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LiveScribe Pulse: que tomen nota los fanáticos de los chismes

09 may 2008 - 6:00 por .

Antes o después, casi todo se digitaliza: las cámaras de fotos, las de vídeo, los reproductores de música, la TV, los libros… No obstante, hasta ahora no existía una buena versión electrónica del dispositivo de entrada más apreciado por periodistas, estudiantes, letristas y péritos de seguros: el lápiz y el papel.

Y no es que nadie lo haya intentado. Tanto los lápices basados en la tecnología Anoto (comercializados por Logitech, entre otros) como el lápiz Fly Fusion de Leapfrog funcionan del mismo modo: se escribe sobre un papel especial que lleva impresos millones de puntos casi invisibles. Una minúscula cámara en la punta del lápiz observa dichos puntos para deducir su propia posición, y un microchip convierte los trazos del lápiz en tinta digital. Los lápices en cuestión pueden transferir el resultado a un PC para aplicar un reconocimiento de escritura básico.

Jim Marggraff, veterano tanto de Anoto como de Leapfrog, ha puesto en marcha una nueva empresa, llamada LiveScribe. Este mes ha presentado el lápiz inteligente Pulse, que según Marggraff es el paso definitivo de su visión de una ‘informática basada en el papel’.

En un cilindro de aluminio anodizado de grosor similar al de un rotulador grueso, el Pulse contiene una cámara, un micrófono y un altavoz sorprendentemente potente. También lleva una brillante pantalla en blanco y negro (18×96 píxels) en la que aparecen los mensajes, las órdenes de menú y hasta pequeñas animaciones. Cuenta con una batería recargable, aunque no extraible (de 6 a 7 horas de autonomía), un terminal de auriculares y contactos para una base de sobremesa USB.

Ah, sí: y también es bolígrafo.

La característica principal del Pulse es su capacidad para grabar sonido mientras se escribe. Después, al marcar sobre una palabra escrita, el lápiz reproduce el sonido que grabó en ese momento; o más bien, para ser exacto, el que grabó cinco segundos antes de que comenzásemos a escribir, a fin de compensar nuestro tiempo de reacción.

En los blocs especiales de micropuntos, al pie de cada página aparecen unos pequeños “botones” preimpresos que controlan la velocidad y el volumen de audición, entre otras cosas.

La idea no es nueva: OneNote para Windows y Word para Macintosh, ambos de Microsoft, hacen algo parecido, aunque graban mientras uno teclea, no mientras escribe.

Sin embargo, los beneficiarios de esta tecnología son los mismos: estudiantes que toman notas durante las clases, periodistas que llevan a cabo entrevistas, y gente así. También podría ser útil para el aprendizaje de idiomas (señalar una frase escrita para escuchar cómo la pronunció el profesor) o la audición crítica de música (para críticos, profesores de música o jueces de Operación Triunfo).

El Pulse es más avanzado que sus predecesores en varios aspectos. Es el primer lápiz provisto de pantalla y micrófono, y contiene una cantidad enorme de memoria. El modelo de 150 dólares (100 €) contiene 1 gigabyte, que basta para guardar 20 horas de sonido estéreo con la mejor calidad. Y el modelo de 200 dólares (130 €) lleva el doble de memoria.

El lápiz se conecta a su base de sobremesa con un tranquilizador clic magnético. En ese punto, todas las notas y sonidos grabados son absorbidos automáticamente en un programa para Windows llamado LiveScribe Desktop. La empresa asegura que dentro de pocos meses habrña también versión para Mac.

Cuando las notas ya están en el programa, se pueden buscar palabras manuscritas: una función sumamente importante, pues permite buscar una aguja de audio en un pajar de páginas.

También se pueden subir las páginas de notas a una página web privada, en la que la empresa ofrece 250 megabytes de almacenamiento gratuito. En ella se puede hacer clic con el ratón sobre las notas o dibujos manuscritos para escuchar el sonido asociado, tal como lo haríamos señalando con el lápiz.

Se pueden mandar por correo-e enlaces a dichas páginas web a los compañeros de curso que se saltaron la clase, por ejemplo, o bien a los colegas que trabajan en la misma operación desde otra ciudad. Ellos también pueden hacer clic y escuchar. En la dirección http://tinyurl.com/6fya97 hay algunas muestras.

En los casos en que no sea posible escribir a mano (por ejemplo, cuando no llevemos encima uno de los blocs especiales), el lápiz también funciona como un grabador normal de audio digital, prácticamente invisible. Ideal para espías.

