Algún día alguien tendrá que exigir a las agencias de ‘ratings’ financieros su responsabilidad en la debacle del sistema capitalista que nos está afectando a todos. Entretanto, las mismas firmas que calificaban alegremente como activos de lo más fiable las famosas hipotecas subprime, continúan emitiendo dictámenes sobre la solidez de las empresas. El último es el de Standard & Poor’s, que detalla 180 grandes empresas norteamericanas –el doble que a principios de año– cuya posición financiera las sitúa en posición de debilidad de cara a la obtención de créditos en los que basar su actividad futura. En la lista de compañías con dificultades figuran nombres tan diversos como la cadena de pastelerías Krispy Kreme Doughtnuts, la aerolínea Jet Blue, las pizzerias Sbarro y los parques de atracciones Six Flags. Pero el nombre que nos llama la atención es el de Palm.
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