Desde el momento en que el iPhone de Apple puso nuevamente de moda las pantallas táctiles (no olvidemos que los PDA de Psion y Palm ya tenían pantallas táctiles hace 12 años y que los PDA con Windows Mobile las han mantenido religiosamente), al mostrar que no estaba nada mal ponerles el dedo encima, parece que todo el mundo se haya dejado llevar por lo táctil. Todos los fabricantes se han apuntado al carro, incluidas las firmas practicantes de Symbian como son Nokia, Samsung y Sony Ericsson, entre otras.
“Lo táctil es mejor”, asegura todo el mundo. “El futuro es táctil”.
Pero, en defensa del pasado, déjenme proclamar a los cuatro vientos que a los ‘viejos’ teléfonos con botones todavía les queda mucha cuerda frente a los nuevos móviles emblemáticos de pantalla táctil que parecen estar tomando el mundo. ¿Van a servir mis palabras para contener la avalancha? No lo creo. Pero tal vez contribuya a difundir la posición de que los fabricantes harían bien en tener en cuenta una mayor variedad de formatos e interfases, en lugar de seguir intentando competir con el iPhone.
Así pues, aquí están mis 10 razones por las que las pantallas táctiles son nefastas.
- Los móviles táctiles son difíciles de usar con una sola mano. Sí, se pueden tocar algunas cosas con el pulgar, pero para hacer cualquier cosa importante hay que sostener el teléfono en una mano y pulsar con la otra.
Los teléfonos con botones se pueden manejar enteramente con una mano, usando únicamente el pulgar. Lo cual deja la otra mano libre para comprar, para darle la mano a un niño, para agarrarse a la barra del metro o para llevar el maletín.
- No se puede usar un teléfono táctil sin mirarlo. Al no haber botones físicos que pulsar, tratar de hacer algo tan sencillo como colgar tras una llamada se convierte en una distracción.
En cambio, en un teléfono con botones, las operaciones más corrientes se pueden hacer sin mirar. Hay adolescentes que son capaces de escribir y enviar mensajes SMS sin sacar el móvil del bolsillo (no es mi caso, pero…).
- Los teléfonos táctiles se ensucian más. O al menos, la suciedad resulta más evidente. Fíjense en toda esa superficie de cristal o plástico pulido, con docenas de huellas dactilares.
Por su parte, la pantalla de un teléfono con botones se mantiene impoluta. En la práctica, no se toca prácticamente nunca. Ni siquiera al coger el teléfono. Lo cual me lleva al punto siguiente…
- Es difícil coger bien un teléfono táctil. A menos que se haya tenido la previsión de bloquear antes la pantalla, hay que tener mucho cuidado para evitar que un solo milímetro de nuestra piel toque la pantalla, porque si lo hace será interpretado como una pulsación o gesto de manejo, y sin querer habremos activado o cerrado algo, o cosas peores. Por cierto, lo mismo reza para las zonas de la carcasa sensibles al tacto, de modo que el simple acto de coger el teléfono se convierte en algo delicado, y mucho más propenso a las caídas.
En cambio, los móviles con botones se pueden coger como se quiera. Hay muy pocas posibilidades de que un contacto accidental sea suficiente para pulsar una tecla física. Y por supuesto, no importa en absoluto si se toca la pantalla por accidente. Y hablando de accidentes y caídas, vamos a por la siguiente…
- Los teléfonos con pantalla táctil son, por definición, menos robustos: por fuerte que sea la carátula de vidrio templado, deje caer el móvil al suelo desde la altura del codo y lo más probable es que la pantalla acabe agrietada. Adiós a ese smartphone tan caro. Y los que no usan vidrio templado (como los Nokia con pantalla táctil resistiva) son igual de ridículamente frágiles y se rayan demasiado fácilmente con las monedas y las llaves. Deslizar el dedo por una pantalla táctil rayada es muy, muy molesto (se lo puedo asegurar, ya que le presté mi N97 a un colaborador poco cuidadoso).
Con un teléfono de botones no hay que preocuparse por esas cosas, pues tienden a ser más resistentes. Aunque la pantalla reciba un golpe, lo peor que suele ocurrir son un par de rayas. Simples cicatrices de guerra. En los foros circulan historias legendarias de supervivencia de terminales como los N82, E71 y N95, por ejemplo. Y a diferencia de lo que ocurre con los móviles táctiles, unas cuantas rayas en la pantalla se notan poco, pues no tenemos que interactuar directamente con ella.
- Generalmente, los teléfonos que sólo tienen pantalla táctil no van muy bien para escuchar música y podcasts, pues para controlar la audición hay que pulsar varias veces hasta llegar al interfase de reproducción. Es cierto que los interfases de usuario bien diseñados pueden facilitar un poco la operación: el iPhone OS muestra por omisión el reproductor de música en la parte inferior de todas las pantallas de aplicaciones, pero sigue siendo necesario salir de la aplicación en curso para llegar ahí [Nota del traductor: en realidad se puede configurar iOS para que muestre un menú de control al pulsar dos veces el botón de Inicio]; por su parte, los teléfonos con Android pueden tener un widget de reproducción en alguna de sus múltiples pantallas de inicio, y algunos incluso sitúan ciertos mandos en el panel superior desplegable de notificaciones. Pero nunca es sencillo cambiar de canción o avanzar rápidamente por un podcast, por ejemplo.
En cambio, son muchos los teléfonos con teclas (p.ej. Nokia N95, N96, N86, 5730 y otros) que disponen de mandos de hardware que se pueden accionar sea cual sea la aplicación de primer plano. Por ejemplo, mientras leemos el correo, podemos decidir interrumpir la audición del podcast o saltar de canción. Basta con pulsar un botón; en el N96, los mandos de multimedia incluso están duplicados, de modo que podemos usarlos tanto abierto por arriba como por abajo. Eso sí que es control.
