Cuarenta años facilitando la vida al usuario de ordenadores. La historia del ratón es tan gloriosa que a todos nos cuesta trabajo pensar en su sustituto. Pero todo es posible.
por Darío Pescador
¿Ha comprado un ratón últimamente? A no ser que se trate de mamíferos, se habrá dado cuenta de que están llenos de botones. Qué lejos queda el primer ratón de Apple, con un único botón, e incluso los tradicionales de dos botones para Windows. Hoy es fácil encontrarse con una rueda central, tres botones laterales, botones de acceso a aplicaciones, controles multimedia, ruedas de cuatro direcciones, y cómo no, todos ellos inalámbricos y ópticos.
La acumulación de funciones en el ratón demuestra que se nos está quedando corto. Quien se acostumbre a utilizar la rueda de desplazamiento del ratón, por ejemplo, para leer esta página, encontrará que las barras de la derecha son incómodas. Están muy lejos. Se tardan unas décimas de segundo en mover la mano para alcanzar el margen con el cursor. No podemos perder tanto tiempo, con todo el trabajo que hay que hacer.
El ratón siempre ha sido lento. Como herramienta de productividad, no está pensada para trabajar más rápido, sino más fácilmente. Por eso los usuarios avanzados de cualquier programa conocen y utilizan los atajos de teclado.
Las alternativas al matrimonio teclado-ratón tienen difícil superar esa versatilidad. Pero no por ello dejan de surgir ideas interesantes. Lo que para algunos es la búsqueda de la interfaz más rápida, para otros es una necesidad: gracias a algunas de estos aparatos, personas con discapacidades pueden manejar el ordenador con simples movimientos de la cabeza, por ejemplo.
Con una mano
Si fuera por los gurus de la tecnología de hace diez años, hoy estaríamos en la oficina con un extraño casco en la cabeza y agitando una mano enguantada en el aire, tocando botones invisibles. La realidad virtual no ha llegado a las masas, pero la idea de una interfaz gestual, como la que utiliza Tom Cruise en Minority Report, no se ha abandonado del todo. Compañías como Fifth Dimension fabrican guantes de datos, que cuestan entre 1000$ y 6000$ (y también los cascos con visores). Por su parte, Immersion, la compañía propietaria de las patentes de los mandos vibratorios para videoconsolas, dispone de un espectacular guante inalámbrico.
Estos dispositivos están más bien destinados a simuladores de vuelo, procesos industriales y maquinaria militar, que a abrir una nueva hoja de cálculo o retocar fotografías. No obstante, en un alarde de ingenio ibérico, el profesor Rivero de la universidad de Zaragoza desarrolló con sus alumnos una interfaz gestual usando un guante verde de cocina, una webcam y un programa en Visual Basic. Para que aprendan en el MIT.
Con las dos manos
Parece un cruce entre una tableta gráfica y un cíclope alienígena, pero TactaPad es mucho más. Permite usar las dos manos para manipular los elementos de la pantalla. Al colocar las manos sobre la superficie, una cámara captura su posición y se muestra una imagen de sus sombras sobre la pantalla. Tocando la superficie se pueden abrir ventanas, seleccionar botones y opciones de menú, e incluso dibujar, retocar fotografías o manejar cualquier interfaz gráfica. Está diseñado para trabajar más rápidamente en programas complejos, como en esta demostración de un programa de dibujo. Además, la superficie reacciona al tacto, de modo que, por ejemplo, al pasar los dedos por el borde de una ventana, se nota un “relieve” virtual. Todavía no está disponible, pero lo esperamos ansiosos.
El poder de la mirada
En los experimentos de seguimiento del ojo, como el proyecto EyeTrack de la universidad de Stanford y el Poynter Institute, se emplea una cámara y varios sensores para detectar el punto de la pantalla al que se mira, por ejemplo para estudiar la ruta de lectura de una página de diario digital. Con un sistema algo más sencillo se puede controlar el ratón con la cabeza. HandiEye es una cámara infrarroja que hace exactamente esto, sin necesidad de colocarse nada en la cabeza. Cuesta entre 300$ y 600$.
Algo parecido, pero gratis, se puede conseguir con CameraMouse, que dispone de una versión de demostración de su programa. Funciona con cualquier webcam. Tanto en este programa, como en el anterior, para hacer clic hay que dejar fijo el cursor durante unos segundos sobre el objetivo.
Un programa más avanzado del Boston College, llamado EagleEyes permite a personas discapacitadas controlar el cursor simplemente con el movimiento de los ojos, usando unos sensores.
Con todo el ordenador
Apple introdujo en los portátiles PowerBook un sistema de seguridad para proteger el disco duro. Cuando unos sensores de aceleración detectaban que el ordenador estaba en caída libre, se aparcaba la cabeza lectora para que no hubiera daños. Un ingenioso geek ha aprovechado estos sensores para diseñar un controlador que funciona moviendo el portátil. De este modo se podría controlar un videojuego, por ejemplo. El autor propone algunos usos, como un programa que al inclinar el ordenador, inclina las ventanas para que siempre permanezcan horizontales al suelo.
Curiosidades aparte, los avances en nuevos dispositivos de entrada son por el momento lentos, y los productos, caros. La conexión directa con el cerebro también parece lejana, así que habrá que arriesgarse al síndrome del túnel carpiano algunos años más.
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