado; la hoja de cálculo es rudimentaria; y el programa de presentaciones es tan incómodo e inflexible que te dan ganas de tirarle algo. En términos de usabilidad y de funcionalidad, Google Docs está ahora donde el software de Macintosh estaba en 1987.
Para ser justos, hay algunas cosas en las que Google Docs es muy bueno. Resulta fantástico para la edición colaborativa: usar Docs junto a una sesión de Skype puede ser una delicia para las ‘lluvias de ideas’ y para repasar listas de temas en curso. Pero como sustituto de Office, las aplicaciones son tan limitadas que usarlas es como ver una película de Jerry Lewis: te pasas el rato preguntándote ‘¿y ésto, de qué va?’. Intenté de verdad utilizar Google Docs como software de ofimática para mi nueva empresa, pero acabé abandonando cuando se demostró que lo que estaba haciendo era perjudicar a mi productividad.
Si les parezco frustrado, es porque lo estoy. Recuerdo cuando en 2005 una empresa llamada Upstartle creó Writely, que competía con Microsoft Word, pero en la web. El producto evolucionaba con rapidez, y en su momento escribí que creía que tenía posibilidades de acabar convirtiéndose en un auténtico rival para Word. Entonces, Google compró Writely y lo incorporó a Docs, y yo pensé que “aún mejor, seguro que así acelerará el desarrollo”.
Craso error. El producto ha evolucionado a paso de tortuga. En los seis años transcurridos desde la adquisición, el componente de procesador de texto de Google Docs ha mejorado, pero sigue siendo muy primitivo si se compara con Word. En el blog oficial de Google hay una larga lista de las funciones nuevas que el equipo está incorporando, pero la lista de las que faltan sería todavía más larga. Por ejemplo, el procesador de textos ofrece la posibilidad de paginación sólo desde el mes pasado. Una parte del problema es que el equipo dedica mucho tiempo a añadir funciones que no tienen nada que ver con la competencia con Office. La semana pasada asistí a una sesión de Google IO sobre Google Docs, y el tema principal fue la transformación de Docs en un sistema de almacenamiento en la red como los de Dropbox o Box.net. El equipo ha incorporado funciones bastante aleatorias, como la posibilidad de guardar vídeos, aplicar reconocimiento óptico (OCR) a las fotos y sincronizar entre varios dispositivos. Pero mientras, su módulo de presentaciones ni siquiera es capaz de realizar transiciones entre diapositivas.
En lugar de dedicarse al trabajo poco vistoso de competir con Office, el equipo de Docs parece perseguir las categorías recién aparecidas. Google asegura que todas esas funciones tan sexy han sido reclamadas intensamente por los usuarios de Docs, pero de ser así, ello demostraría en qué falla el proceso de desarrollo de Google. La gente a la que deberían tratar de complacer son los usuarios actuales de Office, no la gente extraña que ha estado dispuesta a abandonar Office en favor de una versión de Docs tan mediocre como es la actual. Que reúnan a un montón de usuarios de Office en una sala y les pregunten si prefieren OCR de las fotos o una arquitectura de impresión que funcione en todos los navegadores. Mi mamá me decía: ‘no tendrás postre hasta que te comas todos los guisantes’. Pero parece que en Google no hay nadie que les diga al equipo de Docs que se coman todos los guisantes.
Las limitaciones de Google Docs son inaceptables para la mayoría de los usuarios de Office. EL problema no es que la mayoría de la gente crea diapositivas con transiciones, sino que no quieren renunciar a este tipo de funciones avanzadas, por si alguna vez las necesitan. Lo que retiene a la gente es la pérdida de productividad potencial en el futuro.
Yo lo sé perfectamente, porque luché mucho tiempo en esta batalla mientras estaba en Apple. El motivo por el cual las aplicaciones tienen unas listas de funciones muy largas es que la cantidad de funciones influye en las ventas.
Aunque un usuario acabe resignándose a la funcionalidad limitada, necesitará mucha suerte cuando tenga que compartir su trabajo con la mayoría de los usuarios de informática que aún utilizan Office: el traslado de documentos entre Office y Google Docs y viceversa estropea sistemáticamente algunas de las características de los
documentos de Office, de modo que no sólo estamos limitando nuestra propia productividad, sino también molestando a nuestros colegas y asociados.
Dado que no parece que Google tenga intención de arreglar Docs, en teoría es posible que algún otro desarrollador de aplicaciones cree un sustituto web de Office que funcione bien y que lo ofrezca en los Chromebooks. Pero ¿quién se atrevería a invertir en un área donde ya está Google Docs como competidor? Docs es lo bastante bueno para impedir la innovación, pero no lo bastante para desplazar a Office.