Incluso se pueden añadir notas manuscritas a una grabación a posteriori, mientras se escucha el sonido, lo cual resulta francamente ingenioso.

Mediante concursos y otras iniciativas, LiveScribe espera inspirar la creación de cientos de nuevos programas para el Pulse. Se incluyen varios de muestra, la mayoría de ellos nacidos para el lápiz Fly: una demo de un programa de traducción (escriba “hello” y el lápiz le dirá “hola”) con un vocabulario de sólo 21 palabras; un programa de música que te invita a dibujar un teclado de piano de una octava, que a continuación se puede tocar señalando con el lápiz; y una calculadora sencilla: se puede escribir “37 x 13 =” y en la pantalla aparece la respuesta: 481.

Puede que la gloriosa era de la “informática de papel” acabe llegando, y puede que no. Entretanto, a LiveScribe le quedan muchos deberes por hacer.
La limitación más flagrante es la obligación de escribir sobre un papel especial. Es cierto que LiveScribe vende los blocs a un precio bastante razonable (20 dólares por cuatro blocs perforados de 100 hojas) y asegura que a partir de junio podremos imprimir en láser nuestro propio papel con micropuntos con una plantilla descargable en PDF. Aún así, la cosa no será práctica de verdad hasta que los lápices digitales funcionen con cualquier tipo de papel. (Iogear ya tiene uno, pero no graba sonido).

Otro problema: cuando se utiliza el micrófono incorporado del lápiz, no sólo queda grabada la propia voz, sino también los arañazos del lápiz sobre el papel.

Se supone que mientras estamos grabando a otra persona, o bien una conversación telefónica, hay que llevar puestos los auriculares del Pulse, que contienen sendos micrófonos. Al escuchar la grabación, se obtiene una experiencia sonora tridimensional.

Por desgracia, esos auriculares/micrófonos son voluminosos e incómodos. De hecho, los primeros que me mandaron ni siquiera funcionaban, y tuvieron que cambiármelos.

Encontré errores de software por todas partes: en el lápiz, en el programa de Windows y en la web. La empresa ha prometido resolverlos cuanto antes.

Más allá de lo básico, el Pulse también es muy difícil de aprender. El cacharrito tiene hasta menús y submenús: para desplazarse por el árbol de funciones hay que señalar las puntas de una cruz (que aparece impresa en todas las páginas de los blocs, aunque también la puede dibujar uno mismo). Pero en la pantalla del lápiz no cabe más que una línea de texto a la vez, de modo que no sólo cada operación exige un millón de ligeros toquecitos, sino que hay que recordar la estructura de menús, lo cual resulta bastante frustrante.

También se pasa bastante mal tratando de entender algunos de los conceptos, como las diferencias entre “sesión” y “página” o entre “bloc” y “serie”. En el manual de instrucciones pone cosas como: “Cada página 4 de cada bloc LiveScribe Blue Series 1 contiene los mismos puntos. Al escribir en la página 4 del bloc Blue Series 1 que se incluye, aparecerá en LiveScribe Desktop como página 4 del bloc Blue Series 1. Si escribe en la página 4 de un bloc Blue Series 1 distinto, también aparecerá como página 4 del bloc Blue Series 1 en LiveScribe Desktop”. Ufff.

Por cierto, nunca llegará usted a ver el párrafo en cuestión a no ser que tropiece con el manual de instrucciones del Pulse, lo cual es muy improbable: no viene en la caja, ni en un CD, sino que está escondido en la web. Sólo una miserable línea de letra pequeña en el folleto de Instrucciones iniciales indica su existencia.

Llegados a este punto, ustedes se preguntarán si la informática de papel podrá llegar a despegar cuando su arma principal muestra tantos defectos de producto 1.0. Y si es usted como la mayoría, considerará el lápiz Pulse una tecnología en busca de aplicaciones, o una compra que acabará abandonada en el fondo del cajón de los chismes.

Pero si figura usted entre el público objetivo del Pulse (la gente que toma habitualmente notas manuscritas durante conferencias, clases, reuniones, presentaciones o conciertos), lo esperará con gran interés. Incluso si el Pulse se queda en dispositivo especializado en una sola cosa, esa cosa es realmente sensacional. Y para el sufrido grupo social que se dedica a tomar notas, al menos, será la primera demostración convincente de que el lápiz, por fin, también se ha digitalizado.

© 2008 David Pogue

Reproducido de The New York Times con autorización del autor.

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