No compre ese gadget. Dentro de unos meses lo lamentará. Una ley no escrita establece que si esperamos lo suficiente, cualquier cacharro termina costando 100 euros. La pregunta es ¿podemos esperar?
por Darío Pescador
Haga memoria. Una cámara digital de 3 megapíxeles. Un reproductor MP3. Una grabadora de DVD externa. Un PDA. ¿Cuánto costaban antes? ¿Cuánto cuestan ahora? Exacto, 100 euros. Incluso algo menos.
Cuando el mercado de la informática vivía tiempos de vino y rosas,
la sabiduría popular en EEUU afirmaba que todo periférico (grabadora de CD, teclado inalámbrico, webcam) terminaba costando 100 dólares. La informática no es lo que era, pero los gadgets son un negocio creciente, y la misma norma se aplica aquí.
No se hagan líos con el cambio de divisa. Por estos lares, ese reproductor MP3 costará 100 euros, aunque los sufridos británicos pagarán 100 libras esterlinas por él. El problema no es económico, sino psicológico. La magia de los números por encima de las matemáticas. El marketing violando a la sagrada ley de la oferta y la demanda.
El 100 es un número redondo, un catalizador de la compra por impulso, principalmente masculina: un gadget reluciente espera en un escaparate, apreciamos sus curvas y botones. Se siente un ligero cosquilleo en el bajo vientre, la cabeza da vueltas y voilà! 100 euros más pobres.
Maravillas tecnológicas a 100
Un poco de compasión. En el entorno de ese precio se encuentran auténticas maravillas si bien de padres poco famosos.
DigitalXtation 1000, de Energy Sistem (sí, con i latina), reúne en la palma de la mano un reproductor de MP3, grabadora de voz, cámara digital de 2.1 mega píxeles y cámara de vídeo a 320×240 utilizable como webcam, 8MB de memoria interna ampliable con tarjetas SD, y una pantalla TFT de 1,6 pulgadas. Todo por 119 €.
Aunque se sale algo del presupuesto (es de esperar que no por mucho tiempo) el Inngenio, de la misma Energy Sistem, ofrece por 179 € un reproductor MP3 con pantalla en color para de fotos, radio FM, grabadora de voz, lector de libros electrónicos en formato txt, 256 MB de memoria y cuatro videojuegos.
¿Le parece interesante el iPod Shuffle, por 99 euros? Por diez euros menos puede encontrar el Blu:Sens 2013, que tiene la misma capacidad, pero una interfaz gráfica, pantalla retroiluminada, radio FM, grabación de voz y radio y lectura de etiquetas ID3. Con el ahorro puede comprar unos auriculares un poco mejores que los suministrados.
Aunque en rápido ascenso, aún son marcas que el folclore popular percibía genéricamente como “Nisu” (marca “chancho”, dirían los argentinos), y que ahora están ganando aceptación en un mercado donde el consumidor no quiere pagar el doble por lo mismo. Lo sorprendente, además, es tanto Energy Sistem como Blu:Sens son compañías españolas.
La rebelión de los OEM
El mercado de la electrónica de consumo vive una revolución, y la chispa saltó en el lejano oriente.
Los fabricantes de los países del sudeste asiático fabrican desde hace años componentes informáticos diseñados por grandes marcas, como Apple, Dell o HP. Estos fabricantes se denominan OEM (Original Equipment Manufacturer).
El OEM fabrica, por ejemplo, un lector de DVD con unos costes muy bajos. Después Apple, HP o Dell le ponen su marca, y lo venden con sus equipos. No es extraño que el mismo lector se venda bajo otras marcas a diferentes precios.
Pero desde hace algunos años los OEM están empezando a vender productos directamente al consumidor final. Por ejemplo, Panasonic fabrica y comercializa sus propios televisores de plasma, pero suministra como OEM a Toshiba, JVC y Fujitsu. El fabricante taiwanés Acer es un ejemplo de un OEM convertido en marca. Hoy gran parte de la fabricación OEM está migrando a China, donde los costes son aún más bajos.
En oriente ha surgido una nueva especie: el ODM (Original Design Manufacturer) que ya no fabrica, sino que diseña el dispositivo completo, que luego fabricará un OEM. Las empresas de tecnología en todo el mundo, incluida España, sólo necesitan comprar el diseño, contratar la fabricación y serigrafiar su marca.
La plástica del plástico
En las escuelas de negocios enseñan la curva de adopción de los productos. Los productos nacen siendo caros, y los compran unos pocos locos. Después se abaratan y los compra todo el mundo (¿o es al revés?). Por último, dejan de venderse porque hay otra cosa mejor, pero más cara, y vuelta a empezar.
Pero con la fiesta global de la electrónica, la curva de adopción se acelera. Los productos llegan mucho antes a la mítica barrera de los 100 euros. Además, los que llegan no son los mismos que hace unos meses costaban 300. Tienen un sospechoso aspecto inclusero. Es lo que ocurrió con los reproductores de DVD domésticos, que hoy se pueden encontrar por 50 euros.
Además, con este ritmo desaparece la figura de los compradores retrasados, al final de la curva. Simplemente, no tienen tiempo de comprar antes de que el producto desaparezca, que por cierto, es lo que puede ocurrir con los reproductores DVD en unos años gracias a la banda ancha.
La electrónica de consumo lo es más que nunca, en el sentido Kleenex de la palabra. De usar y tirar. Con peores calidades y tolerancias. Se avería mucho antes.
Pero antes de escandalizarse por la perfidia del fabricante, piense que el ciclo de vida del gadget, es decir, el tiempo que tarda en cansarse de él y comprarse otro, se ha reducido a menos de dos años.
Integrados
Hoy los gadgets son juguetes. Técnicamente, no hay mucha diferencia entre fabricar un reproductor MP3 o la muñeca que escupe. En realidad, si se fabrican suficientes unidades, la muñeca que escupe sale más cara. Es el poder de los OEM. ¿Pero quién hay detrás de ellos?
Los OEM no podrían existir si no fuera por sus proveedores: los fabricantes de chips. La integración en la electrónica es uno de esos enormes avances de la humanidad que pasan desapercibidos.
¿Un reproductor MP3? Los fabricantes de chips lo dan todo hecho: un chip contiene el procesador de señal, otro, la interfaz de usuario. El OEM compra todas estas piezas ya terminadas, y en su planta les añade más chips de memoria, un amplificador (otro chip), y lo envuelve todo con una caja de plástico barato pintada de plateado.
Por el contrario, las marcas establecidas como Apple o Sony tienen… mejores plásticos.
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