- Los teléfonos con pantalla táctil son incómodos para jugar a juegos ‘dactilares’, en los que hay que indicar una dirección determinada. Tanto en los ‘first person shooter’ como en los de plataformas, no hay nada como un mando multidireccional físico. Para ser justos, también existen juegos en los que se necesita un sistema analógico o de ‘puntero’, en los que resulta más práctico un interfase táctil. El dispositivo ideal, por tanto, debería llevar los dos
- Los teléfonos táctiles son un peligro si se usan mientras se conduce. Sí, ya sé que me dirán que mientras se conduce no hay que usar NINGÚN teléfono. Yo me refiero a que, con mi smartphone en un soporte para el salpicadero, indicar la ruta que deseo o cambiar de canción puede ser muy difícil si todo es exclusivamente táctil. Uno acaba pulsando en la zona aproximada de la pantalla, apartando la vista del trayecto durante un microsegundo. Invariablemente, como el coche vibra y salta al paso por los baches y otros obstáculos, se acaba pulsando sobre algo que no era lo previsto, lo que obliga a seguir pulsando cosas para deshacer el error que acabamos de cometer. Usar una pantalla táctil capacitiva es aún peor: el menor toque sobre la zona equivocada debido a una sacudida de la mano, y empiezan los problemas.
En cambio, en los teléfonos con botones uno sabe exactamente lo que pretende hacer, pongamos, ‘tecla de función izquierda’, ‘pulsar el botón central’ o cualquier otra cosa, sin tener que fijarse en absoluto, y el carácter físico de las teclas implica que es prácticamente imposible pulsarlas por accidente, aunque una sacudida del coche nos haga mover la mano.
- En los móviles táctiles se teclea más lento. Generalmente. Es probable que haya honrosas excepciones, como el excelente teclado y la autocorrección del iPhone, que parece ser capaz de asumir cualquier error de tecleo, y también algunos de los modelos con pantallas táctiles de mayor tamaño. Pero cualquier chisme con teclado virtual sobre pantalla de 3,2 pulgadas o menos es una broma en cuanto a la introducción de texto.
Teclear en un teclado qwerty físico, o incluso en uno numérico (predictivo/T9) suele ser mucho más rápido, tanto en términos de acierto de las teclas que se pretendía pulsar como de respuesta háptica, que confirma la pulsación de cada tecla. Y los teclados qwerty físicos son insuperables cuando hay que teclear nombres, contraseñas o cualquier texto con mucha puntuación.
- Los teléfonos táctiles, por su propia naturaleza, han de ser más grandes para servir de algo. Hemos visto en el mercado pantallas de 3,7, de 4 y ahora de 4,3 pulgadas. Muchos de ellos ya parecen tabletas sujetas junto al rostro de sus propietarios. Hay que tener mucho cuidado al meterlos en el bolsillo. Y probablemente necesitan estar en una funda la mayor parte del tiempo, lo que aumenta todavía más su tamaño.
Entretanto, los móviles con botones sólo necesitan que la pantalla sea lo bastante grande para ver lo que estás haciendo. No hace falta que las cosas sean grandes para poder acertar en ellas con la punta del dedo. El resultado es un formato que puede ser considerablemente más pequeño. Por ejemplo, compárese el Nokia N86 con el HTC HD2 o con el Samsung Galaxy S. El primero es un teléfono, pero los otros dos, siendo honestos, son más bien tabletas. ¿Y no queremos todos algo tan pequeño que nos quepa en cualquier bolsillo y no se note cuando andamos por ahí?
Ya llevo diez, pero podría seguir. Tengo al menos tres razones más para considerar nefastas las pantallas táctiles, aunque no hayan cabido en la lista de 10:
- Seguridad. Andar con un teléfono de gran pantalla táctil por una calle urbana transitada viene a ser como llevar un cartel de ‘Atráqueme, mire lo que tengo en las manos, y están las dos ocupadas’. Por su parte, un teléfono con botones es más pequeño y discreto, queda prácticamente oculto en la palma de la mano mientras la otra queda libre para defendernos del mundo, o por lo menos para saber que podríamos hacerlo.
- Precio. Los móviles táctiles tienden a ser más caros que los ‘viejos’ móviles con botones. En parte, ello se debe al marketing, pero también a que las pantallas son más caras y a que se espera que vayan acompañadas de unas especificaciones superiores.
- Contraste de la pantalla. Aunque la pantalla transflectiva del iPhone (por desgracia, ausente del iPhone 4) y las nuevas pantallas táctiles Super AMOLED son bastante visibles a la luz del sol, muchos smartphones con pantalla táctil son inútiles cuando luce el sol. En cambio, prácticamente cualquier Nokia no-táctil y la mayoría de los BlackBerry recientes cuentan con pantallas transflectivas que se ven muy bien a pleno sol.
Por favor, no me salten a la yugular por ignorar las ventajas de las pantallas táctiles. Por supuesto, son potencialmente más intuitivas en cuanto al interfase de usuario, usarlas es más ‘divertido’ y las pantallas más grandes resultan realmente asombrosas en las circunstancias adecuadas. Lo que pretendo con este artículo es destacar que todavía queda mucho espacio en el mercado y muchas situaciones de uso para los teléfonos no-táctiles, con botones.
Afortunadamente, al mantenerse decididamente fiel a Symbian, Nokia se ha comprometido a producir teléfonos de diversos formatos durante los años venideros. Lo que conviene es mantener abiertas la mente y las opciones.
©2010 Steven Litchfield. Reproducido de All About Symbian con permiso del autor.
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