Si usted vive en este planeta y tiene un mínimo grado de contacto social, seguramente sabe que es un iPhone. Es altamente probable, si esta leyendo esto, que sepa a que me refiero con lo de los programas de pedos. En la tienda de aplicaciones para iPhone, la App Store, hay todo un género de programas relacionados con las flatulencias, es decir, con los pedos.
Todos estos programas tienen como origen un “prank”, una broma. Es esa en que le dices a un amigo “estírame del dedo y veras que pasa”. Y lo que pasa es, naturalmente, que se oye un estruendoso pedo y todos, el bromista, el embromado y el público en caso de que lo haya, rompen a reír. Ese es el chiste. Pues bien, como he dicho antes, pese a que mucha gente hemos criticado las aplicaciones pedorras, esta es una de las mejores cosas que nos ha traído el iPhone.
Primero vamos a situarnos. Apple, en principio, no quería abrir el iPhone a las aplicaciones de terceros. Más tarde rectificó publicando un kit de desarrollo, documentación y herramientas con las que se pueden crear y publicar programas. La relativa facilidad para programar y el éxito de ventas, han atraído a muchos desarrolladores que hasta ahora no se habían acercado a los dispositivos móviles. Además, la alta competitividad en la App Store ha conseguido que existan nuevas aplicaciones muy originales, algunas muy malas pero realmente novedosas.
Si usted aún se acuerda de Infovía o de cuando no todo el mundo tenía teléfono móvil es porque, seguramente, es un inmigrante digital. Por el contrario, los nativos digitales son todos aquellos para los que los ordenadores, Internet y los móviles ya existían cuando tuvieron uso de razón. No se trata solo de una etiqueta o una diferencia de edad, es también del comportamiento hacia la tecnología. Por ejemplo, los inmigrantes solemos usar el móvil en respuesta a una emoción, para contarle a un amigo o un familiar una buena o mala noticia de algo que acaba de sucedernos. Sin embargo, un nativo digital usa el móvil o el ordenador para obtener una emoción, es la vía que le permite estar siempre en contacto con sus amigos y conocidos, estén donde estén.
Volviendo al tema de los programas para móviles, una aplicación tradicional sería el típico juego de matar marcianos. Dependiendo del móvil y de la habilidad de los programadores, el juego será mas espectacular o menos, mas divertido o no, pero en resumen es un concepto tradicional. Incluso aunque lo adornes con “jugar contra otros jugadores por Internet” sigue siendo una idea bastante individual.
Ahora tomemos un iPhone y una tonta aplicación con sonidos de pedos. El usuario utiliza el móvil para gastar una broma a sus amigos. El dispositivo es lo de menos, lo importante es que te permite crear una situación divertida, una experiencia en el mundo real. Ni siquiera el programa tiene que ser muy bonito ni espectacular, basta con que suene bien. Es divertido y es vírico. Los amigos del bromista lo van a contar a otras personas, o van a querer gastarle la broma a otras personas, van a comprar el programa, es totalmente normal que vayan a desear algo como el iPhone: le ha hecho pasar un buen rato.
A los inmigrantes digitales quizá hace ya tiempo que se nos pasó el momento de hacer bromas sobre pedos. Pero veamos este vídeo sobre un programa llamado Dad’s Cab.
La utilidad utiliza el GPS para funcionar como el “taxímetro de papá”. Cuando llevemos a nuestro retoño en el coche, el móvil va marcando cuanto dinero le costaría el viaje. Al terminar el viaje, el hijo puede elegir varias formas de pago: “abrazar y besar a mi padre en público”, “fingir interés en lo que me cuenta papá” o “presentarle a mis amigos” son varias de las opciones. Maravilloso.
El móvil y programas como Dad’s Car son el medio de crear una situación emocionante. La tecnología queda en un segundo plano, es la palanca que favorece un momento especial entre padres e hijos. Después de usar un programa así, es muy difícil que uno no vuelva a hablar de ello, con el resto de la familia o con los amigos. Es vírico, es emocional, es una experiencia real. Como lo de los pedos.
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