Además, Google organizó un par de sesiones en IO en las que se comparaba el desarrollo de aplicaciones web con el de aplicaciones nativas. En ellas se concluyó que el desarrollo web es mejor para las aplicaciones que muestran contenido, y para las aplicaciones de productividad hace falta software nativo. Y el software nativo es precisamente lo que no admiten los Chromebooks.
Y uno se pregunta si la gente de aplicaciones de Google ha hablado alguna vez con la de Chrome.
Por eso, Google puede decir lo que quiera sobre la larga duración de batería, el arranque instantáneo, los costes de soporte y la invulnerabilidad frente a los virus. Todos ellos son problemas que los usuarios de PC soportan porque no están dispuestos a renunciar a las ventajas de Office y del resto del parque de aplicaciones para PC (piénselo: si esos problemas preocupasen de verdad a la gente, el Macintosh tendría un 80% del mercado de PC). Me imagino a un director de informática viendo los menores costes de Chrome e intentando separar de Windows a los usuarios, pero también la revuelta que se produciría en consecuencia. Conozco muy pocos departamentos de informática dispuestos a emprender tal batalla. Puede que algunas escuelas y empresas muy preocupadas por los coses obliguen a sus usuarios a pasarse a Chrome, pero en lo que respecta a la inmensa mayoría, mientras Office no esté amenazado, tampoco lo estará Windows.
Irónicamente, si Google quisiera de verdad sustituir a Windows, probablemente Android sería un sistema operativo más adecuado. Ya tiene una cierta inercia y se pueden crear programas nativos para él. Pero la política interna de Google, que ha asignado Android a los teléfonos y las tabletas y Chrome a los PC, no lo permite.
Me gusta la visión de los Chromebooks, y estoy seguro de que algún día habrá algo que sustituya a Windows. Pero Google no está en absoluto preparada para el duro y poco vistoso trabajo que los Chromebooks necesitan para triunfar, tanto en términos de producto como de organización interna. A menos que Google haga cambios importantes, Chromebook será probablemente una más de las iniciativas fracasadas de Google sobre la que dentro de un par de años nos preguntaremos ‘¿de qué iba todo aquello?. Igual que al ver las películas de Jerry Lewis.
Tres pasos para mejorar Google Docs
Si Google pretende de verdad sustituir a Windows, tendría que concentrar Docs en ello. Olvidarse de funciones atractivas pero esotéricas, como la traducción automática del texto de los anuncios callejeros (algo que la mayoría de la gente no necesita hacer con el procesador de texto) y asegurarse de que funcionen bien las cosas básicas, como la impresión. Mis tres prioridades principales son éstas:
1. Hacer que parezca una aplicación. El interfaz de usuario de Docs es primitivo, una mezcla torpe de página web y aplicación. Es sumamente intimidante para los usuarios normales. Ésta es la ventana que se ve al editar un documento de procesador de textos en Google Docs:

O sea, cinco centímetros de capas de interfaz apiladas, entre ellas tres barras de menú separadas y 58 elementos clicables distintos. ¿No están avergonzados de ello en Google? No creía que nadie fuera capaz de hacer que la barra de herramientas de Office parezca eficiente, pero ustedes lo han logrado.
Tal vez piense usted que ‘bueno, eso es precisamente lo que ocurre cuando ejecutas una aplicación en el navegador’, pero no es excusa. Si no puedes hacer que las aplicaciones basadas en el navegador sean fáciles de usar, deberías renunciar a tus pretensiones de llegar a desplazar a Windows.
2. Aprovechar HMTL 5 al máximo. Google promocionó en IO todas esas nuevas y maravillosas funciones gráficas de HMTL 5 y sus tecnologías asociadas: cosas tan chulas como las transformaciones en 3D, la alineación de texto sobre una curva, y la enorme cantidad de tipos de letra. Pero de toda esa potencia gráfica se ha visto muy poca en Docs. Google debería hacer de Docs (y especialmente de su módulo de presentaciones) un escaparate de las cosas fabulosas que se pueden hacer con HTML 5.
3. Hacer que Docs sea extensible. Por mucho que Google se concentre en el desarrollo, nunca será capaz de igualar todas las funciones de Office. Por eso Docs necesita desesperadamente una arquitectura de extensiones. Uno de los motivos que han llevado a WordPress al liderazgo entre las herramientas para blogs es que permitió que los desarrolladores lo ampliasen fácilmente, dando lugar a una avalancha de widgets y módulos complementarios. Juraría que con una arquitectura de plug-ins adecuada y un catálogo de widgets incorporado en Docs, Google podría tener en menos de 24 meses una suite de ofimática más completa que Windows. Y ello haría de los Chromebooks un competidor realmente potente frente a Windows, y un producto digno de las enormes capacidades y ambiciones de Google.
©2011 Michael Mace. Reproducido de Mobile Opportunity con permiso del autor.
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