Nada cambia en el mercado del ADSL español. Hace cuatro años la conexión de 256 kilobits por segundo de Telefónica salía por 6.500 pesetas. Hoy cuesta 39,07 euros. La única bajada en precios la ha dado la inflación, pero resulta escasa para un sector donde los costes cada vez son menores. El precio del ancho de banda es hoy 50 veces más barato que hace 5 años para los operadores. En 1999, un megabit por segundo costaba en España 7.000 dólares al mes en los mercados mayoristas. Hoy vale 140. Pero esta enorme rebaja no se ha notado ni en los precios ni en la calidad del servicio que se da a los consumidores. El plan de Telefónica para duplicar la velocidad de las conexiones de todos sus clientes ADSL sin modificar el precio llega demasiado tarde y es demasiado tacaño.
por Ignacio Escolar
El caso español contrasta cuando se compara con el resto de los países de nuestro entorno, donde los precios y la velocidad de las conexiones han mejorado de forma imparable durante los últimos años. El ADSL más popular de nuestro vecino, Francia, es de 1024 kilobits por segundo por 29,90 euros. En Alemania, esa misma conexión cuesta 16,99 euros al mes. Y en el país más avanzado del mundo en banda ancha, Japón, se pueden contratar 45 megabits por segundo por unos 30 euros
El error del cable
¿Qué pasa en España para que la rebaja en el precio del ancho de banda no llegue a los consumidores? Que el mercado, casi un monopolio, no funciona. Cuando las telecomunicaciones españoles se abrieron a la competencia, se estableció un marco regulador que no ha resultado eficaz porque no supo adaptarse a los cambios tecnológicos. En 1995, cuando los servicios de datos empezaban a salir del gueto e Internet comenzaba a sonar, nadie daba un duro por la vieja red telefónica. Las autopistas de la información, decían, se construirían sobre nuevas redes de fibra óptica, por cable. El par de cobre de Telefónica estaba condenado a morir.
Para favorecer el nacimiento de estas nuevas redes y permitir el desarrollo de competidores, se aprobó una legislación que ataba al gigante: la moratoria del cable. Telefónica no podría construir nuevas redes de cable hasta que la competencia se hubiese desarrollado. La idea era buena, pero entonces llegó el ADSL. Esta nueva tecnología revitalizó al viejo par de cobre arrebatando toda la ventaja a los operadores de cable, que acabaron reduciendo sus inversiones en nuevas redes. Ono y AunaCable lo tienen complicado para competir cuando el viejo operador puede ofrecer casi lo mismo sin necesidad de abrir nuevas zanjas. La moratoria terminó y Telefónica no entró en el cable. Bastaba con el ADSL. En el camino, los consumidores nos quedamos casi como al principio: la red de cobre sigue siendo el gran monopolio de Telefónica.
Competencia de juguete
Con casi una sola red en manos de una única compañía, las opciones para forzar una competencia real entre operadores son pocas. Y el marco que se eligió no ha dado todo el juego que se esperaba. La normativa actual establece que Telefónica está obligada a revender, como mayorista, conexiones ADSL con un 40% de descuento sobre el precio que cobra a sus clientes. Es decir: Telefónica comercializa el ADSL más barato a 39,07 euros (las 6.500 pesetas de siempre), por lo que las otras compañías –como Tiscali, Ya.com o Wanadoo– subcontratan cada conexión a 23,4 euros.
En teoría, este sistema permite que las distintas compañías compitan por mejorar el servicio: atención al cliente, ofertas de instalación o servicios añadidos (como e-mail, espacio web…). Pero la política de contratos –que suele atar a cada usuario por un periodo de dos años con cada compañía– sólo se traduce después en competencia por los nuevos clientes. El precio y el ancho de banda, mientras tanto, no se han movido ya que Telefónica tendría que repercutir después esas mismas condiciones en sus rivales.
Para las empresas de la competencia, el marco actual desincentiva la creación de nuevas redes: el margen de 40% es lo bastante cómodo como para no invertir en infraestructuras y demasiado pequeño como para que existan verdaderas diferencias entre ellas.
Con la legislación actual, la única opción posible para la competencia pasa por invertir en nuevas máquinas para las centralitas. Ése es el camino que permite a Jazztel ofrecer 1024 kilobits por 39 euros: en lugar de subcontratar todo el servicio ADSL con Telefónica, el operador sólo paga por la línea de teléfono, por la última milla. Jazztel coloca su propia infraestructura en la centralita y mueve después los datos a través de sus propias redes. Sin embargo, este sistema permitirá beneficiarse de conexiones más baratas sólo a unos pocos, ya que sale rentable únicamente en zonas con alta densidad de población, en las centralitas con mayor número de líneas.
ADSL: dos por uno
La estrategia de Jazztel ha sido uno de los motivos que ha impulsado a Telefónica a mejorar, por fin, las condiciones de su servicio ADSL. Si la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) da su visto bueno, el operador duplicará el ancho de banda de sus clientes –y por extensión, de los mayoristas– sin subir el precio. Pero la competencia no ha sido el único motivo.
Telefónica, que está mejorando sus centralitas para el despliegue de su televisión a la carta por ADSL, Imagenio, tiene pagadas en otra partida las inversiones necesarias. Además, su oferta es un ataque preventivo antes de que la CMT, que había anunciado su intención de bajar los precios del ADSL, tome otra decisión más desagradable para su cuenta de resultados.
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