No es un buen móvil. Cualquier terminal de gama media supera con creces sus prestaciones. Tampoco es una PDA acorde a su precio, pues funciona con el sistema operativo 4.1 y equipa el viejo microprocesador Dragonball de 33 megahercios. Pese a todo, el PDA con GPRS de PalmOne es un magnífico aparato que mejora las prestaciones de un móvil más un ordenador de bolsillo: uno más uno son más que dos.
Es un mal teléfono: sólo se puede hablar con el accesorio manos libres, se cuelga al menos dos veces al día y es demasiado aparatoso como para llevarlo con comodidad en el bolsillo. Con un uso intensivo, hay que recargar la batería cada noche si no queremos quedarnos colgados al día siguiente. Tiene algunos errores de software garrafales, y no sólo por lo molesto que resulta reiniciar dos veces al día y que, cada ocho reseteos, te pierda toda la información y obligue a reinstalar desde cero–. El mayor incordio es un bug en la agenda, común en los primeros móviles: no cruza el nombre con las llamadas ni los mensajes cuando el número no incluye el prefijo internacional. La mayoría de las veces no sabes quién te llama o quién te ha mandado un SMS, aunque el nombre figure en la agenda. Tampoco es polifónico –aunque muchos consideran la ausencia de esta característica como una bendición– ni tiene cámara integrada. No es un móvil multimedia al uso.
Es una mala PDA: funciona con el viejo sistema operativo 4.1.2 –en lugar del 5– y en su interior está un chip Dragonball a 33 megahercios en vez de los modernos procesadores que monta PalmOne en sus nuevos aparatos. Es el modelo más lento de toda la gama actual de este fabricante, por debajo incluso de la Zire más barata. No sirve como reproductor de MP3. Es una buena PDA… de la pasada generación.
Sin embargo, pese a estos reproches, no me puedo separar de ella y no me arrepiento de su compra, aunque tal vez habría sido buena idea esperar a la siguiente versión, cuando PalmOne corrija las deficiencias de este modelo pionero. Y es que la Tungsten W no es un teléfono, no es una PDA. Es otra cosa. Las ventajas de unir en un solo aparato ambos cacharros dan un resultado mejor al que proporcionan por separado. Ya no hace falta montar el numerito de los infrarrojos sobre una mesa para conectarse a la Red. Y tampoco es práctico mantener dos agendas: una en la PDA, otra en el teléfono. Pese a sus deficiencias como teléfono, PalmOne sigue estando por encima de los fabricantes de móviles en la gestión de la agenda o el dietario.
Aunque la tecnología GPRS aún está lejos del ancho de banda necesario para navegar por Internet con fluidez, la Tungsten W da la talla si se tiene paciencia –la pantalla permite visualizar páginas web en html–. Pero donde este aparato da el do de pecho es en la gestión del correo electrónico. En España sólo la vende Vodafone, con distintas rebajas según su programa de puntos: desde 291 euros con 200 puntos hasta 59 con 6.000. Este operador ofrece un bono de 20 megas al mes por 30 euros que sobra para cualquier adicto al e-mail. Con esa tarifa, se puede configurar el programa de correo electrónico para que descargue los mensajes cada hora y navegar por la Red diez minutos al día –es difícil aguantar mucho más a esa velocidad– sin temor a pasarse del bono mensual.
El teclado QWERTY es robusto y muy útil. Aunque está diseñado más para ser usado como PDA que como móvil. Habría sido más práctico si, en lugar de un teclado completo, tuviese el clásico alfanumérico. Aunque también se puede utilizar la pantalla táctil –que inevitablemente acabará sucia, con las huellas dactilares más definidas que en el DNI–, resulta un poco complicado marcar teléfonos con sus minúsculos botones. Sin embargo, el teclado facilita mucho el trabajo a la hora de enviar correos electrónicos o mensajes SMS.
Problemas con Vodafone
Pero para disfrutar de las ventajas del correo electrónico en la Palm antes hay que lidiar con Vodafone España. Aunque la PDA está preparada para descargar correo de cualquier cuenta POP, el operador no permite acceder a un buzón que no sea el que ellos regalan en el dominio vodafone.es que, además, es un suplicio en su versión webmail. La única opción para mantener la vieja cuenta de correo tradicional consiste en redireccionar el mail hacia otro nuevo de vodafone.es. De esta manera se pueden descargar los mensajes tanto en el ordenador como en la agenda, pero no todo el mundo tiene una cuenta de e-mail que permita redirigir el tráfico hacia otro buzón.
Para los que desean utilizar la Tungsten W como segundo teléfono –para no ir cargado con ella cuando no vamos a utilizar todas sus prestaciones– Vodafone ofrece la posibilidad de clonar nuestra tarjeta para conservar el mismo número y la misma factura en otro terminal. Darse de alta en este servicio cuesta 12 euros, más otros 3 al mes, pero evita tener que estar cambiando el SIM. Además, esta maniobra nos puede dar algún disgusto, pues la pestaña del compartimento donde se coloca el SIM es frágil y se rompe con facilidad
La decisión de compra depende de qué se esté buscando. Si se desea un teléfono móvil para ver el correo electrónico con unas funciones mínimas de agenda electrónica, los fabricantes tradicionales del sector ofrecen modelos mucho más útiles y prácticos. Pero PalmOne, mediante su sistema de sincronía con el ordenador, sigue siendo una opción mucho más potente si no queremos renunciar a las funciones avanzadas de un PDA.
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Ficha técnica
Peso: 183 gramos
Dimensiones: 138 x 78 x 17 milímetros
Procesador: DragonBall 33 Mhz con SO Palm 4.1.2
Pantalla: 320 x 320 píxels. Color de alta resolución, táctil de 16 bits y 65.000 colores.
Memoria: 8 MB ROM / 16 MB RAM
Conector: Universal palm para USB o conexiones serie de datos
Otros: Puerto Infrarrojo, Sonidos, vibración y LED
Ranura para tarjetas SD, MMC, SDIO
Duración de la batería: Con uso intensivo de voz y datos, 36 horas.
Teclado integrado con navegador de 5 posiciones
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